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El marqués de la Ensenada, un “Secretario de todo” que merece su reconocimiento histórico

Un libro que rescata del olvido y otorga el protagonismo necesario a la vida y la labor administrativa del marqués de la Ensenada, figura imprescindible para entender el reformismo del siglo XVIII. 

Si en la industria del cine en España se echan en falta buenos guiones, algunas biografías recientes vienen proporcionando buenos textos argumentales que pueden dar ideas para aquellos. Como el libro El marqués de la Ensenada. El Secretario de todo, del catedrático de Historia José Luis Gómez Urdiáñez, sobre la vida del riojano Zenón de Somodevilla, (1702-1781) quien, admirada su vitalidad e inteligencia por Felipe V, llegó a ocupar el importante puesto de ministro o -como se decía entonces- “Secretario de Hacienda, Marina e Indias”.

marqués de la ensenada

JOSÉ LUIS GÓMEZ URDÁÑEZ | EL MARQUÉS DE LA ENSENADA. EL SECRETARIO DE TODO | PUNTO DE VISTA EDITORES | 2017 | 346 PP | 21,90 €

El marqués de la Ensenada fue un digno representante de aquella amplia plantilla de reformistas y hombres de Estado de la Ilustración española del siglo XVIII, como sus predecesores José Patiño (1666-1736) o José Campillo (1693-1743). Dotado de una gran visión económica, se dedicó primero a la reforma y saneamiento de la Hacienda. Su objetivo era hacerla más eficaz, aumentando la recaudación para asegurar la hegemonía española sin atentar contra las bases del crecimiento a largo plazo. Mandó elaborar el famoso e importante “Catastro”, que hoy conocemos con el del título nobiliario que se le concedió, para fijar una “Contribución” única que pagarían los propietarios y, principalmente, los mayores tenedores de propiedades, empezando por la nobleza. Dicho impuesto, uno de cuyos herederos sería el actual Impuesto de Bienes Inmuebles, IBI, es el que con su simplicidad, menor posibilidad de ocultamiento y mayor capacidad recaudatoria garantiza hoy la autosuficiencia financiera de los ayuntamientos.

Aunque sus primeros años de vida son poco conocidos, sí lo es su gran capacidad de trabajo y organización, que le ayudó a acumular méritos en la Marina. Destaca su comportamiento en la conquista de Orán de 1732 y su participación en la guerra de sucesión polaca. Dotado de un encanto natural, con su buen trato y famosas tertulias, mecenazgo cultural y reuniones festivas, su influencia continuaría con altibajos durante los reinados de Fernando VI y Carlos III. En el Real Sitio de Aranjuez, ideó la llamada “escuadra del Tajo, una flotilla de falúas reales para la navegación de la Corte”, inspirado en la “música acuática” de Haendel. De hecho, en sus recorridos ribereños sitúa el autor del libro muchas de las intrigas cortesanas de la época; también las que acabaron minando su poder, enfrentado a la influencia tradicional del duque de Huéscar, Alba, y finalmente del Conde de Aranda y otros, que lo llamaban “EnSinada”.

En América reorganizó la minería, consiguiendo un fuerte incremento de los ingresos y del llamado “quinto real” y los virreinatos de Nueva España, Nueva Granada, Perú y las otras posesiones, desde el Río de la Plata a Norteamérica y Caribe. En su afán reformista, endureció las leyes que prohibían en España, desde el siglo XVI, el nomadismo “de los egipcianos” -gitanos-, “que andan vagando por nuestros reinos y señoríos…”, para que “vivan por oficios conocidos … o trabajando en obras y oficios públicos”. A tal fin, con sus Cédulas de 1745 y posteriores barajó desde establecerlos en América -Felipe II prohibió que viajaran al nuevo mundo- hasta su dispersión o reclusión. Su vitalidad lo llevó a dirigir en persona expediciones arqueológicas en Granada.

“El Secretario de todo”, como lo denominó el jesuita padre Isla, desarrolló también una inteligente red de espionaje, especialmente frente a Inglaterra y Países Bajos. Renovó la ingeniería y construcción naval, mejorando los instrumentos de navegación. Impulsó los grandes arsenales de Cádiz, Cartagena, Ferrol y todos los puertos del reino, modernizando la flota con una Armada de grandes buques. Alentó la investigación industrial e impulsó expediciones científicas con personajes como Jorge Juan o Antonio de Ulloa, el descubridor del platino, uno de los tres elementos de la tabla periódica descubiertos por españoles, como el vanadio, por Manuel del Río, o, más tarde, el wolframio, por los hermanos Elhuyar.

Imagen de portada: Detalle de la portada de El marqués de la Ensenada. El Secretario de todo | Punto de Vista Editores
Escrito por

Catedrático de Economía Aplicada. Grupo de Investigación MAPFRE-CEU San Pablo. Miembro del Consejo Editorial de El Economista y UNISCI Journal.

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