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Exposición “Tesoros de la Hispanic Society of America” . Luz de nuestra identidad ocultada

Como tributo a su figura y “a la labor realizada por la Hispanic Society en la divulgación y estudio de la cultura española en los Estados Unidos de América”, el Museo del Prado ha organizado una exposición que reúne cerca de 220 obras y a través de ellas abarca, como hace la propia institución norteamericana, desde la Edad del Cobre hasta principios del siglo XX.

FICHA TÉCNICA

Tesoros de la Hispanic Society of America

Museo Nacional del Prado

Madrid

Hasta el 10 de septiembre de 2017

De lunes a sábado, de 10:00 a 20:00 horas. Domingos y festivos, de 10:00 a 19:00 horas

Precio: entrada general, 15€. Entrada reducida, 7,5€

Sitio web

“Quiero conocer España tal como es, y dejarla reflejada en un museo. Poco más puedo hacer. Si consigo escribir un poema con este museo, será fácil de leer”. En la ciudad de Nueva York, en 1908, justo diez años después de que estas palabras fueran escritas en un cuaderno personal, el filántropo y coleccionista norteamericano Archer Milton Huntington (1870–1955) veía al fin materializado su sueño: frente a él abría sus puertas, imponente y orgullosa, la Hispanic Society Museum & Library. Fragmentos de hispanidad que la ensalzan y describen en un único lugar, un único espacio, un, quizá, poema arquitectónico anhelado. Vestigios desde el exterior de algo que nosotros olvidamos.

Como tributo a su figura y “a la labor realizada por la Hispanic Society en la divulgación y estudio de la cultura española en los Estados Unidos de América”, el Museo del Prado ha organizado una exposición que reúne cerca de 220 obras (tanto de naturaleza pictórica como escultórica, cerámica u orfebre) y a través de ellas abarca, como hace la propia institución norteamericana, desde la Edad del Cobre hasta principios del siglo XX. Un intenso viaje por aquello que unió a España, América y Portugal como espejo del empeño y entrega que Huntington depositó en la que es la más completa institución internacional dedicada a nuestra identidad. Pocos españoles e hispanos valoramos tanto nuestras raíces y frutos como desde su juventud hizo aquel extranjero y quizá por ello sea especialmente recomendable la visita a esta pequeña porción de la más grande huella que (nos) dejó.

Fragmentos de hispanidad que la ensalzan y describen en un único lugar, un único espacio, un, quizá, poema arquitectónico anhelado. Vestigios desde el exterior de algo que nosotros olvidamos

Bajo una luz casi opaca, cerámicas de la cultura campaniforme o piezas como el Torso de Diana cazadora (mármol, 138-150 a.C.) o la Cabeza de Medusa (mosaico, 175-225 a.C.) –algunas de las cuales se encontraron en excavaciones que patrocinó el propio Huntington– introducen la primera “España” y guían, de un salto, a la medieval, en la que el arte hispanomusulmán tuvo una indudable relevancia. Una hermosa Seda de la Alhambra (de 1400, aproximadamente), una Ascensión en temple de Miguel Alcañiz (hacia 1422–30) o una curiosa colección de aldabas de los siglos XV–XVII muestran facetas de una cultura enriquecida por los matices cristianos y musulmanes y por la llegada del estilo gótico. Eclécticas salas para un periodo de gran expansión que respira, brevemente, al llegar a la biblioteca: la lengua y la literatura españolas suscitaron siempre fascinación en el filántropo y la adquisición de numerosas bibliotecas particulares llevó a la Hispanic Society a poseer unos 300.000 volúmenes de todas las épocas, 1.500 publicaciones periódicas o 150.000 manuscritos y libros raros anteriores a 1701.

El Siglo de Oro, periodo en el que Murillo o Velázquez eran ya grandes apellidos y El Greco y Zurbarán iban camino de serlo, se encuentra aquí representado, entre otras, por las tres obras más llamativas y esperadas de la muestra: los retratos de Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares (1625-26), Camillo Astalli (1650-51) y el dulce y enigmático Retrato de niña (1638-40) de Velázquez. Esquina sublime de un poliedro inabarcable. Mas no solo España es hispanidad y, debido a ello, tras una sala a modo de tránsito dedicada a la cartografía, América y sus acentos se da a conocer a través de obras de Alonso Vázquez, Pancho Fierro o José Agustín Arrieta, el pintor costumbrista más conocido de México, para culminar con el fin del Antiguo Régimen y La duquesa de Alba de Goya (1796).

Y en vertical, sobre el pasado, la modernidad: en la planta 1, una galería de retratos inicia la segunda y última parte de la exposición, rodeada de un blanco cegador que contrasta con la oscura iluminación del anterior recorrido y transforma en silencio los intelectuales rostros de Baroja, Machado o Pérez de Ayala que Madrazo, Pinazo, Zuloaga o Sorolla pintaron en los primeros años del siglo XX. Este último, junto a su inconfundible sabor mediterráneo, es protagonista: pinturas como Calle de naranjos, Alcira (1903), Rocas del cabo, Jávea (1905) o Idilio en el mar (1968) juegan con la luz frente a misteriosas obras de José Gutiérrez Solana (Clown, 1916; Anciano, 1606) o Miguel Viladrich (Catalanes de Almatret, 1915), a quien Huntington admiraba especialmente. Nombres de dentro y fuera de la península que nos son menores o incluso desconocidos y, sin embargo, constituyen parte también de nuestra historia y cultura. Nombres a quienes otorgar una intrahistoria, nombres que nos miren y definan. Entendernos a través de quienes nos precedieron y moldearon. Tesoros de la Hispanic Society of America es una cercana oportunidad para sobrevolar y explorar vértices de nosotros mismos, de nuestra identidad, hoy en día tan perdida y tantas veces ajena y ocultada.

Foto de portada: Pintura del III Duque de Alba, de Antonio Moro, que forma parte de la exposición “Visiones del mundo hispánico” | Agencia EFE
Escrito por

Ilustradora, graduada en Humanidades por la USP CEU y máster en periodismo cultural. Ha trabajado en medios como la revista Leer y Hombre en camino.

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