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“Master of None” . El actor Aziz Ansari pasa de maestro de nada a un genio en casi todo

La serie Master of None  se ha convertido en uno de los estrenos más seguidos de Netflix. Su protagonista, Aziz Ansari, da vida a un personaje inmerso en situaciones cotidianas que desprende una humanidad desbordante en su interpretación del amor y la amistad. 

En su célebre libro sobre la sitcom, Bret Mills, profesor de Estudios de Cine y Televisión de la británica Universidad de East Anglia, definió el formato como algo tradicionalmente entendido como pequeño, casi independientemente del prisma desde el que se le observase: desde un punto de vista industrial era probablemente el más humilde de los productos de ficción; desde la perspectiva de las situaciones que abordaba, cotidianas y sin reflexiones trascendentales; desde la óptica de su duración, rara vez por encima de los 25 minutos; y también desde la estética audiovisual, habitualmente encerrada en las cuatro paredes de sus interiores fijos y recurrentes.

Mills advertía, sin embargo, de que el final de las grandes sitcoms de los 80 y los 90 (Cheers, Frasier, Friends) abrió un periodo de exploración en el que, con frecuencia, se expandieron esas fronteras naturales de la comedia televisiva. Algunos de esos experimentos han jugueteado en el difuso campo del post-humor, del que muchos hablan sin que parezca quedar claro qué o cuánto cabe en ese cajón; pero otros sí que han enriquecido claramente el formato que históricamente menos ha costado y posiblemente más réditos culturales y económicos haya aportado a la televisión americana. Master of None es, con toda probabilidad, uno de sus ejemplos más notables.

Sustentado sobre el realismo de su protagonista, Dev Shav, que como su creador Aziz Ansari es actor y tiene una fabulosa verborrea cómica, Master of None, la serie de Netflix, enseguida se despega del corsé tradicional porque ni se contenta con la rutina visual habitual de las comedias de situación, ni se resigna a la duración estándar del género. De lo primero da buena cuenta el exótico arranque italiano de la segunda temporada; pero lo cierto es que a esas alturas de la serie otros muchos y variados escenarios vistos hasta el momento, y su consiguiente músculo visual al contarlos, ya han perennizado esa sensación.

Respecto a lo segundo, llama poderosamente la atención cómo en un formato tradicionalmente tan escrupuloso con su duración –siempre entre los 22 y 25 minutos sobre los que se trazaba el umbral del consumo desenfadado– a Ansari se le van con frecuencia los capítulos más allá de la media hora. No le importa, de hecho, duplicar incluso el metraje cuando la historia lo demanda, como sucede en el maravilloso noveno capítulo de la segunda y, por lo que todo hace indicar de momento, última temporada.

Amarsi Un Po, que así se llama el episodio en cuestión de Master of None, es el epítome perfecto de la comedia según Ansari: un espacio donde el espectador puede esparcirse a costa de la rapidez intelectual del cómico, pero también donde se puede hablar de cosas muy serias con carga ética de profundidad. En las poco más de diez horas que dura la serie, Ansari se significa inteligentemente contra la discriminación racial de una industria, la suya, que con frecuencia espera que las minorías raciales sigan reproduciendo los estereotipos a ellas asociados, o contra los productores con tendencia al ‘sobe’ –un carro al que no se había subido casi nadie cuando Ansari se atrevió a presentar el personaje de Chef Jeff–. Lo hace, además, invitando al espectador a ponerse en esos bretes morales y preguntarse qué haría él, confrontándolo con realidades incómodas frente a las que es más fácil mirar hacia otro lado –de hecho, se suele hacer– e interpelándolo, en suma, a cuestionarse si aquellos sitios son su zona de confort o, simplemente, un agujero donde esconder la cabeza.

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Consigue, además, Ansari el más difícil todavía de crear un personaje entrañable sin que nadie en sus cabales piense que en la vida real es imposible encontrarse con alguien así. Dev es inteligente, profundo y generoso, pero también capaz de resbalar moralmente porque quien tiene boca se equivoca y él, de hecho, no para de hablar –se diría que ahí radica mucho de su gran encanto–. Su interpretación del amor y la amistad desprende una humanidad desbordante aunque –o precisamente porque– con frecuencia la situación retratada diste mucho de ser ideal, como ocurre cuando la historia se entretiene en los choques generacionales de las familias de inmigrantes que copan buena parte del universo Master of None. Hay aquí también un excelente hilo de interculturalidad que se aleja del paternalismo y habla de integraciones que llevan décadas siéndolo y que no son traumáticas, aunque no salgan en los telediarios. Hay, en realidad, tanto y tan bueno en esta serie que el único defecto que se le ocurre a uno al hablar de ella es la humildad de Ansari al decir de su personaje (y uno sospecha que de él mismo) que es un maestro de la nada. En realidad, es un genio en casi todo.

Escrito por

Coordinador del Grado en Periodismo de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la USP CEU. Imparte docencia en los Master de Guion de la Universidad Pontificia de Salamanca y de la Universidad Rey Juan Carlos.

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