Diario de análisis, reflexión y valores   

 

“Laín. El Bastardo” . Las cruzadas como telón de fondo de una interesante aventura histórica

Con Laín. El Bastardo la editorial Edhasa celebra sus cuatro décadas dedicadas al género de la novela histórica y estrena su Premio Edhasa Narrativas Históricas. Una aventura en Tierra Santa con las cruzadas como telón de fondo.

Si hay un género narrativo al que podamos calificar de “superviviente”, ese es la novela histórica. Dos siglos de reproches procedentes de críticos y académicos, y de interminables debates acerca de los límites entre la verdad y lo verosímil, no han podido con el ímpetu de una fórmula que sigue coronando las listas de best seller año tras año, y que basa su éxito en explotar los rincones más desconocidos y, por ello, más emocionantes de nuestro pasado, permitiendo al lector no solo conocerlos, sino vivirlos.

laín. el bastardo

LAÍN. EL BASTARDO | FRANCISCO NARLA | EDHASA | 2018 | 768 PÁGS. | 24 €

Icónico, por ser buque insignia del género en español, y también superviviente, después de atravesar y dejar felizmente atrás años complicados para la editorial, el sello Narrativas Históricas Edhasa celebra este 2018 cuatro décadas dedicadas a la labor de potenciar la historia mediante la ficción. Las velas de este 40º aniversario las ha puesto el jurado del Premio Edhasa Narrativas Históricas, primera edición de un galardón con el que la editorial quiere volver a poner su atención en el género que fueron primeros en abanderar; las ha soplado y apagado Francisco Narla, comandante de línea aérea, escritor (viene de publicar en Planeta), con Laín. El Bastardo.

Pequeñas cruzadas

Decíamos que uno de los atractivos fundamentales de la novela histórica es su capacidad para acercarnos a épocas y sucesos poco conocidos o complejos con la finalidad de arrojar luz sobre sus misterios e intentar comprenderlos. En este sentido, Laín. El Bastardo presenta una muy buena situación de partida.

Primero, por su narrador, Martín Códax, de quien tenemos por seguro tres detalles biográficos y basta: fue trovador, gallego, y compuso las siete famosas cantigas de amigo del Pergamino Vindel. Curioso y enigmático personaje, responsable de transmitir la historia apoyándose en la voz omnisciente de Narla, quien combina de maravilla los tres tiempos en que transcurre el relato: el viejo Códax, ya en el ocaso de su vida; el Códax trovador al que le son transmitidos los hechos; y la narración de la gesta en sí.

Segundo, por su interesante marco contextual, en pleno siglo XIII, que busca, dentro de la apasionante, pero recurrente Edad Media, un acontecimiento no tan visitado: la cruzada del rey Teobaldo I de Navarra a Tierra Santa y su derrota. Lance menos conocido que las dos grandes cruzadas (quinta y sexta cruzadas) que la circundan, acometidas por Federico II y Luis IX, y que nos descubre la realidad de esas “pequeñas” incursiones “privadas” de nobles y reyes menores, realizadas desde el convencimiento y la fe, y desde el interés por restablecer las relaciones comerciales y la unión entre el Occidente cristiano y Oriente, marchando por propia iniciativa junto a sus hombres para defender los Santos Lugares, en una guerra interminable contra turcos selyúcidas, musulmanes, vendos y mongoles.

Narrador y trasfondo histórico son las bases que articulan una trama que tiene como epicentro los esfuerzos del bastardo Laín por encontrar a su padre, don Rodrigo Seijas, señor de San Paio, quien, tras partir como cruzado con el rey Teobaldo y ser derrotado en Tierra Santa, queda en paradero desconocido.

Grandes aventuras

Esfuerzos que se traducen en grandes aventuras, muchas, a la manera moderna de narrarlas en el género, todo evasiones, conspiraciones, escaramuzas, combates, viajes y sexo, por cierto que explícito y morboso, quizás sin necesidad. No hay rigor ni prolijidad para las circunstancias históricas, ni una mínima concesión al ensayo ni a los ritmos sosegados de la reflexión y el detalle; es un libro pensado para leerse “del tirón”, que no responderá a las exigencias de los lectores de la novela histórica más clásica, pero en el que los amantes de ese “algo más” sí encontrarán diferentes niveles de lectura y profundidad.

Está la acción trepidante, sí, pero también se hace notar la importancia del crecimiento personal del protagonista, desde su niñez hasta la edad adulta, en una suerte de bildungsroman o historia de aprendizaje. Es, en este sentido, una novela de principios, donde la preeminencia de los lazos familiares (la búsqueda del padre ausente) y los vínculos forjados a través del compañerismo y la amistad (Laín y Guy de Tarba) son impulsores constantes del relato contra el freno de las traiciones.

Deslealtades, inquinas y vilezas que, en cualquier caso, son mayoría. Cuesta encontrar un solo personaje de buen corazón al margen de los protagonistas y los animales, compañeros de viaje personificados de Laín y únicos seres que encarnan la ternura y la afabilidad en el relato. Algún estereotipo extra de bondad humana no habría estado de más, si bien, ya se sabe, el quid de buena parte de la ficción de hoy, espejo de la desconfianza de nuestros días (más que la existente en el medievo), está en sospechar de un doble rasero moral y deleitarse descubriéndolo.

“La Edad de la Penumbra” . Un libro panfletario fruto de una distorsionada visión anticristiana

Tampoco hay que perder de vista el momento histórico en el que se desarrolla la trama, marcado por la intensificación del sentimiento religioso y el belicismo de los últimos siglos de la sociedad feudal. El largo e intenso viaje de Laín nos permitirá acercarnos a las costumbres peninsulares, aproximarnos al fenómeno de la expansión económica de las ciudades marítimas de Italia septentrional y el sur de Francia, a consecuencia de las cruzadas y la pugna religiosa sostenida en el Reino de Jerusalén, zona en ebullición habitada por cristianos, judíos, turcos, musulmanes y mongoles.

Un escepticismo respetuoso

De estos últimos tendremos la ocasión de acercarnos a la secta musulmana de los hashshashin, palabra de la que procede el vocablo “asesino” y que significa, literalmente, “consumidores de hachís”, debido a la afición desmedida de estos chiíes por el estupefaciente y su habilidad para despachar selectivamente a sus enemigos por encargo. También conoceremos el estilo de vida de sus aniquiladores, los mongoles de Hulagu Kan. Por lo exótico de ambas culturas y sus costumbres, esta es, quizá, la parte histórica más interesante.

Peor paradas salen las órdenes de caballería, en particular los del Temple. Claro es que su fin estaba cerca: pronto perderían Acre, su último enclave en Tierra Santa, reforzarían sus aspiraciones a la banca (lo que siempre trae recelos) y participarían en lamentables intrigas políticas en Chipre, Francia y Roma para recuperar lo irrecuperable; su tiempo había pasado. Pero de ahí a tratarlos a todos de soldados de fortuna con oscuras intenciones… ¡ni uno solo se salva!

Para el cristianismo hay miradas de indiferencia, pero nunca descrédito o menosprecio. Esto último es de agradecer en un género en el que la Edad Media parece otorgar carta blanca a los escritores para ridiculizar a la Iglesia, mitificar sus ritos y tachar a sus fieles de supersticiosos, alimentando la famosa “leyenda negra” y creando una comprensión del hecho religioso extemporáneo. Francisco Narla practica un escepticismo en tono respetuoso que permite salvaguardar el argumento y disfrutar sin sobresaltos históricos de esta gesta de aventuras con la que Edhasa vuelve a apostar fuerte por el género.

Imagen de portada: Detalle de la cubierta de Laín. El Bastardo | EDHASA
Escrito por

Director de eldebatedehoy.es, doctor en Comunicación Social y profesor de la CEU USP

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons