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“Rodin” . Una biografía tediosa del escultor francés que daría mejor resultado como novela

La película francesa sobre el gran escultor Auguste Rodin se sostiene sobre un triángulo amoroso demasiado enfermizo. El gran problema de la cinta es su excesivo tono discursivo, algo que la convierte en aburrida e, incluso, desesperante.

FICHA TÉCNICA

Rodin

★★

Dirección: Jacques Doillon

Reparto: Vincent Lindon, Izïa Higelin, Séverine Caneele, Edward Akrout, Olivia Baes, Patricia Mazuy, Magdalena Malina, Zina Esepciuc, Lea Jackson, Anthony Bajon, Serge Bagdassarian, Maxence Tual, Serge Nicolai, Régis Royer, Pascal Casanova, Nathalie Bécue

Francia

2017

Duración: 119 minutos

Biopic

Sitio web

De Francia -¡cómo no!- llega esta biografía del famoso escultor Auguste Rodin (1840-1917), encarnado por Vincent Lindon. En realidad, la película del veterano Jacques Doillon, se centra en el periodo en el que en el artista coinciden sus dos grandes amores, Rose Beuret y Camille Claudel. Rose (interpretada por Séverine Caneele) fue su compañera leal toda su vida, y se casó con él poco antes de morir. Camille (Izïa Higelin), hermana de Paul Claudel, fue más bien su amante y discípula, durante casi diez años (1885–1893). Este es el periodo en el que se centra el guion, que coincide con la creación de tres obras a las que el film dedica especial atención: La puerta del infierno de Dante, la escultura de Victor Hugo, y la estatua de Balzac, que le supuso el rechazo de la opinión pública, y un punto y aparte en su carrera.

La película también toca, brevemente, la amistad de Rodin con Rilke, Monet, Cézanne y otros genios de la época, como el fotógrafo Edward Steichen. El film se cierra en la época en la que Rodin se estableció en la tranquila y espectacular Villa des Brillants, en Meudon, a las afueras de París, donde vivió con Reiner Maria Rilke, que le haría de secretario.

Jacques Doillon siempre ha sido amigo de historias turbulentas, disfuncionales o con morbo. En este caso, pone su foco en un tenso trío en dos de cuyos vértices hay dos mujeres opuestas: Rose, de cierta edad, de físico teutón, y entregada a las tareas de la casa; Camille, veinteañera, artista, sensual, voluptuosa y pasional. La primera es como la roca firme sobre la que puede descansar Rodin, la segunda es musa y desahogo, protagonista de una relación tormentosa que le acabará desequilibrando. Pero el problema de esta película no es lo enfermizo de esta especie de bigamia, asunto típico del cine francés, sino el tono discursivo del film que llega a ser verdaderamente tedioso.

Conversaciones, diálogos, reflexiones,… interesantes para ser leídas, pero aburridas y desesperantes para ser vistas en el cine. Además, la opción fotográfica de Christophe Beaucarne de desaturar hasta que parezca casi una cinta en blanco y negro, siendo en sí una decisión estéticamente interesante, contribuye a que el tedio se vuelva más plomizo. Incluso la música de Philippe Sarde, de cuerda, agradable en sí misma, adquiere demasiado protagonismo por lo fatigoso del resto. Solo resta decir, que los actores están soberbios, y que la dirección artística es notable. Falla la historia y la perspectiva que se le ha querido dar.

Imagen de portada: Fotograma de Rodin | Carame Films
Escrito por

Director de Cine de la Conferencia Episcopal Española y crítico cinematográfico en medios como 13Tv, Cadena Cope y el semanal Alfa&Omega.

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