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“Bohemian Rhapsody”. Freddy Mercury en su grandeza y en su insatisfacción

Bohemian Rhapsody: el éxito de Queen personificado en la vida y la personalidad de Freddy Mercury. Una cinta que muestra al hombre oculto tras la estrella y en la que algunos confunden “dulcificación” con ansias voyeristas.

FICHA TÉCNICA

Bohemian Rhapsody

★★★★

Dirección: Bryan Singer y Dexter Fletcher

Reparto: Rami Malek, Joseph Mazzello, Ben Hardy, Gwilym Lee, Lucy Boynton

Estados Unidos,2018

Duración: 134 minutos

Biopic

Sitio web

Interpretar a Freddy Mercury ha sido la gesta que puede llevar a Rami Malek a ganar su primer Óscar. Ya es un firme candidato. Lo gane o no, su papel en Bohemian Rhapsody ha sido un auténtico tour de force. Porque Mercury, si algo ha sido y si algo se consideró a sí mismo, fue un entertainer, un hombre nacido para el espectáculo, con una pasión incontenible por la música, pero también por la representación y por la transformación de sí mismo en un personaje de leyenda. Sus primeros pasos en el mundo del showbizz los dio en tiempos del glam rock, de los disfraces, de la creación de personalidades excéntricas que no solo cantan, sino que entienden el rock and roll como un espectáculo completo, con la entrega de una imagen total, que con la música, el escenario y los vestidos crean un ambiente separado de la vida normal del espectador, que puede entrar, disfrutar y, como reconocía Mercury, “volver después a sus problemas”.

Freddie Mercury, alma mater de Queen, al igual que Roger Taylor, Brian May y John Deacon, nunca pudo ser encasillado o catalogado; los cuatro juntos, como Queen, siempre se movieron más rápido que las etiquetas. Su música evolucionó siempre, al igual que lo hizo su imagen. Cuatro tipos con un talento descomunal, con lucha de egos, con una rivalidad creativa como pocas veces ha habido, lograron una carrera musical que constituyó una leyenda, una epopeya. Al final, la prematura muerte de Mercury otorga un estatus que pocas veces concede el olimpo del rock: Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain, Amy Winehouse… Muertes producidas por las facturas que pasa un cuerpo maltratado, las únicas que siempre se pagan. Estos dioses del olimpo rock solo son superados por Lennon, a quien Freddy Mercury no dudaba en considerar el genio más absoluto.

Bohemian Rhapsody, la película que toma su nombre de una de las canciones más asombrosas de la banda, relata parte de la vida de la banda, centrada en su figura principal, no solo como cantante y frontman, sino como el gran compositor, el líder carismático y la voz que llevó a Queen a lo más alto del olimpo rock.

La película hubiera sido decepcionante si no encontráramos al Freddy de verdad, a la persona que se baja del escenario. “Cómo explicar que me vuelvo vulgar al bajarme de cada escenario”, cantaba el malogrado Enrique Urquijo. ¿Quién era Freddie Mercury lejos de los focos? Fuerza incontenible en acción, tuvo una vida muy distinta fuera. El acierto innegable de la película es que ese Freddie Mercury (Farrok Bulsara, nacido en 1946 en Zanzíbar) se nos muestra en su compleja vida: una vida marcada por una incesante búsqueda de placer: drogas, promiscuidad, bisexualidad, pasión por el lujo…

Se ha criticado que la película blanquea la imagen de Mercury, que no recoge su vida llevada al límite, lo cual es absurdo, porque todo se cuenta, nada se oculta, pero eso sí: no se glorifica nada. Sus fiestas aparecen, pero también la insatisfacción y la soledad; aparecen sus amantes y sus fiestas orgiásticas con otros hombres, pero aparecen reflejadas en el momento más verdadero: el fin de fiesta, cuando la droga está en el suelo y surge la pregunta sobre qué sentido tiene todo esto. El gran amor de la vida de Mercury (el origen de Love of my life), Mary Austen, constituye uno de los pocos asideros firmes de la vida de la estrella, a quien pone de nuevo en ruta de la vuelta a casa.

Las luces y las sombras de una estrella

Mercury nunca ocultó en sus entrevistas que estaba lleno de cicatrices, que no había conseguido nunca una relación amorosa de verdad y que se veía incapacitado (tampoco lo quería) para tener una familia de verdad, como el resto de los miembros de la banda. Acabó construyendo una coraza para no verse dañado, decepcionado y traicionado; y todo esto está en la película. ¿Qué más habría que enseñar? ¿No tenemos todos la experiencia humana del amor, del límite, del fracaso o del gozo? ¿Hay algo que deba mostrarnos un biopic que no sepamos ya? ¿Debe satisfacer un biopic las ansias de voyerismo? ¿Mejoraría eso la calidad del filme?

El guion optó finalmente por abordar el lapso de tiempo entre 1970 y 1985, fecha en que Queen participó en el Live Aid concert, iniciativa del músico y actor Bob Geldof, para contribuir a paliar la gran hambruna sufrida por Etiopía en los años 1983-1984. La idea de ceñirse a estos años deja un mal sabor de boca, al perder momentos importantes de la vida de Queen, especialmente los años desde que Freddie Mercury es consciente de haber contraído el sida; años que depararían nuevas cumbres artísticas para una banda que nunca se conformó y que nunca pretendió agarrarse a ninguna fórmula, por mucho éxito que le hubiera dado en el pasado.

No es poco tratar tantos temas y hacerlo equilibradamente. También se ha achacado a la película que hay demasiada música. Renunciar a ella sería poner un burka a una top model. Si algo ha hecho inmortal a Queen es su música. Su música sí “quiere vivir para siempre.

Imagen de portada: Cartel promocional de Bohemian Rhapsody | 20th Century Fox
Escrito por

Doctor en Historia. Director de Ediciones More. Crítico de cine.

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