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“Postcapitalismo”: el mensaje marxista en la era digital

Postcapitalismo se presenta como una nueva tabla de salvación para el marxismo que, tras la caída de la Unión Soviética, busca recursos y herramientas para mantener vivo su mensaje. La era digital puede ser, para Mason, el nuevo comienzo.

postcapitalismo

Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro | Paul Mason| Paidós Ibérica | 432 pp | 25€

El prefijo post se aplica promiscuamente desde que Daniel Bell publicó El Advenimiento de la sociedad post industrial. También está de moda interpretar que la red inicia una nueva etapa de la humanidad, más democrática e igualitaria que da solidez a los “tiempos líquidos” y provee de sentido la “era del vacío”. Rifkin y Castells son buenos ejemplos. Postcapitalismo de Paul Mason tiene la virtud de reunir ambas premoniciones. Anuncia un “post” en el que la revolución digital, gracias a las virtudes democratizadoras de internet, llama a la izquierda a renovar al comunismo fracasado y sustituir el designio triunfante del capitalismo “neoliberal”.

Mason confía en cuatro cosas: 1, que la tecnología de la comunicación trasciende el principio básico de la economía como arte de producir bienes y maximizar la utilidad social en un escenario de recursos escasos, porque inicia una era de riqueza producida por la tecnología humana; 2, que la capacidad de transferir y obtener ilimitadamente información en tiempo real permite planificar la producción sin necesidad de determinar el valor de cambio en el mercado; 3, que el valor objetivo del trabajo aplicado a la obtención de manufacturas socialmente útiles determina el precio; 4, que la interacción de intereses egoístas en el mercado será progresivamente sustituida por procesos cooperativos en las redes digitales de los que Wikipedia es ejemplo.

El lector receloso puede pensar que, puesto a desconfiar de la capacidad de explotación de las grandes empresas, con no menos razón habría que desconfiar de que la supremacía del gobernante le llevara a gestionar los recursos del gobernado a su servicio

Figura transversalmente en el libro la presunción de que la izquierda representa la razón moral históricamente y que el egoísmo competitivo del mercado, al servicio del capitalismo productivo individualista, expresa la miseria moral de la derecha. La izquierda cuenta en exclusiva con el patrimonio de los “buenos sentimientos igualitarios”; la derecha impide la igualdad para renovar las formas de explotación. Como la izquierda sirve a un programa democratizador es inmune al abuso de poder. No pasa por su imaginación que el afán de dominio emane de la voluntad personal. Parece como si el Pot Pot, la revolución de Mao, la guillotina, las matanzas de Stalin, el Archipiélago Gulag, la Cuba de Fidel, el chavismo, nada tuvieran que ver con el afán de dominación de los hombres: son malentendidos de la planificación, extravíos izquierdistas. Si el poder de gobernar el Estado se entrega a la izquierda, se amortigua el riesgo de que sea utilizado para provecho del poderoso. Como los táleros de Kant, Mason deduce la realidad de sus ideas.

El lector receloso puede pensar que, puesto a desconfiar de la capacidad de explotación de las grandes empresas, con no menos razón habría que desconfiar de que la supremacía del gobernante le llevara a gestionar los recursos del gobernado a su servicio. La democracia liberal divide el poder político para contraponerlo, y conseguir un equilibrio que dificulte acapararlo. Pero Mason escribe como si el riesgo de servirse del Estado en provecho propio no aminora la fuerza moral de la izquierda. Es un error, desvío de un plan benefactor, cálculo defectuoso que puede ahora superarse gracias a la tecnología de la comunicación.

Postcapitalismo anuncia un “post” en el que la revolución digital, gracias a las virtudes democratizadoras de internet, llama a la izquierda a renovar al comunismo fracasado y sustituir el designio triunfante del capitalismo “neoliberal”

Este libro está llamado a alimentar las ilusiones de la nueva izquierda post marxista que, tras la caída de la Unión Soviética, busca, en las arenas movedizas y fluidas de la digitalización, un suelo donde sostenerse. Acumula erudición con un lenguaje accesible, para argumentar que la red es espontáneamente más democratizadora que el sistema de libre intercambio. Sensible a los argumentos de la escuela austriaca que predijeron la caída del comunismo por la imposibilidad de encontrar un procedimiento de asignación de precios, arguye que ese obstáculo queda superado por la capacidad de los ordenadores de procesar información ilimitada. Y halla una fórmula sencilla de aplicar que resolverá los problemillas que frustraron las ilusiones del comunismo predecesor. Basta con volver a Ricardo, sustituir el precio medido por las transacciones del mercado por el valor trabajo aplicado a su producción para determinar el valor de cambio de las manufacturas. Un cuento de hadas para camuflar a sus demonios.

Escrito por

Periodista y escritor. Profesor emérito de la USP CEU.

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