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Kiko Argüello. “Anotaciones” a un Camino

Kiko Argüello, fundador de el Camino Neocatecumenal, presenta una obra que bien puede considerarse como las notas a pie de página a 26 años de vida. Apuntes que van desde la oración profunda al comentario espontaneo sobre su tiempo y su entorno.

El Camino Neocatecumenal es una de las realidades más importantes de la Iglesia postconciliar. Surgida a finales de los años 60 en el marginal barrio de Palomeras, en Madrid, hoy está presente en los cinco continentes dando forma a un movimiento que cuenta con más de 16.000 comunidades, cerca de 1.500 seminaristas y decenas de misioneros enviados por todo el mundo a evangelizar.

Kiko Argüello

Kiko Argüello | Anotaciones (1988-2014) | Biblioteca de Autores Cristianos | 2016 | 276 pp | 19,23 €

A la cabeza de El Camino, Kiko Argüello. Un hombre que, después de muchos años, permite la publicación de sus apuntes. Porque Anotaciones (1988-2014) no es más que una invitación a leer las notas que el creador de este itinerario ha ido escribiendo a lo largo de 26 años de caminar.

Quien busque en sus páginas una autobiografía de Kiko Argüello no la encontrará. Sin embargo, descubrirá a base de pinceladas un retrato íntimo del autor. Una imagen que va más allá de la sucesión de días y eventos; un borroso dibujo repleto de oraciones, reflexiones, notas al pie de página e incluso matices que bien podrían quedar reflejados en un diario.

El lector puede descubrir al hombre que teme, que se enfada, que reza y que ante las dudas confía en Dios. Kiko Argüello en la intimidad de su pensamiento

A través de esas pinceladas se puede descubrir la fe de Kiko, las bases de su oración. Nota a nota el lector reconocerá pronto un leitmotiv, el de la humildad. Este concepto, esta actitud ante la vida, se antoja como la clave de la oración para este autor que, a lo largo de esos más de 25 años, expande el concepto hasta el extremo para concluir en una sentencia: “¿Qué es la humildad? La verdad”.

El otro pilar de la oración de Kiko es la obediencia. El cumplimiento confiado de la voluntad de Dios, un camino que solo puede recorrerse liberado de las alforjas de lo mundano. Otro apunte, otra sentencia: “Hazte esclavo y serás libre”.

Kiko Argüello

Icono de la Virgen María realizado por Kiko Argüello

Pese a que no estamos ante una orientación carismática de El Camino, Anotaciones nos presenta, apenas como un boceto, alguno de los elementos esenciales de este itinerario de formación católica. Pasados 20 años desde sus primeros pasos, Kiko escribe sobre el carácter misionero y evangelizador que deben de tener los “hermanos”, el proceso de aprendizaje en busca del discernimiento y, sobre todo, como este camino debe realizarse en comunidad, un lugar que se convierte en “escuela de amor en el que reconocer a Cristo en el otro”.

Del mismo modo que Anotaciones no contiene la esencia de El Camino, tampoco cuenta su historia. Pero, como si de un cuadro impresionista se tratara, Kiko comenta en sus páginas los orígenes en Palomeras, entre drogadictos y mendigos, las primeras comunidades, la expansión por el mundo, las dudas en el seno de la Iglesia, la acogida por parte de Juan Pablo II, el reconocimiento de los estatutos en 2002 y la definitiva aprobación en 2008, hasta llegar, como aportaciones de última hora antes de la impresión del libro, a la muerte de Carmen, cofundadora de El Camino, en julio de 2016.

El hombre tras el fundador

Al margen de todo esto, lo más llamativo y reseñable del libro es el descubrimiento que el lector puede realizar del Kiko más humano. Un hombre que se reconoce a sí mismo como pecador e indigno de la tarea que lleva a cabo llegando a calificarse de “siervo inútil”.

El hombre que, en el reposo tras la vorágine que implica su posición, no tiene reparos en dejar por escrito sus miedos, sus temores y sus profundas crisis de fe. Aferrado en todas ellas a la oración y apelando a la misericordia divina. En algunos pasajes el estilo de Kiko se acerca a la mística teresiana, al “muero porque no muero”.

La humildad y la obediencia se muestran en Anotaciones como la base del pensamiento religioso del fundador de El Camino. La comunidad como escuela de amor

Una persona que, como todas, se enfada y discute con Carmen, mujer que considera imprescindible en su camino pero que, en ocasiones, le cuesta soportar. Y un ser humano que se duele ante los ataques de sus críticos y que focaliza en 2004, cuando sus pinturas en la Catedral de La Almudena se convierten en pretexto para tildarlo de “pintamos santurrón” y acusarlo de favorecer la “superchería”.

Como bien explica el cardenal Ricardo Blázquez en la presentación de la obra, las diferentes piezas que lo forman, no siendo un hilo argumental y pudiendo ser leídas sin conexión ni orden, forman un maravilloso ejemplo de camino cristiano que puede servir para la reflexión, la meditación y, por supuesto, la oración.

Escrito por

Graduado en Periodismo y Humanidades. Redactor de El Debate de Hoy. @pablo_casado

Ultimo comentario
  • ¿De dónde viene esa excesiva estimación de la humildad que hay en esta sociedad en la que contrasta tanto con los países anglosajones que la consideran como una gran debilidad de gentes mediocres? En un país como este, dominado tantos siglos de intolerancia y falta de respeto con el débil, gobernado por la inquisición en el que quemaban en la hoguera al que abría la boca para decir lo que fuera que estuviera en contra del orden establecido. O durante la dictadura anterior a la democracia, en el que lema para medrar y triunfar, era no te muevas mucho que de lo contrario no sales en la foto, o no saques demasiado la cabeza por encima de la multitud que te la cortan en el acto y te creas multitud de enemigos por todos los sitios… Si no eras de la casta, claro está.
    La humildad se utiliza como una estrategia de supervivencia, ser reservado a la fuerza para poder sobrevivir en un mundo de falsedad y mentiras, lleno de ignorantes, estúpidos y envidiosos. Es una mentalidad de no reconocer ni decir nunca cuales son tus bazas, ni tampoco exponer a quien conoces ni cuales son tus contactos, y de esa forma escalar en la pirámide social, a la chita callando, sin que nadie sepa de donde vienes ni adonde vas. Y en consecuencia esta forma de actuar hace que todos bajen la cabeza, y se minusvaloren y se hagan de menos ante los demás, por miedo a morirse de hambre, porque no les den nada si dicen lo que valen o son, ya que en este sistema dependemos de lo que opinen los demás para poder sobrevivir, y es ese prestigio lo que nos puede permitir llegar a conquistar la felicidad al no ser el objetivo de la diana de nadie.
    Aquí el que demuestra lo que vale si es un desgraciado que no tiene nada, le consideran un fantasma que quiere sobresalir y estar por encima de los demás, y se las está dando de algo que no es, fanfarroneando. Por decir que eres un sabio irónicamente, ya no eres humilde jajaja y te etiquetan de presuntuoso.Y así únicamente se valora a aquellos que están en el puro anonimato y que no salen en los medios ni en los periódicos, y detentan grandes fortunas, la mayoría de ellos hereditarias, y en consecuencia se les considera mentes y personas superiores. Sus estrategias son justamente no darse a conocer porque no les hace falta, ya que lo tiene todo de cuna, y no necesitan ser reconocidas ni valoradas para cubrir sus necesidades afectivas y sexuales, y de poder porque ya lo poseen, ni enseñarse públicamente ante desconocidos para que les permitan atraer a una compañía que les ame y evitar estar en la soledad permanente.
    Esa falsa humildad que nos han metido en la sesera desde niños, y que en determinadas circunstancias puede ser nociva para nuestras aspiraciones en la vida y lograr lo que deseamos, nos limita avanzar. Consiste a veces que como nos han educado en que no debemos pregonar nuestros talentos y virtudes, con la convicción de que si somos altaneros y aireamos nuestras cualidades, nos inhabilita a nosotros mismos poder difundir en lo que realmente somos buenos cuando necesitamos realizarlo, incluso podemos convertirnos en apocados y de esa forma no atrevernos a defender nuestras aptitudes, lo que nos coarta de sobremanera para conseguir nuestros objetivos.
    Es como si la humildad fuera exclusivamente patrimonio de ricos, es muy fácil ser humilde así estando forrado hasta las cachas, y no hablar nunca de uno mismo ni de la vida privada. Una actitud de presumir en los pobres, es como si se viera de locos y de personas que quieren ser lo que no les corresponde por no ser discretos, al considerarles arribistas. Si alguien destaca lo tiene que ocultar, porque si no se lo comen vivo por los pies. Por eso nadie se atreve a decir que es el mejor en algo, ya que con seguridad van a por él y le machacan y le desprestigian y luego no le dan trabajo, ni nada. Uno puede decir que es muy bueno pero jamás decirlo en público, y debe expresar siempre que ha sido por suerte, por ayuda de otros, por trabajo continuado o por accidente de la vida.
    Tener la seguridad suficiente para venderse a uno mismo con fuerza y valentía no significa necesariamente ser un canta mañanas arrogante que no es humilde y que quiere presumir haciendo el pedante en todo momento, ni tampoco es exagerar la valía que uno posee. Mostrar lo que uno sabe hacer y pregonarlo sin menospreciar a nadie, además de una obligación, es lo más honesto, sincero y auténtico que existe.
    La humildad es una virtud que es todo lo contrario al idealismo y la fantasía, a la ilusión imaginativa de ser o tener, es vivir en la realidad que es la que nos puede permitir llegar a ver la verdad. Y sobre todo para saber donde uno está y su posición ante la vida. Consiste ser humilde fundamentalmente en tener la conciencia de nuestros impedimentos sociales y nuestras incapacidades físicas y mentales, para afrontar los problemas de forma adecuada, para luego actuar de acuerdo con tales carencias. Como un respeto hacia los demás, es una actitud inteligente ante la vida. La humildad es el conocimiento de nosotros mismos en relación con el mundo que nos roda. Una persona humilde generalmente ha de ser sencilla en su forma de vivir, sin fingir ni aparentar lujos ni boatos, es decir austera, y debe vivir además siempre sin mayores pretensiones que el camino del conocimiento de la verdad, sin contradicciones entre su forma de actuar y sus pensamientos. Tiene que ser alguien que no se crea superior y más que los demás por mucho que sepa y tenga. Por eso la humildad es todo lo contrario que la estupidez.
    La falta de humildad hace que creamos que el dinero, las cosas de lujo que podamos adquirir con él sean las más esenciales de nuestras vida porque nos dan comodidades y nos quitan problemas para no tener que aguantar lo que no queremos, pero en realidad lo que de veras precisamos es tener algo y alguien con quien ilusionarnos, que nos ofrezca pasión y emocionarnos para hacernos vivir la vida más intensamente.
    La persona humilde de verdad, está al acecho siempre de aprender de las experiencias propias y las ajenas, y tiene un comportamiento en el que todas las posibilidades están abiertas para aprender cada vez más. Con la modestia para conseguir que las ganas de expresar lo que se piense se modere para mantener las propias acciones dentro las limitaciones de cada uno. En su entendimiento más extenso, se considera que el camino de la sabiduría es ilimitado y no tiene fin, por lo que nunca se debe de tener la oportunidad de presumir de nada ante los demás, solamente cuando se va a escribir la verdad, aunque los demás lo puedan confundir con la vanidad y la arrogancia. La humildad está basada en la conciencia de nuestra imperfección, de nuestra falibilidad a la hora de cometer errores que nos permitan aprender de ellos, que es la base de nuestras posteriores crecimientos personales y mejoramientos ulteriores. Mientras que el estúpido fuertemente vanidoso pierde su tiempo criticando o intentando impresionar a los demás, el que es humilde sigue su camino sin desviarse independientemente de lo que piensen otros, sin miedo a tener que recurrir a la ayuda o a la orientación de quienes están más avanzados en conocimiento y preparación. Ser humilde es ser valiente para que desde la decisión y el coraje evitar que desaparezcan miedos inducidos por el sistema y por las normas sociales establecidas para enfrentarse con la sociedad si es preciso para que todo cambie para mejor.
    La modestia y humildad excesivas, en este mundo tan competitivo, no son una virtud, sino un terrible defecto. La falta absoluta de humildad y la arrogancia en su peor sentido, es también nefasta. Para ser alguien, primero hay que creérselo de que vales y luego encaminarte con empeño, a conseguir un objetivo. Entre los extremos de humildad excesiva y carencia de toda humildad, hay una gama infinita de actitudes y matices, de grises, nada es negro azabache ni blanco nuclear, que son las actitudes que se deben de tener en función del momento. No se puede ser siempre igual, hay que variar el comportamiento de acuerdo con las eventualidades. Cuando alguien a partir de su enorme talento, de sus capacidades innatas, de sus inteligencias variadas para diferentes cosas, se destaca sobre los demás en la vida social, en su profesión, en los negocios, puede tener un perfil bajo o alto de autoestima y valoración ajena, según su personalidad y dependiendo de las circunstancias. Lo que sí percibo, es que hay una gradación en la percepción que tiene el otro de la persona talentosa que suele ser variable también en función de su estado de ánimo. Lo que piensan otros de nosotros no es siempre lo mismo, a no ser que no hagamos nada para evitarlo.
    Ser humilde es ser consciente de los propios errores y las limitaciones que se tienen, como medio para progresar, porque creérselo es paralizarse a uno mismo, pero eso no significa rebajarse ni minusvalorarse para con ello vanagloriarse de poseer humildad ante los demás porque eso sería un acto de vanidad enmascarada.
    La humildad es aceptar las cosas tal y como están cuando no se pueden cambiar y no dependen de ti, dejando marchar lo que no es para ti porque todo cumple un ciclo que empieza y acaba como las personas, y por último dirigirse a lo que queda por llegar con la mejor disposición de ánimo.
    ARTURO KORTAZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA ©

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