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“Lazzaro feliz”. Belleza estética para elogiar la mirada inocente

Lazzaro feliz avanza entre el documental, el cine social y el neorrealismo. Un canto a la inocencia y la amistad que no pierde fuerza en su crítica a una sociedad que esclaviza a los “descartados”.

FICHA TÉCNICA

Lazzaro feliz

Lazzaro felice

★★★★

Dirección: Alice Rohrwacher

Reparto: Adriano Tardiolo, Agnese Graziani, Luca Chikovani, Alba Rohrwacher, Sergi López, Natalino Balasso, Tommaso Ragno

Italia

2018

Duración: 125 minutos

Drama

Sitio web

Lazzaro es un joven campesino, tan bueno como retraído, que trabaja a las órdenes de la Marquesa De Luna en el cortijo La Inviolata. El primogénito de la Marquesa, Tancredi, un joven arrogante y hastiado de su superflua vida y de la impostada vida de su madre, comienza una amistad con Lazzaro que le va a brindar una lealtad sin límites. El día que Lazzaro sufre un accidente en un barranco ocurrirá algo portentoso que cambiará su vida para siempre. La película ya ha obtenido de momento la palma al Mejor Guion en el Festival de Cannes, el premio Especial del Jurado en el Festival de Sitges y el premio a la Mejor Película en el Festival de Jerusalén.

Sorprendente película que arranca casi como cine documental, se convierte en seguida en cine social para ir adquiriendo intriga y desembocar en cine fantástico con elementos surrealistas y de realismo mágico. En realidad, todo este cóctel genérico forma parte de un hermoso cuento para adultos en el que bajo una apariencia naif se ofrece un teatro del mundo desde una aguda perspectiva crítica. Algo así ocurría con Milagro en Milán de Vittorio de Sica (1948), película con la que tiene evidentes paralelismos, empezando por aquel Totó, chaval puro e inocente tocado por la Gracia, como un ángel de carne y hueso. Lo mismo sucede con Lazzaro: un joven incapaz del mal, servicial, obediente y desconocedor del reproche. Pero es que el final de Lazzaro feliz, con esa elevación al plano religioso a través del milagro de la música celestial de órgano, evoca ese final también religioso de Milagro en Milán, ciudad cuyos suburbios, por cierto, son los mismos en los que se desarrolla la película de Alice Rohrwacher. También podemos encontrar paralelismos con otra película de De Sica, Ladrón de bicicletas (1951), en la que se retrata el mundo de los desfavorecidos, la injusticia de un sistema en la que los pobres se ven impelidos a pervertirse.

Una película llena de referentes

Pero no acaban aquí los referentes al mejor cine neorrealista y a sus epígonos. Porque toda la primera parte parece sacada de El árbol de los zuecos, de Ermanno Olmi (1978), en la forma de contar con aire documental la vida de los paupérrimos campesinos, interpretados por auténticos paisanos, al estilo del Pasolini del Evangelio según San Mateo (1964). Pero es que la parte final del filme entronca de forma muy natural con el último Olmi, el de Il villaggio di cartone (2011), y su preocupación por los “descartados”. Y sin forzar demasiado las cosas, el ambiente de injusticia y explotación de los señores y capataz sobre los pobres campesinos, recuerda al que pintó Bernardo Bertolucci en Novecento (1976). En definitiva, Lazzaro feliz es un compendio del mejor cine italiano emparentado con el neorrealismo, y con el mejor cine europeo heredero del mismo, ya que se pueden encontrar ecos de BuñuelLos olvidados (1950)-, Kaurismaki e incluso algunos planos nos llevan a El espíritu de la colmena de Víctor Erice (1973).

https://twitter.com/FilmsVertigo/status/1057672266501316608

En un mundo que se desploma como civilización, la directora italiana Alice Rohrwacher nos ofrece en este su tercer largometraje una reivindicación de la evangélica pobreza de espíritu, un elogio de la mirada pura ya perdida, un canto a la inocencia original. Lazzaro es, según la categoría acuñada por Peio Sánchez, una figura “crística”, el cordero inocente acechado por los lobos de nuestra sociedad. Pero la película no es ingenua como su protagonista, ya que propone una mirada muy dura y crítica sobre una sociedad en la que pervive la esclavitud, en la que los “descartes” son cada vez más inhumanos. Pero Rohrwacher no se queda ahí, exalta la dignidad del pobre, la hidalguía del pícaro buscavidas que solo trata de sobrevivir y llevar un mendrugo de pan a la mesa de su familia. Además la película, de soslayo, es también un bello cuento sobre la amistad pura y gratuita, la familia y no faltan hermosos momentos de religiosidad.

La puesta en escena nos lleva a esos tiempos citados del neorrealismo italiano, con un tempo que huye de las prisas, con un protagonismo de los paisajes rurales y urbanos, del paso de las estaciones fotografiados por Hélène Louvart. Alice Rohrwacher nos ofrece unos cuidados primeros planos y sobre todo consigue que de sus escenas emane un encanto contagioso e intangible. Impecable la interpretación de Adriano Tardiolo, y no olvidemos citar a nuestro Sergi López en un breve pero significativo papel. Película inolvidable.

Imagen de portada: Fotograma de Lazzaro feliz | Vértigo Films
Escrito por

Director de Cine de la Conferencia Episcopal Española y crítico cinematográfico en medios como 13Tv, Cadena Cope y el semanal Alfa&Omega.

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