Diario de análisis, reflexión y valores    

 

Gustavo Dudamel contra la dictadura. Maduro lo castiga cancelando la gira de su orquesta

El dirigente venezolano Nicolás Maduro suspende la gira de conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Venezuela en Estados Unidos. El mandato, impuesto desde el Despacho de la Presidencia, es el castigo al director de orquesta Gustavo Dudamel por los mensajes de protesta contra los desmanes del gobierno anticonstitucional y las declaraciones en favor de la libertad y la democracia con los que el músico ha roto un silencio que ha durado cerca de dos décadas.

 La noche del 18 de agosto, durante otro de esos monólogos de obligada transmisión nacional que el dirigente Nicolás Maduro gusta denominar “jornada de trabajo” y en los que, según el mandatario, se rivaliza en audiencia con los clásicos del Madrid-Barça, tuvo lugar la advertencia pública dirigida al célebre director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel. Recién llegado de su visita a Cuba, aunque algunos pensaron que regresaba de Mindanao por su estilo chabacano, Maduro se sirvió del tono jocoso, chistoso, pero sin gracia utilizado por los dictadores para lanzar su mensaje:

Lo que el dios revolucionario chavista tiene que perdonar al director titular de la Filarmónica de Los Ángeles son dos cartas abiertas con las que el músico ha denunciado la ilegalidad de la Asamblea Nacional Constituyente y la violencia represora contra el pueblo que ha costado la vida a más de un centenar de personas.

Levanto mi voz, aparecida el 4 de mayo en la propia página Facebook del director, fue la primera manifestación pública de su oposición a las actuaciones del gobierno desde que comenzara su carrera profesional, siendo el motivo principal de su publicación la muerte del joven violinista de diecisiete años Armando Cañizales, abatido de un tiro por la Guardia Nacional durante las protestas.

Cañizales era integrante del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela (El Sistema), institución estatal educativa, dependiente del Ministerio del Despacho de la Presidencia de Venezuela, en la que tuvo lugar la formación musical del propio Gustavo Dudamel, y de cuya dirección artística se encarga en la actualidad. Este primer mensaje de protesta obtuvo respuesta inmediata en el programa de televisión Cayendo y Corriendo de la estatal Venezolana de Televisión (VTV) y, apenas dos días después, el 6 de mayo, la carta abierta del poeta Freddy Náñez, exministro de Cultura venezolano y presidente de la Fundación para la Cultura y las Artes.

La segunda llamada a la paz, la libertad y la democracia del director de orquesta tomó forma en una tribuna del diario El País, el pasado 19 de julio, bajo el título Una Venezuela democrática para todos. Un comunicado más extenso, directo y comprometido que propició, un mes después, el 18 de agosto, la esperada respuesta del dictador y el castigo del Despacho de la Presidencia al ordenar la suspensión de la gira de conciertos en Estados Unidos de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Venezuela, agrupación musical integrante de El Sistema.

Dudamel y El Sistema

Las críticas de Maduro y sus acólitos no han sido las únicas que ha recibido Gustavo Dudamel tras su pronunciamiento. El director de orquesta fue y es criticado por su silencio frente a los excesos del chavismo, y los últimos acontecimientos han servido para avivar el recuerdo.

Durante los dieciocho años que ha permanecido al frente de la dirección de El Sistema, Dudamel no ha emitido crítica alguna hacia el gobierno y sus cuestionables prácticas. Los momentos más tensos de esta incómoda relación se vivieron en 2013 y 2015, durante el funeral de estado de Hugo Chávez, que dio comienzo con un concierto homenaje bajo su batuta, y la conmemoración del 70 aniversario de la Organización de las Nacionales Unidas (ONU) en Nueva York, donde Venezuela obsequió a los presentes con un concierto de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y Dudamel tuvo que dirigir acompañado de imágenes de Chávez proyectadas en el auditorio.

Vídeo y fotografías que muestran una imagen muy diferente a la que el internacional nos tiene acostumbrados desde el podio de las más prestigiosas salas del mundo. Las fuertes críticas a las que dio lugar este último evento obligaron a Dudamel a manifestarse en Los Angeles Times el 29 de septiembre de 2015. Una carta abierta, recogida con posterioridad en español por el diario opositor El Nacional, en la que el director se sinceró y expuso los motivos por los que no participaba en política.

En su comunicado, Dudamel reconoce sentirse deudor de El Sistema, de la educación musical recibida en la institución, de la acogida y confianza personal que su maestro y fundador, José Antonio Abreu, le brindó, y pone en alza la magnífica labor musical, educativa y social que la fundación lleva a cabo con los más de 700.000 jóvenes, en su mayoría de extracción humilde, que la integran. Salvaguardar a los niños de las confrontaciones políticas, utilizando la música como escudo para preservar la solidaridad y la unidad, ha sido, según expresa el mensaje del director, su mayor motivación para permanecer ajeno al debate.

Sin embargo, pese a las buenas intenciones del director, y sin negar el bien que el proyecto proporciona a los niños y jóvenes venezolanos, lo cierto es que, a estas alturas, el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela es, de suyo, un instrumento político. El Sistema depende directamente del Despacho de Presidencia; el mismo Chávez se encargó de dotar a la institución de una cuantiosa partida presupuestaria que continuó creciendo incluso en los peores momentos de crisis del país. De dónde procediera el dinero, eso nunca fue problema.

Gracias a esta financiación, las agrupaciones integrantes más prometedoras, como la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, ambas dirigidas por Dudamel, pudieron permitirse realizar giras internacionales y programas en colaboración con orquestas profesionales de otros países, estuvieran a favor o en contra del chavismo (se desconoce la cifra total de músicos que han aprovechado estos viajes para desertar). La coyuntura permitió forjar nuevas alianzas, y el marketing se encargó del resto, en un escaparate mediático global en el que siempre venden bien los eslogan tipo “las jóvenes promesas” y “los pequeños grandes genios musicales” de la república bolivariana.

Lejos de atenuarse, esta tendencia se ha perpetuado y endurecido bajo el mandato de Maduro, permitiendo al gobierno servirse del silencio reinante para atribuirse los méritos del proyecto y utilizar su banco de talentos como elemento de defensa ante los ataques internos e impulsarlo como producto de propaganda internacional; incluso como cuadro de militancia política: en los últimos meses se ha conminado a los músicos y personal docente y de administración de El Sistema a no asistir a las manifestaciones de protesta, a la vez que se animaba engrosas las filas de las marchas gubernamentales convocadas por Maduro.

El culmen de esta práctica intimidatoria alcanzó su acontecimiento más serio en octubre de 2016, cuando la viceministra de Suprema Felicidad (!), Carolina Cestari, se dejó caer por el Centro de Acción Social por la Música, lugar de trabajo y ensayo de la institución, para dejar el asunto zanjado: “¿Usted no está de acuerdo con el proceso revolucionario? Sea coherente con su posición política y busque trabajo en otro lado” (el lector encontrará el análisis completo y exhaustivo de la presión silenciosa a la que son sometidos los empleados de El Sistema en este reciente artículo de la revista de investigación Clímax).

Política, música y dignidad

Las protestas de Gustavo Dudamel llegan tarde, pero al menos han llegado. Una contrariedad y varapalo de dimensiones internacionales para la escalada autoritaria de Maduro, quien se enfrenta de la única manera que sabe, con prohibiciones y censuras, a la joven, pero vigorosa voz del que seguramente sea el director de orquesta más mediático y conocido de nuestros días.

Puede que la calidad técnica de Dudamel no sea la mejor, y su habilidad para programar en orquestas jóvenes, demasiado ambiciosa en ocasiones, pero no cabe duda de que su inspirada percepción de la música como una realidad tangible, de trabajo, esfuerzo y compromiso humano, no solo como un ente abstracto e intelectual, ha conseguido forjar una visión compartida que ha atravesado el mundo entero, expresada con éxito bajo su batuta en las mejores agrupaciones del momento: la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara de Múnich, la Filarmónica de Berlín, la Filarmónica de Viena, la Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo o la Filarmónica de Los Ángeles.

¿Son sus protestas las suficientes? Solo Dudamel tiene la potestad de responder este interrogante y decidir seguir llevando o no su liderazgo más allá de los ensayos y las salas de concierto. Lo que sí está fuera de toda duda o dilema es la oportunidad y necesidad de su manifestación, porque el arte está por encima de la política, sí, pero las personas, están siempre por encima del arte. Los músicos, como los escritores o los actores, deben reservar sus opiniones cuando son expresión de una ideología, para no enturbiar el hecho musical y terminar convirtiéndolo en simple propaganda, pero adquieren el deber moral de manifestarse en defensa de la persona cuando se trata de ensalzar contrastados principios en defensa de la dignidad.

Quien mejor supo expresar esta máxima fue la también célebre pianista venezolana Gabriela Montero: “no se puede separar la educación musical de la ética y del resto de los valores humanos. No se puede separar al Sistema de Orquestas Juveniles de Venezuela de la realidad del país. Las orquestas están en un país donde hay flagrantes violaciones a los derechos humanos”.

Escrito por

Periodista, músico y crítico cultural. Profesor de Comunicación Digital en la USP CEU. Profesor asociado del CEU Institute for Leadership, Ethics and Advanced Development. @ferbovi

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons