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El Concierto de Año Nuevo recupera su esplendor gracias al director Riccardo Muti

Cincuenta millones de espectadores en más de noventa países comienzan el año unidos por la música del Concierto de Año Nuevo. Analizamos la importante tarea desempeñada por el director en esta cita anual internacional y la dificultad de su elección. Con su actuación en esta 78º edición, Riccardo Muti se convierte, junto a Zubin Mehta, en el director vivo que más veces ha dirigido este concierto.

Pecariamos de optimistas al creer que en el ámbito de la denominada “cultura general” española hay sitio para la música, habida cuenta de la escasa educación recibida en este ámbito en comparación con otras ramas artísticas. Se trata de un silogismo aplicable a colegios, institutos y universidades: se estudia Historia del Arte y se va al museo, se estudia Literatura y quien más o quien menos lee, se habla sobre cine y series y se pasan noches enteras frente al televisor, pero no se estudia Historia de la Música ni se menciona, no se va a las salas de concierto y la música queda en mera abstracción incomprensible. Para quienes no hayan puesto un pie en el Conservatorio o hayan nacido dotados de un espíritu inquieto, la pregunta acerca de la música clásica se antoja existencial, y todo lo más que pueden aportar son dos ideas marco: “Año Nuevo” y “Filarmónica de Viena”.Concierto de Año Nuevo

Es cierto que los que adopten como recurso la resignación, siempre hallarán consuelo en el “algo es algo”, pero no lo es menos que con estos conocimientos y experiencias previos acerca de la música, todo lo más a que puede aspirar la mentalidad colectiva es a crear un sucedáneo de opinión basado en lo que se cuenta y se dice, en las impresiones y las apariencias, y en la que casi cualquier cita musical con cierto caché debe ser, sin más razones que las de su exclusividad, extraordinaria. El mejor ejemplo para dar cuenta de este paradigma es, precisamente, el Concierto de Año Nuevo, para la gran mayoría, único acontecimiento musical sinfónico reseñable de sus vidas.

La importancia del director de orquesta

Circunstancia que, más allá de lo censurable, nos advierte de que toda crítica de este evento anual pasa por mencionar antes que no todos los Conciertos de Año Nuevo son iguales y maravillosos, porque no todas las batutas al frente de la agrupación son iguales y maravillosas. Es innegable que la Filarmónica de Viena, por sí sola, posee un nivel difícilmente superable que garantiza unos mínimos de calidad muy altos e infalibles en cada actuación, pero como orquesta, como colectivo que es, su interpretación solo puede brillar, hacerse única y auténtica, con la especial aportación de sentido y significado, formal y técnico, de un verdadero director.

Sin esas cualidades, la orquesta opera como lo haría un equipo de excelentes profesionales sin líder: hace piña y se las apaña para trabajar y funcionar, sí, pero los resultados nunca alcanzan las cotas de excelencia que otorga la presencia y acompañamiento en el escenario de un verdadero maestro capaz de ofrecer a ese centenar de intérpretes nuevas e interesantes ideas acerca de la música. Y en contra de lo que pudiera pensar esa mentalidad colectiva, no todos los años tenemos la oportunidad de presenciar la actuación de un gran director durante el Concierto de Año Nuevo.

Por fortuna, sí ha sido el caso de esta edición gracias a la elección de Riccardo Muti, uno de los mejores directores de orquesta del mundo. Pero no como se dice de otros que en los últimos seis años, y con la excepción de Zubin Mehta (2015), le han precedido en la dirección de esta cita anual sin dejar una huella más allá del marketing y la expectación de su nombre y fama. Lo que representa Muti para la música lo ha obtenido única y exclusivamente con su excelente ejemplo sobre el podio; no por sus contactos, no a causa de su juventud y proyectos sociales, no con motivo de la dirección de una fundación o sus antecedentes como destacado instrumentista.

Debemos congratularnos: este año, la insistencia de la junta directiva de la orquesta (en 2004 Muti decidió no volver a dirigir un Concierto de Año Nuevo) ha estado asociada a un efectivo desempeño profesional técnico y musical del director escogido, lo que por desgracia representa la excepción frente a la habitual elección apoyada en la celebridad. Desde el comienzo de esta década, solo Zubin Mehta y Riccardo Muti, directores vivos que más ediciones han dirigido (las cifras también hablan), nos han ofrecido conciertos verdaderamente memorables.

 

La difícil tarea de encontrar un buen director

Conseguir que los veteranos se suban al podio en fecha tan señalada no es nada fácil. El director debe enfrentarse a un programa de obras convenido de antemano por la junta directiva que, en su mayoría, quedan fuera del circuito habitual, por lo que asumirlo exige estudiar dos horas de música esencialmente nueva y poco o nada dirigida. Obras que, por otra parte, no son ni mucho menos sencillas. La apariencia de simplicidad de un vals esconde mucha música en cada uno de sus famosos tiempos ternarios, y el control rítmico de cada pulso para que el tempo no decaiga es esencial.

En este sentido, la manera de dirigir el vals es un arte en sí mismo en el que son necesarios, a partes iguales, una observancia técnica absoluta a la vez que cierta heterodoxia en la extensión del segundo pulso antes de su caída en el tercero. Una complicada combinación de método y oficio que solo las batutas más experimentadas poseen. Entre ellas, de manera destacada, la de Muti, considerada por los expertos en la obra de Strauss una de las que mejor dirige en el mundo el vals vienés; cuenta además con una dilatada relación con la Filarmónica de Viena, de la que es miembro honorífico y ha dirigido en más de quinientas ocasiones. Un conocimiento de la agrupación y aptitudes que le han hecho estar durante todo el concierto por encima de las circunstancias y deleitarnos con una de las mejores interpretaciones del Danubio Azul de la historia de esta cita anual.

Con todo, la preparación de este concierto demanda un esfuerzo gigantesco y dedicación absolutas que no tendrán oportunidad de ser explotados durante una gira o ciclo de conciertos; es un cartucho de una sola bala, de la que sacar partido en una sola ocasión. Todo ello rodeado de las flores de la comercialización, la venta de derechos, el marketing… un jardín en el que no todos los maestros consagrados tienen la necesidad de meterse, siendo como es una actuación difícilmente compensable. Y luego está la realización para televisión, en la que no todos los directores salen igual de favorecidos. Por desgracia, ha sido el caso de esta 78º edición, en la que hemos visto muy poco a Muti; su presencia en pantalla ha sido muy justa, y además en los momento de menor interés musical

Imagen de portada: el director Riccardo Muti, durante la celebración del Concierto de Año Nuevo de este año 2018 | rtve.es
Escrito por

Director de El Debate de Hoy. Profesor en la USP CEU.

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