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Bolaño, “El espíritu de la Ciencia-Ficción” y los autores que construyen un todo con su obra

La editorial Alfaguara publica El espíritu de la Ciencia-Ficción, texto inédito de Roberto Bolaño en el que encontramos rasgos personales que contribuyen a reconocer la obra total que supone la producción del autor. 

Dicen que hay dos tipos de lectores de Roberto Bolaño, los que lo odian y los que lo aman. Solo con Borges -entre los escritores de nuestra lengua- he encontrado semejante alineación. Del segundo grupo, distinguiría entre los que han disfrutado mucho de sus grandes obras y los que directamente se han quedado enganchados de su universo ficcional. El espíritu de la Ciencia-Ficción está recomendado para estos últimos.

El espíritu de la Ciencia-Ficción

ROBERTO BOLAÑO | EL ESPÍRITU DE LA CIENCIA-FICCIÓN | ALFAGUARA | 2016 | 223 PP | 18,90 € | EPUB: 9,99 €

El último de los inéditos publicados del escritor chileno es un libro absolutamente suyo. Tenemos que señalar que lo escribió a principios de los ochenta, por lo que hay que leerlo desde esa perspectiva bibliográfica. En él encontramos casi todos los ingredientes que luego aparecieron y se desarrollaron en sus grandes obras: México, poetas delincuentes, alter egos desdoblados, Segunda Guerra Mundial, intencionada confusión entre ficción y realidad… No se trata, sin embargo, de una tentativa o versión incipiente de sus libros maduros, sino más bien de una primera capa de un universo ficcional que es personalísimo y que me parece es uno de los aspectos que más fascina de la obra del chileno.

Hay autores que cuando encuentran una fórmula ganadora la repiten hasta que se consume (o se consumen sus lectores) y, cambiando el estilo, el argumento o el tipo de narrador disfrazan la única novela que en realidad han escrito; otros se renuevan de novela a novela y, aunque conservan el genio personal, son capaces de reinventarse en cada libro. Del primer grupo no cito nombres por elegancia, del segundo se me ocurren Mario Vargas Llosa y Camino José Cela. Con cada libro cierran un universo ficcional para siempre (quién no ha soñado con leer la inexistente segunda parte de La colmena). Y hay un tercer grupo, que es el de Bolaño. Son autores con un único libro, como los primeros, pero ese libro inmenso está formado por la suma de todos sus libros. No se repiten porque se completan, su obra es orgánica y las diferentes capas que forman cada narración no hacen sino dar profundidad a una obra de arte total. Podemos encontrar versiones argumentales en el siglo XIX: un Galdós madrileño o un Balzac parisiense. Pero Bolaño, entendiendo la fórmula decimonónica, asumió todo lo que vino después. A mí siempre me pareció un gótico posmoderno: el imposible hijo de Stevenson y Virginia Woolf (Virginia Woolf no podía con Stevenson), educado en el realismo mágico.

Bolaño es un autor con temas recurrentes porque escribe para conocer y las grandes cuestiones nunca se acaban. Le interesan pocos asuntos, pero le interesan una barbaridad: la literatura, América, el mal. Por eso es tan sintomático otro título suyo: La literatura nazi en América. En El espíritu de la Ciencia-Ficción también aparecen estos temas, pero no en gestación, insisto, sino con una nueva tonalidad.

El libro describe la vida de dos jóvenes aspirantes a escritores: el chileno Remo Morán y el mexicano Jan Schrella. Ambos viven en una buhardilla del México DF y, mientras Jan se encierra a leer y escribir cartas a autores de ciencia-ficción, Jan descubre la vida literaria y bohemia en las calles de la ciudad. Las cartas de Jan jalonan la narración mexicana y, para quien no es experto en el género (tal es mi caso), se llega a dudar de la realidad de los autores a los que va referida, conociendo el juego borgiano al que en ocasiones se da Bolaño. Pero no es así, resulta que todos los autores referidos existen y vivían en la época en que se escribió el libro. Bolaño da una vuelta más a la invención del argentino, tanto aquí como en otras historias que aparecen dentro del relato principal: si Borges nos hacía creer que su erudición era real, del chileno pensamos que es pura invención, siendo en realidad auténtica erudición.

Elogio a la ciencia-ficción

Hablando de la ciencia-ficción, el elogio de uno de los géneros (subgénero lo llaman algunos) peor tratados por el mainstream es tal vez uno de los asuntos más originales dentro de las obsesiones literarias de Bolaño, aunque tal vez por eso mismo no sea un verso suelto, sino una clave para explorar el resto de su obra. Como bien se señala en el prólogo, el libro se terminó en la orwelliana fecha de 1984, lo que nos traslada al enigmático título de su gran obra, 2666, que, como bien se sabe, es también una fecha futura. Un perfecto señuelo para la incipiente crítica académica que tanto trabajo tiene por delante.

El libro termina con una reproducción parcial de sus cuadernos y notas. Parece ser que todas las reediciones de Alfaguara añaden algo similar. Los entusiastas del autor (ese primer grupo del que hablaba al inicio) lo encontrarán apasionante; los aficionados sin más, innecesario. Pero ya quedó claro que El espíritu de la Ciencia-Ficción es un libro para adictos, que son muchos, por lo que no le pondremos más pegas.

Ilustración de portada: Portada de El espíritu de la Ciencia-Ficción, junto a un dibujo de su autor, Roberto Bolaño
Escrito por

Doctor en Filología Hispánica por la UCM. Profesor Titular de Literatura en la USP CEU.

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