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“El zoo de cristal”, la fragilidad de los sueños

Las excelentes interpretaciones y la acertada puesta en escena convierten a este montaje de la célebre obra de Tennesse Williams en una maquinaria muy bien engrasada. La atmósfera intimista que se crea sobre el escenario envuelve al espectador.

FICHA TÉCNICA

El zoo de cristal

Dirección: Óscar Olmeda

Autor: Tennesse Williams

Compañía: Martes Teatro

Reparto: Ángeles Porras, Jorge San José, Óscar Olmeda, Maria Cobertera, Rubén Riera

Estudio 2 – Manuel Galiana

Calle Moratines, 11. Madrid

Domingos del mes de febrero de 2019, a las 20 h.

Precio: 12 euros

Sitio web

El insalvable abismo entre deseo y realidad centra el argumento de El zoo de cristal. Una laureada obra del reconocido dramaturgo Tennesse Williams (Estados Unidos, 1911-1983), publicada en 1944 y versionada en infinidad de ocasiones.

El universo de recuerdos y sueños rotos creado por el escritor norteamericano se plasma con tino en la sugestiva adaptación que ofrece el teatro Estudio 2 – Manuel Galiana, bajo la dirección de Óscar Olmeda.

Los atormentados personajes 

La acción se desarrolla en Estados Unidos, en los años 30 del siglo pasado. Los atribulados personajes de Williams viven en el asfixiante ambiente sureño que impregna todos sus relatos.

El protagonista, Tom Wingfield (Jorge San José), rememora los años vividos junto a su madre, Amanda, y su hermana menor, Laura. El joven se debate entre el deber y sus aspiraciones. Es un escritor frustrado (alter ego del autor) que se ve obligado a trabajar en un almacén para mantener a su familia.

Amanda (Ángeles Porras), la matriarca, es una mujer frívola, fantasiosa y manipuladora. Abandonada por su marido, se aferra a sus distorsionados recuerdos y al futuro de sus hijos para seguir adelante. En su afán por que Laura consiga el matrimonio que ella no ha tenido, dedica su día a día a buscarle pretendientes.

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El triángulo se completa con la frágil Laura (María Cobertera), una muchacha tímida y acomplejada por una leve discapacidad física. Sufre las consecuencias de una época en la que el éxito de una mujer consistía en hacer una “buena” boda. Encerrada en sí misma, su única dedicación es coleccionar animales de cristal, tan delicados como ella.

Esta -aparente- armonía familiar se rompe cuando, a instancias de su madre, Tom invita a comer a un compañero del almacén para que conozca a su hermana. La llegada del pretendiente de Laura, Jim O’Connor (Rubén Riera), supondrá un revulsivo que les abrirá los ojos a la realidad. El futuro de la familia, que se adivinaba lleno de ilusiones, se desvanecerá.

Una interpretación brillante y cercana

El zoo de cristal es una obra intimista, con una gran carga dramática y tintes autobiográficos. Fue llevada al cine por Irving Rapper en 1950, con Jane Wyman y Kirk Douglas como protagonistas. Paul Newman dirigió un remake, en 1987, con un joven John Malkovich en el papel principal.

En este montaje de la compañía Martes Teatro, la puesta en escena está al servicio de la interpretación. El recurso del narrador (Óscar Olmeda), que se entremezcla con los diálogos entre los distintos personajes, se resuelve con solvencia.

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El decorado representa una estancia de la casa familiar, con muebles blancos de la época y un viejo gramófono en el que Laura escucha sus melodías favoritas. Varias piezas musicales, algunas de ellas actuales, acompañan a la acción.

Dentro de esta maquinaria bien engrasada, lo más destacado es el brillante trabajo de los actores, que consiguen conferir a sus personajes la intensidad que merecen. Las limitaciones escénicas propias de un recinto pequeño, lejos de ser un obstáculo, permiten una proximidad de los protagonistas al público.

Los mensajes de El zoo de cristal

El zoo de cristal trasmite un mensaje positivo de autoafirmación. Anima a superar los complejos, a no infravalorarse, a sacar a relucir las cualidades positivas que cada uno tiene.

Sin embargo, tiene un trasfondo pesimista y desesperanzador. El guion pone de relieve la decepción que experimentamos por ese doloroso abismo existente entre la vida soñada y la real, las expectativas y los hechos. En palabras de Tennesse Williams, galardonado con dos Premios Pulitzer, “el tiempo es la mayor distancia entre dos lugares”.

El zoo de cristal es una obra muy recomendable. La conexión que crea con el espectador consigue que este se sumerja en la historia y llegue a emocionarse.

  • Luces: el engranaje funciona y logra conmover al público.
  • Sombras: el texto supone un baño (helado) de realidad.
Imagen de portada: Fotograma de la representación de El zoo de cristal | Estudio 2 – Manuel Galiana
Escrito por

Licenciada en Derecho y diplomada en Ciencias Empresariales. Redactora de El Debate de Hoy.

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