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“El precio”, el poder irreversible de las decisiones

Un gran cuarteto actoral se pone a las órdenes de Silvia Munt en este clásico de Arthur Miller cuya temática está de plena actualidad. El precio profundiza en el efecto devastador del materialismo y en cómo las decisiones marcan la vida.

FICHA TÉCNICA

El precio

Dirección: Silvia Munt

Autor: Arthur Miller

Reparto: Tristán Ulloa, Gonzalo de Castro, Eduardo Blanco y Elisabet Gelabert

Teatro Pavón Kamikaze

Calle de Embajadores, 9. Madrid

Del 12 de octubre de 2018 al 6 de enero de 2019

De martes a sábado: 20:30 h. Domingo: 18:00 h.

Precio: a partir de 20 euros

Sitio web

El dinero saca a la luz lo peor del ser humano. Esta es la idea sobre la que gira El precio, el clásico de Arthur Miller (Estados Unidos, 1915-2005) que, bajo la dirección de Silvia Munt, acoge el Teatro Pavón Kamikaze de Madrid.

La obra, a pesar de haber sido escrita en 1968, goza de plena actualidad. Ambientada tras el crac del 29, refleja los devastadores efectos que la crisis económica puede tener sobre las relaciones personales.

El escritor norteamericano, que fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2002, es especialista en combinar la crítica social con una precisa disección de las miserias del ser humano. Como ya hiciera en Muerte de un viajante, temas como el poder, el triunfo y el fracaso, la mentira, la ambición, la avaricia, el egoísmo… pasean sobre las tablas.

La acción se desarrolla en torno al reparto de una pequeña herencia. Victor Franz visita junto a su esposa, Esther, la buhardilla que habitaron sus padres. Allí ha se ha citado con un tasador, Gregory Solomon, para que valore los muebles y demás objetos de la vivienda, que va a ser derribada. Al encuentro asiste también el hermano mayor de Victor, Walter, con el que lleva 16 años sin hablarse.

Los personajes atemporales del universo Miller

Como es habitual en su producción, Arthur Miller construye personajes universales, atemporales, como el propio autor solía decir.

Los hermanos Franz representan dos polos opuestos. Victor es un modesto policía que ha priorizado el cuidado de su familia sobre sus pretensiones laborales. Por ello, se ha visto abocado a ejercer un trabajo que choca de manera frontal con su forma de ser y del que está deseando liberarse. El careo con su hermano le hará ver que su vida se ha edificado sobre una gran mentira. Es el único personaje de la obra que muestra destellos de bondad e ingenuidad.

Por el contrario, Walter ha antepuesto sus ambiciones profesionales a todo lo demás y ha llegado a ser un cirujano de prestigio. Es un hombre frío y con pocos escrúpulos cuya vida también parece haberse venido abajo.

Esther representa la frustración. Tras años de matrimonio, su marido se le ha quedado “pequeño” y tiene para él aspiraciones mucho mayores que no dudaría en conseguir a toda costa.

Por último, Gregory es un nonagenario irónico y de vuelta de todo que recoge las migajas en separaciones, fallecimientos y demás “naufragios”. El anciano tasador vive atormentado por el trágico final de su hija.

“Todas las noches de un día”, sensibilidad terrenal a flor de piel

Durante el transcurso de la conversación, ambos hermanos se dan cuenta de que se han equivocado en su elección. Ninguno tiene la vida que había soñado. Por medio de brillantes diálogos, el guion profundiza en cómo nos marcan las decisiones que tomamos y en lo distinto que podría haber sido nuestro futuro si hubiéramos seguido otro camino. Atención a la frase final del texto, es memorable.

La puesta en escena de El precio, clásica, sobria y minimalista, está al servicio del excelente trabajo actoral. Un gran Tristán Ulloa sostiene el peso de la trama durante las casi dos horas de duración. Elisabet Gelabert cumple bien con su papel de esposa insatisfecha. Gonzalo de Castro, más dotado para la comedia que para el drama, está algo sobreactuado. La gran sorpresa es Eduardo Blanco. El intérprete argentino compone a la perfección el personaje del anciano tasador, que padece párkinson y camina con dificultad. Un abuelito que resulta delicioso.

Lo que pudo haber sido y no fue

El precio deja un sabor amargo del destino del ser humano, como la mayoría de los dramas de Miller, considerado uno de los mejores dramaturgos del siglo XX. Nada puede hacernos felices. Tomemos la decisión que tomemos, nos vamos a equivocar. Si optamos por nuestras ambiciones, puede que triunfemos pero perdemos todo lo demás por el camino. Si, por el contrario, sacrificamos la vocación por nuestros seres queridos, estaremos condenados a encasillarnos para siempre en un trabajo frustrante. El dinero lo empaña y lo condiciona todo.

Ante esta visión catastrofista, no estaría de más aportar un rayo de esperanza. No podemos negar que toda elección comporta una renuncia. Pero, aunque por todo se paga un precio en esta vida, no todo en esta vida tiene un precio.

  • Luces: la obra alerta sobre los efectos nocivos del materialismo. Eduardo Blanco firma una soberbia interpretación.
  • Sombras: cae en un determinismo en el que el ser humano no parece tener redención posible.

Imagen de portada: Fotograma de la representación de El precio | teatrokamikaze.com
Escrito por

Licenciada en Derecho y diplomada en Ciencias Empresariales. Redactora de El Debate de Hoy.

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