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Bartolomé Bermejo, el maestro olvidado que recibe el homenaje del Prado

El Museo del Prado aprovecha su 200º aniversario para recordar a Bartolomé Bermejo. El pintor cordobés fue eclipsado por el arte del siglo XVI y no fue hasta el XIX cuando se reconsideró su figura.

FICHA TÉCNICA

Bartolomé Bermejo

Museo del Prado

Paseo del Prado, s/n (Madrid)

Hasta el 27 de enero de 2019

Entrada general: 15 €
Entrada reducida: 7,5 €

De lunes a sábado, de 10 a 20 h.
Domingos y festivos, de 10 a 19 h.

Sitio web

El Museo del Prado celebra su bicentenario. Dos siglos enteros deslumbrando al mundo con su colección de obras maestras de la historia del arte. Para celebrar tan ilustre acontecimiento, han querido organizar una serie de exposiciones con el objetivo de honrar su historia sin dejar de mirar al futuro. Una de ellas es la que, hasta el 27 de enero, podremos visitar sobre Bartolomé Bermejo, un pintor prácticamente desconocido para el gran público. Precisamente para hacerle un merecido homenaje y rescatarlo del olvido le han dedicado esta amplia retrospectiva, compuesta por 48 obras que recorren toda la trayectoria de este fascinante personaje.

Bartolomé de Cárdenas, más conocido como el Bermejo, probablemente por ser pelirrojo, nació en Córdoba en 1440. Nada sabemos con certeza sobre sus orígenes y formación, pero en 1468 encontramos su primera obra documentada, un San Miguel realizado en Valencia que demuestra que nos encontramos con un gran conocedor del arte flamenco. Ello ha dado lugar a grandes especulaciones acerca de dónde pudo adquirir semejantes conocimientos. Algunos han afirmado que viajó a los Países Bajos y allí, en contacto con los maestros de ese estilo, fue formándose como pintor. Pero, seguramente, no hiciera falta tal viaje, ya que la ciudad de Valencia, por aquellos tiempos, era un lugar muy cosmopolita donde podría haber conocido semejante arte.

En cualquier caso, Bermejo se revela, desde sus comienzos pictóricos, como un maestro en la, por entonces, novedosa técnica del óleo sobre tabla. Esto le permitió dotar a sus cuadros de una gran profundidad y de una variedad de efectos de ilusionismo pictórico, como los espectaculares reflejos de la luz al incidir sobre metales o piedras preciosas, o las sutiles transparencias que consiguió imprimir en gasas, telas y velos, además de una inmensa riqueza cromática, lograda tras hábiles combinaciones, que dan a sus pinturas una impresión verosímil y sofisticada. Sus obras brillan gracias a su dominio del óleo y a la ostentosidad de los lujos que en ellas representa, ya sea por los vestidos de los personajes o por la ominosa arquitectura.

Por otro lado, la temática de sus pinturas es puramente religiosa, lo que, sumado a su carácter itinerante (a lo largo de su vida residió, por lo menos, en Valencia, Daroca, Zaragoza y Barcelona) nos indica que, probablemente, tuviera orígenes de judío converso, como tantos en aquellos años en la península ibérica. El hecho de que dedicara sus obras a temas sagrados puede ser una manera de contentar a las autoridades y despejar cualquier tipo de duda acerca de la sinceridad de su conversión. Además, a menudo encabezaba sus firmas con las iniciales IHS, monograma del nombre de Jesús. Quizá el trabajo artístico de Bartolomé Bermejo fue también un altavoz para protegerse del clima de intolerancia de la época, del que fue uno de los perjudicados, al no poder asentarse definitivamente en ninguna ciudad.

Otro hecho que no debemos pasar por alto acerca de Bartolomé Bermejo es que asumiera con tanto orgullo su apodo, con el que firmó la mayoría de sus obras. Aparentemente irrelevante, es un indicador de que nos encontramos ante un artista con una marcada personalidad y muy consciente de sus habilidades, que, probablemente por su condición de converso y por las dificultades gremiales, se vio obligado, de mala gana en muchas ocasiones, a trabajar con otros maestros de menor destreza y categoría. Sin embargo, consiguió crearse un nombre y una reputación brillantes en su momento, y recibió incluso encargos internacionales, a pesar de su mal carácter, que lo llevó a no acabar muchos de los proyectos a los que se comprometía. Hasta tal punto llegaba su indisciplina que, en sus contratos, se incluía una cláusula de excomunión en caso de no finalizarlo, que llegó a hacerse efectiva en una ocasión.

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Para añadir más misterio a la figura de Bartolomé Bermejo, tras finalizar su obra maestra, la Piedad Desplá, una impresionante obra que puede contemplarse en la exposición, prácticamente desapareció del mapa en 1501, año a partir del cual no vuelve a tenerse constancia de su existencia. A lo largo del siglo XVI, su nombre fue poco a poco olvidándose hasta que, en el siglo XIX, algunos expertos empezaron a reconsiderar su figura.

En definitiva, acérquense al Museo del Prado y visiten esta la exposición. No pierdan la oportunidad de conocer a Bartolomé Bermejo, el que fuera, probablemente, el mejor pintor de su generación, que, por una causa o por otra, ha pasado a la posteridad en un discretísimo segundo plano. Es de agradecer que el Prado dedique sus esfuerzos a sacar al Bermejo de la oscuridad. Y, como siempre, ya que están, visiten el Museo y deléitense, que estamos de enhorabuena.

La exposición de Bartolomé Bermejo, entre las recomendaciones del pódcast Cultura y Debate


Imagen de portada: Detalle de la obra Santo Domingo de Silos entronizado como obispo, de Bartolomé Bermejo | Museo del Prado
Escrito por

Graduado en Humanidades por la Universidad Carlos III. Crítico de Arte.

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