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“La muerte de Stalin” . Un retrato irónico de una sociedad verídica definida por el miedo

La película es una sátira sobre los días previos al funeral de Stalin. Dos jornadas de duras peleas por el poder absoluto a través de manipulaciones, lujurias y traiciones. Deja una gran sonrisa en el espectador que se congela cuando se abren los libros de historia.

FICHA TÉCNICA

La muerte de Stalin

The Death of Stalin

★★★

Dirección: Armando Iannucci

GuionArmando Iannucci, David Schneider, Ian Martin, Peter Fellows (Cómic: Fabien Nury)

RepartoSteve Buscemi, Olga Kurylenko, Andrea Riseborough, Jason Isaacs, Paddy Considine, Jeffrey Tambor, Michael Palin, Rupert Friend, Simon Russell Beale, Paul Whitehouse, Dermot Crowley

Reino Unido, 2017

106 min.

Sitio Web

En los últimos años, se han realizado numerosas revisiones históricas del comunismo, con películas dramáticas, a menudo duras, que mostraban con elocuencia los horrores del llamado “socialismo real”. Pero hacer una crítica del régimen comunista en clave de comedia requiere un talento especial para no caer en el ridículo o en la frivolización. El británico de origen italiano Armando Iannucci, muy curtido en series de televisión, da muestras de ese talento en La muerte de Stalin. La película se centra en los últimos días de la vida del tirano y en los primeros de su sucesor, Gueorgui Malenkov. La película pone el foco sobre las luchas de poder y las ambiciones de los colaboradores cercanos de Stalin. Además del citado Malenkov (Jeffrey Tambor), entran en liza el jefe del Partido Comunista en Moscú, Nikita Kruschev (Steve Buscemi), el  jefe de la Policía y el Servicio Secreto (NKVD), Lavrenti Beria (Simon Russell Beale), y el vicepresidente, Viacheslav Mólotov (Michael Palin).

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La muerte de Stalin no se inventa los hechos, únicamente les da un tratamiento ligeramente histriónico, y a los personajes los dota de un carácter de acentos caricaturescos. Esa combinación, nunca excesivamente delirante, da como resultado una de las parodias más inteligentes que se han hecho sobre el estalinismo y sus métodos inhumanos. Iannucci observa con microscópica ironía la psicología de unos personajes nihilistas, mezquinos, patéticos y definidos por el miedo, el miedo a sus compañeros, a sus traiciones, a sus puñaladas por la espalda, a sus delaciones. De fondo, los ciudadanos anónimos, tratados como escoria, borreguilmente dóciles a un régimen de terror. Las purgas de Stalin, servidas por el más maquiavélico de todos sus colaboradores, Lavrenti Beria, aparecen como un ejercicio de arbitrariedad y monstruosa paranoia.

La puesta en escena es muy coral, con unos diálogos atropellados y verborreicos, que se antojan como una mezcla de conversaciones tarantinianas y woodyallenescas. La interpretación de los actores es magnífica y en ningún momento parecen notar que están haciendo una comedia. La película deja una gran sonrisa en el espectador, una sonrisa que se congela cuando se abren los libros de historia y se comprueba que todo fue, en lo esencial, verdad.

Escrito por

Director de Cine de la Conferencia Episcopal Española y crítico cinematográfico en medios como 13Tv, Cadena Cope y el semanal Alfa&Omega.

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