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“Las trincheras de la esperanza”. Un grito de humanidad en medio de tanta violencia

Las trincheras de la esperanza es una obra con grandes destellos de humanidad que muestra la bondad de la persona, incluso en situaciones de injusticia y terror, mediante el testimonio de quien vive de cerca el conflicto afgano.

El reconocido autor de En la oscuridad (Península, 2017), Antonio Pampliega, vuelve con otro testimonio arrollador: el de Alberto Cairo, un voluntario italiano de Cruz Roja que lleva 28 años trabajando en Afganistán. Esto debería bastar para sobrecoger nuestro ánimo. Sí, Afganistán. Esa tierra que ningún imperio ha conseguido ocupar por mucho tiempo. Todos, desde los potentes ejércitos de los persas aqueménidas hasta los prepotentes ejércitos norteamericanos, pasando por macedonios, mongoles, británicos y soviéticos, vivieron verdaderos infiernos en las montañas afganas. Muchos de aquellos, incluso, dejaron testimonio escrito de ello. Pero también ese Afganistán que lleva casi 30 años automutilándose y en constante guerra civil y religiosa. Oficialmente, la guerra ya acabó. Pero, de facto, la violencia sigue a pie de calle.

LAS TRINCHERAS DE LA ESPERANZA | ANTONIO PAMPLIEGA | EDICIONES PENÍNSULA | 2018 | 328 PÁGINAS | 17.95€ | EBOOK 10.99€

Así lo atestigua Alberto Cairo, el fisioterapeuta italiano que dejó muy claro al autor que de ninguna manera sería él el protagonista de este libro, pese a que lo sea. Pues no es cosa menor que Cairo lleve en Kabul, la capital afgana, desde 1990. Eso es, fuera de toda duda, una heroicidad. Los extranjeros, y así lo subrayan tanto Cairo como Pampliega (cuyo viaje para realizar las entrevistas que conforman este libro no fue el primero), no son bien vistos ni bien recibidos. Sin embargo, Cairo ha hecho que los lugareños cambien esa perspectiva. Alberto Cairo es el extranjero que todos quieren en Kabul. Nada tiene que ver con las represivas tropas estadounidenses o soviéticas, ni con las intermitentes ONG que, cuando la cosa se pone difícil, desaparecen. Alberto Cairo solo quiere ayudar. Con una incansable labor, ha dedicado los últimos 28 años de su vida (en ocasiones, por su propia cuenta y riesgo) a proporcionar prótesis y terapias a todos aquellos que se han acercado a la clínica ortopédica de Cruz Roja que regenta en Kabul: personas con las vidas amputadas junto a una pierna, o las dos.

‘Lo que quieren los yihadistas es cambiar nuestro modus vivendi a través del miedo’

“Espera un momento. ¿Estás diciendo que sacrifiqué mi vida por estar en Afganistán? Si es así, estás equivocado. He pasado parte de mi vida aquí, sí. Pero en absoluto ha sido un sacrificio”. Así responde el fisioterapeuta italiano a la pregunta de Pampliega de qué lo ha llevado a sacrificar su vida en Afganistán. Además, Cairo le exige al autor, quien lo narra muy vívidamente, que él no debe ser el protagonista del libro, deben ser los afganos: “Los protagonistas son ellos. Los afganos. Así que en ningún caso escribirás un libro sobre mí. Mi vida no es importante. No soy protagonista de nada”.

Y, como lo prometido es deuda, Antonio Pampliega estructura el libro como un mosaico en el que cada historia es una tesela, policromada en un cincuenta por ciento de desgracia y en otro cincuenta por ciento de esperanza, teniendo como argamasa a Alberto Cairo y el centro ortopédico de Cruz Roja. Los perfiles de los afganos entrevistados por Pampliega son variopintos: exmilitares, civiles, hombres y mujeres, niños, distintas etnias… Eso sí, todos son de muy humilde extracción social. No hay ningún rico entre ellos. Parece que a aquellos las minas antipersona no les afectan. Es difícil, claro, si no van a la guerra. Los antiguos muyahidines y exmilitares del Gobierno prosoviético de Najibulá, tratados y rehabilitados por Alberto Cairo, procedían del pueblo llano; no así sus jefes.

De la misma manera, en los años noventa, las familias de los señores de la guerra tampoco estaban entre las víctimas. Y, en la actualidad, los talibanes apenas hacen distinción alguna a la hora de inmolarse en un mercado, una mezquita o una plaza. Eso sí, en cada historia se le hace a uno un nudo en el estómago, pues empatizar con los testimonios que recoge Pampliega es duro y muy difícil. Pero es la realidad. Afganistán sigue siendo “territorio hostil”, pese a que todos los días el resumen de muertos en un atentado suicida en Kabul no ocupe más de dos minutos en la segunda edición del telediario.

Pero en cada una de las historias, y eso es, sin duda, lo mejor del libro, encontramos resquicios de esperanza que asoman al final, y unas buenas dosis de superación y ganas de vivir. Esta obra conmovedora y enormemente humana nos pone los pies en la tierra, una tierra que clama a causa de la injusticia del hombre, y pone de manifiesto que, incluso en el horror, la bondad de un hombre puede cambiar la vida de muchos.

Imagen de portada: Detalle de la cubierta de Las trincheras de la esperanza | Ediciones Península
Escrito por

Graduado en Historia por la USP CEU y máster en Historia Antigua por la UCM-UAM.

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