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La decadencia de Occidente, cien años después . Un libro que nos advirtió del colapso

Se cumplen cien años desde la publicación en 1918 del primer volumen del libro La Decadencia de Occidente, de Oswald Spengler. El segundo volumen se editó cinco años después, en 1923. En esta obra se planteó por primera vez la idea de que nuestra afamada civilización occidental se acerca al ocaso. ¿Qué se puede decir al respecto un siglo después?

La decadencia de Occidente

Portada de 1918

Portada de 2014

la decadencia de occidente

La decadencia de Occidente | Oswald Spengler | Editorial Austral | 624 págs | 12,95€ | eBook: 2,99€

El gran historiador del siglo XX Arnold J. Toynbee coincidió con Oswald Spengler en su idea fundamental, aunque no en los detalles. Para Toynbee, la civilización Occidental entró en colapso en el siglo XX, cuando las dos guerras mundiales mostraron su incapacidad para seguir enfrentándose a nuevos desafíos. Claro es que, para Toynbee, el colapso de una civilización no significa su desaparición, ni siquiera la preludia. Todavía tendríamos por delante –según él- unos cuantos siglos de lo que Toynbee llama Imperio Universal, ligados, eso sí, a cierto estancamiento cultural. La Decadencia de Occidente

Lo primero que tenemos que reconocer es que, si Spengler logró detectar la decadencia de nuestra civilización, eso significa que dicha decadencia había empezado mucho antes. Los movimientos evolutivos, tanto los biológicos como los culturales, son imperceptibles al principio. Cuando se hacen visibles, están ya muy avanzados en su desarrollo.

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En el artículo de mi blog “El mito de la Ilustración” explico que en la primera mitad del siglo XVIII se produjo en todo Occidente un descenso cultural importante, un bajón en los avances científicos, literarios y artísticos de los dos siglos anteriores. Señalé también que una de las figuras supuestamente importantes de esta época (llamada por quienes la vivieron con el pomposo nombre de Ilustración) fue el filósofo inglés David Hume, padre del escepticismo. Sus teorías filosóficas, basadas en la negación de la posibilidad del conocimiento de la verdad, pueden considerarse responsables de la decadencia fulminante que experimentó la filosofía a partir de mediados del siglo XIX, que se ha extendido a la ciencia desde mediados del siglo XX.

La decadencia de Occidente ha alcanzado hoy un estado muy avanzado, muy superior al que tenía en tiempos de Spengler. Si hacia 1920 las artes plásticas occidentales se estaban disolviendo en un conglomerado de ‘ismos’, con un número de escuelas artísticas casi igual al de practicantes, la música occidental puede considerarse prácticamente muerta desde hace medio siglo. Incluso el cine, la más moderna de las artes, propia en exclusiva de nuestra civilización, después de una corta época de oro que abarcó poco más de un cuarto de siglo, entró en colapso hacia 1965. A partir de esa fecha, el cine ha perdido originalidad y se apoya casi en exclusiva en remakes de éxitos anteriores, sagas galácticas y adaptaciones de obras literarias, modernas o antiguas.

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¿Qué podemos decir de la ciencia? En artículos anteriores he mencionado que está perdiendo muy deprisa el contacto con la realidad. La física, la reina de las ciencias experimentales, está en franca decadencia. Cuando esta corriente alcance a la biología, la ciencia que más ha avanzado durante el siglo XX, todo el desarrollo científico de nuestra civilización habrá llegado a su fin. Algunos datos cuantitativos proporcionan indicios significativos de que esta tendencia es real, de que no se trata de simples prejuicios pesimistas.

En un libro reciente (Evolución biológica y cultural en la historia de la vida y del hombre) he tratado de detectar la causa de la decadencia. Creo que hay razones suficientes para afirmar que nuestra decadencia es paralela con el auge del ateísmo, que empezó con la Ilustración, se extendió a la filosofía en el siglo XIX, provocando la muerte de esta disciplina (al menos, eso afirmó Karl Marx en los Manuscritos) y desde mediados del siglo XX ha invadido la sociedad entera.

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La ciencia básica, menos contaminada por esta tendencia, pues no tiene nada que decir en cuestiones religiosas, ha permanecido alejada de la decadencia durante más tiempo, pero la invasión por el ateísmo del entorno social amenaza con poner punto final a su desarrollo. Solo la ciencia aplicada (es decir, la tecnología) mantiene aún la inercia de su avance en los siglos anteriores.

En resumen: La decadencia de Occidente, señalada por Spengler hace un siglo en un libro que provocó una fuerte polémica, es hoy indiscutible. Solo nos queda la duda de cuánto tiempo podremos mantenernos en esta situación.

Escrito por

Doctor Ingeniero de Telecomunicaciones y Catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid. Premio Lazarillo en 1988 y Premio La Brújula en 2012. Autor de novelas como "Mano escondida" o "La aventura de Sir Karel de Nortumbria" y el diccionario de Espasa "1000 grandes científicos".

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