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El Día de la Fuerza . Darth Vader y la redención de un santo pop

Merece la pena celebrar el día de la Fuerza. Es verdad que es un producto de cierta secularización, sí, pero tiene sus tintes históricos y religiosos, y sigue siendo capaz de conmovernos a nosotros también, especialmente cuando nos fijamos en Darth Vader. 

Lo habitual hasta la fecha ha sido que los años se presenten jalonados de efemérides o bien religiosas o bien relativas a nuestra historia nacional e internacional. Hace nada, hemos conmemorado el levantamiento contra las tropas de ocupación francesa que tuvo lugar en Madrid el 2 de Mayo de 1808. Un día antes, el 1, hemos celebrado el día de los trabajadores, recordando la manifestación que se produjo en 1886 en las calles de Chicago reivindicando la jornada laboral de 8 horas, y que terminó con la muerte de un policía por la explosión de un artefacto y el ahorcamiento de 5 de los manifestantes.

Sin embargo, en el mundo actual, la historia no es la única narración que articula nuestro calendario. El 4 de mayo, por ejemplo, es actualmente menos conocido por ser el día de san Curcódomo diácono o san Florián, que por ser el día de la Fuerza. Sí, sí, la de Star Wars, un producto imaginario, de ciencia ficción pura y dura, que se ha colado en nuestra agenda oficial de conmemoraciones sin demasiada dificultad: parece que nos resulta más conocido y cercano Darth Vader que Napoleón.

Es verdad que la historia fáctica sigue teniendo mucho que ver con todo esto. De hecho, se homenajea a la fuerza ese día y no otro porque fue un 4 de Mayo de 1979 cuando Margareth Thatcher fue elegida Primera Ministra de Reino Unido, y el periódico inglés The London Evening News eligió un titular con un juego de palabras basado en la fecha y en la mítica frase de la saga: “May the fourth be with you, Maggie” (“que la fuerza te acompañe, Maggie” y “El 4 de Mayo está contigo, Maggie”).

A pesar de todo, lo que sucede actualmente los 4 de mayo no se traduce en un día de apoyo incondicional a los políticos, en horas bajas, sino más bien en una jornada en la que la gente se disfraza y regresa a la infancia o a aquel universo que nos trajo George Lucas y que ya se quedó entre nosotros, uniendo generaciones como pocos mitos son capaces de hacerlo a estas alturas.

Estas nuevas fechas señaladas o fiestas de guardar nos revelan que los mitos están cambiando. El filósofo Jean-François Lyotard habló, también en 1979, de la caída de los metarrelatos. Se refería a la pérdida de confianza del hombre posmoderno tanto en las ideologías como en los relatos religiosos: lo cual prometía una peligrosa deriva de nuestras convicciones hacia el mero terreno del pragmatismo de la economía, la ciencia y la técnica.

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Algo de eso nos ha pasado. Pero tal diagnóstico arrumba un detalle que completa el cuadro. Georges Balandier, antropólogo francés, en su libro El poder en escenas, escribió que no nos basta con el mero materialismo, sino que, para vivir, necesitamos espacios en los que respiren nuestros más hondos anhelos. Así, el lugar antaño ocupado por la religión ha sido colonizado por los media, cuyo epicentro es Hollywood, la fábrica de sueños. Desde allí se nos suministran los mitos a través de los que le buscamos sentido a la vida.

Star Wars es uno de esos grandes-pequeños relatos que, de un modo prácticamente inadvertido, nos permiten hoy interpretar la propia existencia. De ahí que resulte muy lógico que hayamos buscado un día para mirarlo juntos, para recordar qué nos cuenta y qué dice de nosotros a través de las peripecias de cada uno de sus fascinantes personajes: La Princesa Leia, Han Solo, Luke Skywalker, Obi-Wan Kenobi, Yoda, etc. Pero si tengo que escoger uno de entre el panteón que se nos brinda, no tengo duda alguna: me quedo con Darth Vader. Empieza siendo Anakin, un joven y apuesto caballero Jedi, lleno de arrogancia y valentía, para pasarse después al lado oscuro de la fuerza, convirtiéndose en el más terrorífico esbirro de Darth Sidious, El Emperador.

“No te abandonaré, tengo que salvarte”

Sin embargo, como todos sabemos, la historia no acaba ahí. El culmen del personaje sucede al final de El retorno del Jedi (1983), en una concatenación de dos escenas épicas que recomiendo visionar de vez en cuando. En el duelo final entre padre e hijo, Luke Skywalker logra vencer a su oponente, en presencia del Emperador, pero se niega a pasarse al odio y al mal, como éste le propone. Por ello, surge la ira de Darth Sidious, que descarga todo su poder sobre el joven.

Ante el espectáculo de su hijo siendo masacrado, Darth Vader, hasta el momento inamovible en su insensibilidad ante la injusticia, de repente e in extremis se conmueve y se interpone en la letal descarga, consiguiendo, en un mismo acto, ser fatalmente alcanzado y arrojar al Emperador al abismo del reactor de la Estrella de la muerte. Luke intenta huir con su padre hacia el hangar donde se encuentran las naves, pero éste está malherido e intercambian unas últimas palabras. Su padre le pide que le quite el casco antes del último suspiro. Aparece su rostro desfigurado, en cuyos labios y ojos se describe una leve sonrisa. Luke le dice: “No te abandonaré, tengo que salvarte”. Su padre contesta: “Ya lo has hecho. Tenías razón acerca de mí”. Toma ya.

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Pese a todo, contagiados por la narrativa del selfmade man, tendemos a pensar que la redención de Vader consiste en el sacrificio de la propia vida para salvar a su hijo. Si se teclea “redención de Vader” en el buscador suele aparecer la primera de las escenas mencionadas. Sin embargo, si nos fijamos bien, lo que le salva de la oscuridad no es su capacidad, su arrojo, su fortaleza, o su heroísmo terminal, sino algo que sucede un segundo antes: el sufrimiento de su hijo, inocente, ante el que él, simplemente, cede. Es eso lo que “primerea” o despierta su humanidad, hasta el momento contraída, como reconoce el propio Vader en sus últimas palabras: “Ya lo has hecho (ya me has salvado). Tenías razón acerca de mí.”

Por todo esto merece la pena celebrar el día de fuerza. Es verdad que es un producto de cierta secularización, sí, pero tiene sus tintes históricos y religiosos, y sigue siendo capaz de conmovernos a nosotros también, especialmente cuando nos fijamos en Darth Vader.

Foto de portada: Darth Vader en una escena de la película Rogue One | Image.net
Escrito por

Periodista, escritor y profesor en la Universitat Abat Oliba CEU.

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