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Miniaturas de Fellini . Los últimos sueños del hombre que se escondía detrás del cineasta

El Círculo de Bellas Artes profundiza en la figura de Federico Fellini con una muestra que descubre las pasiones del hombre tras el cineasta. Sueños, matices y bocetos que daban paso a grandes escenas.

FICHA TÉCNICA

Fellini. Sueño y diseño

Círculo de Bellas Artes

Alcalá 42, Madrid

Hasta el 21 de enero de 2018

Horario: de martes a domingo, de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 21:00 horas

Entrada: 4 € (reducida 3 €)

Sitio web

Los guateques, las entrevistas, las entregas de premios. Oír hablar de Brecht, Brecht en sí mismo. Que le inviten o le lleven a exposiciones. El cine político, el psicológico, el histórico -el cine de género, se intuye-. El Compromiso y el Desinterés (con mayúscula). Los preestrenos de lo que sea, el té, los hombres de verdad. Eso, lo que no. Los locales vacíos, las iglesias vacías. De la Francesca, Homero, Matisse, Kafka. Esperar a alguien deseando que no se presente (aunque sea, recalca, una mujer preciosa). El chocolate amargo, las camas altas. James Bond, los perros, las personas que hablan poco. Y los lápices Faber nº 2. Eso, lo que sí.

Las tonterías, las pequeñas manías, las preferencias cotidianas. La pequeñez nos define casi tanto o más que los grandes sueños, las grandes obsesiones, los grandes miedos. Los alimentan, incluso, alimentan y moldean la personalidad desde su aparente nimiedad. Aunque para alguien que ha ganado cuatro Premios Oscar de la Academia y recibido, el mismo año de su muerte, uno honorífico, se antoja como especialmente nimio el conocer qué tipo de comidas prefería o qué estación del año le producía mejores sensaciones. Tal vez Gianfranco Angelucci, comisario de la exposición Fellini. Sueño y diseño –que habitará lo onírico en el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta finales de enero de 2018-, diera vueltas a esta idea cuando decidió colocar, frente a la Sala Goya, dos negros paneles con todo aquello que agradaba y desagradaba al inolvidable Federico Fellini (1920-1993), guionista y director de Luces de variedades (1950), La Dolce Vita (1960), Amarcord (1973) o Ginger y Fred (1987).

Encontrarnos con sus miniaturas como hombre -la música no, el sonido de las campanas sí; las entrevistas no, los aeropuertos sí- para que estas, como puntos numerados sobre una hoja de papel, nos permitan dibujar y comprender mejor aquello que encontraremos durante la oscuridad que conduce tras la puerta: sus últimas miniaturas como cineasta y creador. Formada en menor medida por dibujos y caricaturas, como el posible retrato de Olimpia Carlisi (actriz que contrató en los años de Casanova, película de 1976), el boceto de Rita Allen en una servilleta de un restaurante o los retratos del escenógrafo Antonello Geleng durante los años sesenta y setenta, que rescatan y recuerdan el que fue su primer oficio, el de dibujante en periódicos humorísticos; la exposición se centra en las últimas obras que Fellini diseñó y dirigió: la serie de anuncios promocionales para el Banco de Roma, encargo que recibió en 1992 y que, pese a su natural aversión hacia este tipo de productos, aceptó.

Fellini hallaba en los sueños y su misterio lo que los románticos del XIX denominaban como “lo sublime”: un asombro ante lo contemplado nacido de igual manera de la admiración, la percepción y conciencia de la inmensidad y el temor. “Creo que el psicoanálisis -se cita en la exposición al cineasta- debería ser materia de estudio en el colegio, una ciencia que debería enseñarse antes que las demás porque, en mi opinión, de las muchas aventuras de la vida la que más vale la pena afrontar es aquella que te lleva de viaje a tus dimensiones interiores”. Así, para la elaboración de El desayuno sobre la hierba, El derrumbe del túnel y El león en el sótano, Fellini acudió al Libro de los sueños: un cuaderno secreto e imprevisible donde, desde los años sesenta, anotaba y dibujaba cada huella que le dejaba su inconsciente durante la noche.

Exposición Norman Foster . Doce proyectos de pasados y futuros comunes de la arquitectura

“Un artesano que no tiene nada que decir, pero sabe cómo decirlo”, decía de sí mismo. Los sueños le dieron la forma y la palabra. Nombres, rostros, siluetas, intuiciones e interrogantes, todo ello a color, se mezclan en un documento insólito y fascinante que está presente en la exposición y que supuso la fuente de inspiración para los tres cortometrajes, protagonizados por Paolo Villaggio. Estos, junto a bocetos y fotografías de sus procesos de creación y rodaje, son el principal motivo y atractivo de la muestra, que se ha organizado como adelanto de la conmemoración que en 2020 se realizará por cumplirse el centenario de su nacimiento.

Un oscuro pasillo rectangular guía a lo largo, ancho y profundo de los universos de cada proyecto, como si a hurtadillas entrásemos y saliésemos de cada sueño. Y, durante el viaje, de fondo la voz de la entonces jovencísima Anna Falchi quien, subida a un árbol junto a las vías del tren y una mesita de desayuno, anima y provoca al angustiado protagonista de la angelical pesadilla. La tentación vive arriba, que diría Billy Wilder. Arriba, en el infinito mundo de lo que no comprendemos, de lo que nos persigue y delata, de lo que Fellini celosamente transcribió para de sí mismo ser testigo y conocerse. Fellini. Sueño y diseño, con su acertada ambientación, es una recomendada exposición para todo aquel que ame el cine, su cine y quiera adentrarse en la cara oculta de su cielo. Los matices de su realidad primero, después, sus últimos sueños.

Imagen de portada: Boceto de Federico Fellini | Círculo de Bellas Artes
Escrito por

Ilustradora, graduada en Humanidades por la USP CEU y máster en periodismo cultural. Ha trabajado en medios como la revista Leer y Hombre en camino.

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