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“Entusiasmo”, de Pablo d’Ors . Memorias con un anhelo de esperanza y cierta incomodidad

Entusiasmo, el undécimo libro de Pablo d’Ors, conduce a la comprensión del ser humano, la esperanza en su destino y algo aun más insólito en la narrativa contemporánea: la piedad. Un testimonio novelado de la vida del autor desde su despertar espiritual hasta su misión en Honduras, pasando por su ordenación. Una respuesta de quien se siente poderosamente atraído por Dios.

entusiasmo

Entusiasmo | Pablo d’Ors | Galaxia Gutemberg | 2017 | 440 págs. | 22,50€

Criticar una biografía es algo más o menos legítimo, siempre y cuando lo que se critique sea la pericia del autor para captar el carácter del personaje en cuestión y el sentido de los acontecimientos que definen su trayectoria vital, la capacidad para dotar de unidad a una vida ajena.

La cosa cambia cuando de lo que se trata es de juzgar una autobiografía. ¿Qué podría discutírsele a un autor acerca de sí mismo? ¿Con qué criterio, con qué derecho habría de emitirse un juicio sobre la verdad o falsedad, la bondad o maldad, la belleza o fealdad de lo que allí se cuenta?

Hay algo que sí puede decirse en el caso de Pablo d’Ors: que las memorias en cuestión se leen con gusto, con una cierta incomodidad y con avidez, señal de que algo de lo que allí se encuentra produce un poderoso eco en quien recorre sus páginas.

Pablo d’Ors recoge en Entusiasmo (su undécimo libro, publicado por Galaxia Gutemberg) el testimonio, más o menos novelado, de parte de su vida: desde su primer despertar espiritual, siendo adolescente, y posterior conversión al catolicismo, hasta su vocación al sacerdocio dentro de la comunidad claretiana y su etapa como misionero en las comunidades más míseras de Honduras.

Frente a aquellas autobiografías en las que, de manera más o menos evidente o pretendida, un autor trata de explicarse, justificarse o ensalzarse, la motivación de Entusiasmo parece no ser otra que un acto de generosidad descomunal en que el poeta (así le gusta definirse, por oposición al místico o al pastor) abre su vida en canal para ofrecer al mundo la verdad que dota de unidad y sentido a su existencia. Un ejercicio de introspección pública que en algunos puntos llega a resultar embarazoso por extremadamente íntimo -con la fealdad que en ocasiones implica sacar a la luz lo escondido-, pero a la vez profundamente conmovedor, porque, ¿de qué serviría un Dios que no fuera capaz de redimir más que lo externo, lo aparente, lo formal, un Dios que no fuera profundamente personal?

En Entusiasmo se nos muestra también un sacerdocio muy alejado del arquetipo habitual (arquetipo contra el que Pablo d’Ors despliega una crítica feroz). Con él descubrimos que un sacerdote no solo se enamora, sino que en ocasiones lo hace con una carnalidad arrolladora; que navega entre peligrosos escollos intelectuales con la siempre presente tentación de la reducción del don de Dios a la doctrina, al moralismo o a la ideología; o que se descubre espiritual y corporalmente impotente ante la pobreza y la corrupción de las comunidades a las que está llamado a servir y ante la suya propia. Un sacerdocio que, al fin y al cabo, vive en peligro constante de fracasar, como tantos matrimonios fracasan a diario, e incluso de sumirse en el abismo de la más profunda amargura.

Pese a que el libro está sembrado de críticas y reproches, casi siempre dirigidos hacia la Iglesia y hacia muchas de sus costumbres, nada más lejos de la realidad que decir que se trata de un ataque o una relativización de la ortodoxia cristiana, siempre y cuando esta se entienda como es debido. Desde su constitutiva heterodoxia -lo que, al fin y al cabo, equivale a decir desde lo específico y concreto que implica para cada uno vivir y tener que recorrer el propio camino-, D’Ors muestra de qué modo el amor de Dios alcanza al hombre hasta lo profundo de su realidad particular y es capaz de abrazarlo en su totalidad.

Si Dios y la fe cristiana son verdaderos, habrán de serlo en todas las dimensiones de la vida humana, deberán ser capaces de unificar -en lugar de negar o dejar de lado, como a menudo se pretende- incluso lo más bajo, desordenado y roto de cada hombre concreto.

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De este modo, la vida de Pablo d’Ors, hasta donde nos deja ver en este primer volumen (se esperan otros dos como parte de una Trilogía del Entusiasmo), no es sino el testimonio acerca de Otro. La encarnación del modo concreto con que, a cada instante y en cada circunstancia, Dios atrae amorosamente hacia sí al hombre y de la forma particular en que en Él (y no en las instituciones, estructuras y normas) se responden todas y cada una de las contradicciones que implica vivir.

Ahí reside precisamente el valor del Entusiasmo de Pablo d’Ors: en que su entusiasmo no es fruto de un voluntarismo autorreferencial, como quien pretende hacer de su vida una obra de arte. De ser así, tendría todo el sentido reducir la lectura de la obra a un juicio acerca del éxito o el fracaso de sus peripecias. Más bien, debe leerse como la respuesta inconstante e imperfecta de quien se siente poderosamente atraído por Aquel a quien ama, de modo que el interés acerca de su camino apunta mucho más allá de sí, hacia el Amado.

Escrito por

Periodista de agencia y estudioso de Filosofía Política. Co-director de la revista Democresía. @IgnacioPou

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