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Max Beckmann, retratos de una Alemania que grita desde el exilio

El Museo Thyssen-Bornemisza dedica una exposición al pintor alemán Max Beckmann. Una vida marcada por la guerra que consigue plasmar en el lienzo la dura realidad de la Alemania de su tiempo.

FICHA TÉCNICA

Beckmann. Figuras del exilio

Museo Thyssen-Bornemisza

Paseo del Prado, 8. Madrid

Hasta el 27 de enero de 2019

Entrada general: 12 €
Entrada reducida: 8 €

Martes a domingo, de 10 a 19 h.
Sábado, de 10 a 21 h.

Sitio web

El madrileño Museo Thyssen-Bornemisza presenta Beckmann. Figuras del exilio, una exposición monográfica sobre el pintor alemán Max Beckmann, uno de los artistas más singulares del siglo XX. Y lo hace poniendo el foco no en el conjunto de su figura, sino en uno de los temas más característicos de su pintura y su personalidad: el exilio, entendido tanto como en el sentido más puramente físico del término (abandono de la propia patria) como en uno más espiritual e íntimo.

Max Beckmann (1884-1950) vivió en uno de los momentos más complicados de la historia. Durante sus comienzos, pudo disfrutar de la explosión económica y social de la reciente nación alemana. Sin embargo, nunca comulgó con los principios de las florecientes vanguardias, ya que pensaba que todo buen arte debía basarse fuertemente en la tradición. Este enfrentamiento, especialmente con los expresionistas (la vanguardia más potente en la Alemania del momento), se prolongó durante toda su vida. Por eso, su primera etapa está muy relacionada con otros artistas alemanes de la generación anterior, como Liebermann, pero sobre todo recuerda a Cézanne, con esa obsesión por plasmar el volumen de las figuras en un lienzo bidimensional. Es un arte vitalista, que celebra las ansias de vivir propias de su juventud y las nuevas posibilidades que ofrecían las grandes ciudades. Por eso es frecuente encontrar escenas callejeras en los cuadros de esta etapa.

 

Sin embargo, toda esa alegría de vivir se truncó de golpe en 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Beckmann se alistó como voluntario, pero una crisis nerviosa durante el segundo año de guerra lo obligó a abandonar el ejército e instalarse en Fráncfort, ciudad en la que viviría hasta 1933. Allí desarrolló un arte muy marcado por la experiencia bélica, alejado de cualquier tipo de sentimentalismo y muy centrado en la objetividad. Es por eso que se le suele asociar con la Nueva Objetividad, el movimiento surgido en la Alemania de posguerra, pero, como siempre, él rechazó cualquier tipo de etiqueta. La exposición Escenas del exilio ofrece la posibilidad de contemplar la evolución experimentada por Beckmann durante esta etapa, con un interés más centrado en la plasticidad del cuadro que en la emoción de las situaciones, como se observa en el cuadro Doble retrato, Carnaval, de 1925.

Max Beckmann fue labrándose un nombre en la sociedad alemana y consiguió una posición de cierto éxito. Pero el ascenso al poder de los nazis cambió su situación. Su relación con las élites judías, así como su modernidad (que, como hemos dicho, siempre fue moderada), lo obligaron a trasladarse a Berlín ante el hecho de que los museos dejaran de exponer su obra y sus ingresos fueran decayendo. Pero, en 1937, el mismo día en que se inauguraba la exposición de “arte degenerado”, en la que se mostraban algunos de sus trabajos, cogió un tren hacia Ámsterdam para nunca más volver a su país. Pero Holanda cayó pronto, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en poder de los nazis, por lo que su exilio se vio agravado con una vida en semiclandestinidad hasta que pudo, finalmente, huir a Estados Unidos, donde viviría el resto de su vida.

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Durante su etapa berlinesa, Beckmann desarrolló un nuevo formato en su obra: el tríptico, que le permitía enlazar con el arte medieval alemán. Este cambio refleja también un giro existencial en su modo de entender la vida y el arte. A partir de este momento, su trabajo fue un intento de conectar con la realidad trascendente, de profundizar en lo visible para encontrar lo invisible. Quería tender un puente entre la realidad tangible y la Verdad que esconde detrás. Sus pinturas tuvieron siempre, desde que comenzó su exilio en Berlín, un alto componente alegórico, y en Beckmann. Escenas del exilio podemos encontrar uno de los trípticos más enigmáticos y sugerentes que realizó, El principio (1946-1949).

El exilio marcó el arte de Beckmann en muchos sentidos. Todo exiliado pierde, de alguna manera, parte de su identidad, y es esta razón la que motiva que muchos de sus cuadros exploren la temática de las máscaras, una forma de encubrir la auténtica identidad y de mostrar un disfraz diferente al mundo. Además, la ciudad, que fue siempre uno de los centros de su obra, permite al individuo esconderse y fundirse con la multitud. Por eso, en los cuadros que dedica a escenas urbanas, detrás de todas las luces, los humos y los brillos, encontramos una sensación desoladora de soledad.

En conclusión, la exposición Beckmann. Figuras del exilio es una excelente oportunidad para acercarnos a la figura de este artista tan sugerente. El Thyssen continúa en su línea de organizar exposiciones muy atractivas para el gran público, bien estructuradas y didácticas. Siempre a la sombra de su poderosísimo vecino, el Prado, es un museo siempre a reivindicar con su riquísima colección de arte, que nos ofrece la posibilidad de recorrer la historia del arte en una mañana.

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Imagen de portada: Detalle de la obra Sociedad, Paris de Max Beckmann | Museo Thyssen-Bornemisza
Escrito por

Graduado en Humanidades por la Universidad Carlos III. Crítico de Arte.

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