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Vuelve ‘Narcos’, la serie de Netflix que mitifica el crimen organizado, la droga y la violencia

Netflix ha estrenado la tercera temporada completa de Narcos, la serie que relata las “hazañas” de los traficantes colombianos y la lucha contra ellos por parte de la DEA estadounidense.

La muerte de Pablo Escobar, histórica y por lo tanto inevitable en el desarrollo de las primeras temporadas de Narcos, no ha puesto fin a la trama de Netflix. Sus sucesores en Latinoamérica, los líderes del cartel de Cali, se convierten en protagonistas de esta tercera entrega de la saga.

La serie no aporta grandes novedades en cuanto a la narrativa de los hechos pero presenta nuevos escenarios que, en el fondo, describen la expansión del negocio de la cocaína en los años 90. La tercera temporada de Narcos abre sus fronteras y describe la relación de los narcotraficantes colombianos con México y su expansión por Estados Unidos. Ciudad Juárez y Nueva York comparten protagonismo con los habituales paisajes colombianos de Bogotá y Cali.

En esta ocasión, los agentes de la DEA estadounidenses trabajarán a contrarreloj tras el anuncio por parte de los hermanos Rodríguez Orejuela, líderes de este cartel, de poner fin a sus actividades ilícitas y entregarse a las autoridades en una rendición beneficiosa negociada con el nuevo Gobierno de Colombia. Como decimos, nada nuevo, una investigación policial que se topa con problemas como la corrupción de las fuerzas locales y los intereses geoestratégicos de Estados Unidos, un factor que se hace aún más relevante en la tercera temporada de Narcos.

El fenómeno Narcos

La figura de Pablo Escobar no necesitaba a Netflix, ya era un mito dulcificado antes de Narcos. Sin embargo, con el estreno de la serie terminó de completarse la banalización de sus actos criminales. No es extraño ver por la calle camisetas con su cara que, incluso, se completan con frases tipo como: “El rey de la coca”.

No puede decirse que la sociedad no conozca los atroces delitos que se imputan al narcotraficante de Medellín, es historia reciente y la propia serie (que no era la primera sobre su figura) no omite muchos de esos detalles: asesinatos selectivos, atentados contra la población civil, corrupción… Los hermanos Rodríguez Orejuela y el cartel de Cali no se quedaron atrás en la lista de actos sanguinarios y atroces. Obviando, por entendido, lo deleznable que supone el hecho de hacer fortuna con la droga.

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Y a pesar de todo esto, la serie sigue inspirando más atracción que desprecio por los narcotraficantes que la protagonizan. Sus macabras acciones se presentan como aventuras peligrosas a las que se enfrentan con valentía, sus conversaciones se asemejan a la de los grandes líderes mundiales y sus negocios se cierran con verdadera maestría en el arte de la retórica.

No son pocas las ocasiones en las que, un espectador de la serie, puede sentirse más alejado de los agentes estadounidenses, enfrascados en sus tensiones internas por el control de la situación, y que en ningún caso se presentan como policías limpios de toda mácula, que de los jóvenes sicarios de Cali.

El colmo de la banalización llega con las campañas de publicidad lanzadas por Netflix. Un Pablo Escobar de tamaño colosal en plena Puerta del Sol de Madrid nos desea una “blanca Navidad”. Ahora los hermanos Rodríguez Orejuela se atreven con chistes políticos y nos piden “ser fuertes” porque vuelve Narcos.

No dudo del éxito de estas campañas, no dudo de que a muchos les hará mucha gracia y les invitará a imitar el acento colombiano para advertir a sus amigos que “plata o plomo”, pero ¿dónde queda el respeto por aquellos que han sufrido en sus carnes el horror que supone el control absoluto del narcotráfico? Miles de muertos, miles de desaparecidos, miles de extorsionados…

Pablo Escobar era un asesino y un delincuente, los líderes del cartel de Cali fueron unos asesinos y unos delincuentes. Sus actos no tienen nada de épico, nada novelesco. Narcos no es una serie de ficción y sus protagonistas jamás deberían convertirse en personajes simpáticos a los que admirar por sus agallas, sus lujos y su lucha contra el poder.

Imagen de portada: Damián Alcázar, actor que da vida a Gilberto Rodríguez Orejuela, líder del cartel de Cali y protagonista de la tercera temporada de Narcos | Netflix
Escrito por

Graduado en Periodismo y Humanidades. Redactor de El Debate de Hoy. @pablo_casado

Ultimo comentario
  • ponzoñosa exaltación del crimen, reflejo de esta sociedad podrida, prostituida, hipócrita y malvada.

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