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“La imaginación conservadora”. Grandes ideas de la historia para recuperar el sentido de presente

La imaginación conservadora apuesta por recuperar ideas y autores de nuestra historia para dar forma a un conservadurismo del siglo XXI que revalorice el sentido político del presente.

“Se puede ser conservador de muchas maneras, pero no se es conservador, de ninguna manera, sin una educación de la mirada y del sentido del agradecimiento que nos permitan ver en nosotros los múltiples motivos que tenemos para sentirnos satisfechos de lo nuestro”. Así escribe Gregorio Luri en La imaginación conservadora, un libro de reciente aparición destinado a marcar un punto de inflexión en el pensamiento español.

la imaginación conservadora portada

LA IMAGINACIÓN CONSERVADORA | GREGORIO LURI | ARIEL | 2019 | 344 PÁGS. | 17,90€ | EBOOK: 9,99€

El título, cuando me lo comentó hace unos meses, me pareció desafortunado y equívoco porque, a mi juicio, la palabra “conservador” estaba repleta de connotaciones negativas y era demasiado fácil vincularlo al reaccionarismo. He de reconocer aquí que yo estaba en un error y que la gran repercusión que está teniendo el libro cuando no lleva publicado ni un mes así lo demuestra.

Quizás sea cierto que hace falta recordar que para construir hay que conservar y que el término “conservador” es el que mejor lo expresa. En España hay muchos autores conservadores a los que acudir para nutrir nuestra imaginación y que nos ayuden a comprender que para “encontrar lo bueno en lo nuevo, amar es más importante que comprender”.

La imaginación conservadora es un recorrido por algunas ideas y autores de nuestra historia, viejos conocidos y grandes ignorados que pueden ayudarnos a “articular el conservadurismo posible y necesario para el siglo XXI”.

Un conservadurismo para el siglo XXI

¿Por qué, entonces, es necesario recuperar un conservadurismo para el siglo XXI? Sencillamente porque una de las características de nuestra época es que hemos perdido el sentido del presente y, con él, del pasado y del futuro. Al menos en política somos o reaccionarios o revolucionarios, o asomados al pasado o al futuro, viviendo de “nostalgias inalcanzables o de esperanzas ciegas”. Los bárbaros, dice Luri, son los que no saben vivir en el presente.

¿Cómo recuperar el presente que, estrictamente hablando, es el ámbito propio de la acción política? Son varios los caminos que nos indica Luri. Una de sus propuestas es recuperar la prudencia como virtud política. ¿Qué es la prudencia? “Es el arte que permite captar el brillo de lo nuevo y lo bueno en las cosas que no son cien por cien ni nuevas ni buenas”.

Aplicado a nuestra época, Romano Guardini decía que la actitud que nos correspondía era construir un nuevo barco con los restos del naufragio. Saber apreciar lo bueno de lo que ya ha pasado, y saber utilizarlo para poder seguir viviendo con un rumbo o, como también dice Jaime Balmes: “¿Queréis evitar revoluciones? Haced evoluciones”. Esta tensión entre lo nuevo y lo viejo es una de las claves de la inteligencia política que, no obstante, no supone un ejercicio individualista de la razón.

El animal político

El hombre es un animal político que vive de gestos, ritos e instituciones comunes que dan a nuestra naturaleza bruta un sentido y una orientación. “El conservador, dice Luri, sabe que sin la música común la confianza mutua se resquebraja, los lazos morales entre individuos se debilitan y se diluye la diferencia entre lo nuestro y lo ajeno”. Es legítimo reivindicar lugares de pertenencia, de recuerdos comunes, de hábitos compartidos y de tradiciones, lo cual no es incompatible con una apertura al mundo y a la diversidad. Sin Penélopes no hay Ulises. Sin hogar no hay mundo, sin pasado no hay futuro, y sin patria no hay política.

Estas son las tensiones irresolubles del animal político que obedecen a la “naturaleza anfibia del animal político”, mitad interior, mitad exterior, mitad particular, mitad universal, con vocación de planta y de ave, mirando atrás y hacia delante como águila bicéfala. El animal político puede desquiciarse si se sale del umbral de lo político, que es ese espacio “intermedio entre su individualidad y el Estado”. El conjunto de imágenes colectivas, el lenguaje, los mitos y la historia son la cultura que construye la ciudad común en la que el individuo puede crecer de un modo ordenado, es decir, con la conciencia de un destino grande, infinito, dirigido hacia las estrellas, como recordaba Cicerón.

Imagen de portada: Cubierta de La imaginación conservadora | Ariel
Escrito por

Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas. Profesor de Filosofía del Derecho y Política. Autor de los libros "Génesis de Estado Minotauro" y "La monarquía constitucional. Los orígenes del Estado Liberal según Chateaubriand"

Ultimo comentario
  • Sin Penélopes no hay Ulises. Sin hogar no hay mundo, sin pasado no hay futuro, y sin patria no hay política. fantástico

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