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El enturbiado regreso de “Aida” al Real 20 años después se ahoga en la excesiva grandiosidad

El Teatro Real recupera la producción que el escenógrafo Hugo de Ana preparó para la temporada de 1998. El resultado ha sido espectacular, pero se ha visto ahogado por su propia grandiosidad.

FICHA TÉCNICA

Aida

Dirección: Nicola Luisotti

Teatro Real

Plaza de Isabel II, s/n. Madrid

Del 7 al 25 de marzo de 2018

Duración: 2 horas

Precio: De 37€ a 390 €

Sitio web

Aida es para algunos el ejemplo más paradigmático de lo que es verdaderamente una ópera. Como espectáculo visual y musical, y por la monumentalidad de la historia que relata es, según un criterio muy discutible, la ópera por excelencia. En consecuencia, la impaciencia ante el estreno esta temporada era más que notable.

Desde el primer momento, antes de comenzar la representación y con el público aún acomodándose, la expectación se inflamaba al contemplar un telón que simulaba un millar de piezas de plata labrada con motivos faraónicos. Una cortina que prometía esconder tras de sí la ventana capaz de transportar al abarrotado coliseo a lo más profundo del Egipto de Verdi. Las expectativas fueron cumplidas solo en parte.

Esta producción de Hugo de Ana, recuperada veinte años después de su última representación en 1999, ha sido maltratada por los años. La promesa de un viaje al país faraónico ha sido realizada con demasiado empeño y con una desmesurada pretensión de monumentalidad. A lo largo de las escenas, se van sucediendo escenarios gigantes que lo mismo nos trasladan al templo de Vulcano junto al Nilo, como a la falda de una pirámide o a un palacio de Menfis. Todo ello con un detalle y una grandiosidad que terminan por resultar incluso forzados en ciertos momentos. Pretende un realismo inalcanzable y tópico al recrear espacios de un Egipto que, por otra parte, poco tiene de riguroso en la obra del compositor italiano.

Esta espectacularidad se ve reforzada por los casi trescientos artistas que pasan por las tablas a lo largo de la representación. Entre los decorados, los personajes principales, el séquito de la princesa y también el del faraón, los soldados egipcios, sus prisioneros y casi la totalidad de la casta sacerdotal de todo el reino, en el escenario no cabe ni un alfiler. Si a eso le sumamos las procesiones que de tanto en tanto se pasean por el escenario sin ningún motivo aparente, portando como costaleros algún inmenso ídolo, hay momentos en los que roza el exceso, dejando a todo el público ojiplático.

Aida es una de la óperas más representadas de Verdi. En ella, tradición y modernidad se dan la mano para conferir a ese planteamiento clásico de la trama un nuevo colorido musical lleno de exotismo y de poesía. Encontramos a lo largo de la obra pasajes conmovedores llenos de delicadeza, como puede ser aquel de “Se quel guerrier io fossi!.. Celeste Aida”, que canta el general Radamés en el primer acto, o aquel dúo de “O terra, adio; adio valle di pianti”, de los dos enamorados al concluir el cuarto acto. Pero es en escenas de mayor grandiosidad, como el regreso de los soldados de la guerra contra Etiopía o la ceremonia en el templo de Vulcano -en las que el magistral Coro Intermezzo hace patente su valía- cuando la obra demuestra una verdadera consonancia con la escenografía de Hugo de Ana.

Entre el elenco encontramos interpretaciones desiguales. La soprano ucraniana Liudmyla Monastyrska cantó el papel de Aida con corrección, pero sin ningún derroche de dramatismo ni sutileza. Algo parecido sucedió con Violetta Urmana, de la que algunos opinan que se encuentra en el ocaso de su carrera, que afrontó la crucial interpretación de Amneris solo con algunos momentos verdaderamente álgidos. Por su parte, el punto cenital de este triángulo, Radamés, está defendido por el tenor Gregory Kunde, cuya interpretación fue ganando a medida que se acercaba el final de la obra.

Tras la caída del telón entre los aplausos, se recordó a Jesús López Cobos, director musical del Real durante siete años y que falleció el pasado 2 de marzo. Kunde aprovechó para hacer levantar de su localidad en la primera fila de la platea al tenor Pedro Lavirgen –que tantas veces interpretara al general Radamés a lo largo de su carrera– para compartir los aplausos con él.

Imagen de portada: Teatro Real | Javier Del Real
Escrito por

Periodista especializado en cultura y crítica literaria. Graduado en Humanidades y Periodismo.

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