Diario de análisis, reflexión y valores    

 

Luces y sombras de la televisión por internet . La calidad mejora pero aumenta la desigualdad

La televisión por internet se impone. Entre sus ventajas destacan la posibilidad de ver los programas a la carta y su oferta de buena calidad a bajo precio. Sin embargo, la desaparición de la fórmula tradicional tiene sus riesgos, como el fomento de la desigualdad.

Por más que los grandes grupos televisivos se esfuercen por maquillar las cifras, el consumo televisivo “tradicional” en España se ha convertido en el nuevo Partido Popular: una parte importante de su clientela no son sino personas para quienes las alternativas llegan demasiado tarde como para dejar de hacer ahora lo que se ha hecho siempre. Se está produciendo un cambio generacional en el que la delantera la llevan las plataformas de pago por contenidos. La última noticia del sector apunta a que Netflix estará disponible en los principales cauces de distribución de televisión de pago en España, sin contar con su propia plataforma, que cuenta con casi un millón y medio de abonados.

Se trata de una nueva televisión más “libre”, si se quiere, pero también una televisión que es menos “televisión” que la de antes, para bien y para mal.

Para muestra de lo que estoy hablando, cifras. El número de minutos que los españoles ven la televisión cada día lleva en caída constante desde 2013, según datos de Kantar Media, y solamente ha remontado en 2017 por una sencilla razón: se han cambiado los criterios de medición para incluir a más espectadores por aparato. Esta reducción se debe principalmente a dos factores: en primer lugar, pese a que el día sigue teniendo las mismas horas, la oferta audiovisual se ha multiplicado con la llegada del vídeo bajo demanda en internet, lo que quiere decir que la incorporación de las nuevas generaciones a la televisión tradicional ha sido menor que las de sus mayores. En segundo lugar, el hecho de que quienes mantienen esos hábitos de consumo televisivo “tradicional”, por dinámicas demográficas que no es necesario detallar, van siendo cada vez menos.

Paralelamente, la inversión publicitaria ha sufrido un bajón desde la crisis económica y, cuando parecía que iba a recuperarse, no lo ha hecho, o no al menos de la manera esperada. ¿Por qué? Porque durante ese lapso de tiempo ha ocurrido algo: ha entrado en escena un nuevo soporte para la publicidad audiovisual mucho más suculento, la televisión bajo demanda, que no solamente permite dirigir la publicidad de manera mucho más eficiente, sino que tiene entre su público mayoritario a los segmentos de población preferidos por los anunciantes: jóvenes y adultos jóvenes.

Televisión de pago . El videoclub en versión digital remueve los cimientos de la industria

Tal y como ocurrió con la prensa escrita, para la que internet iba a ser la gallina de los huevos de oro, lo que ha supuesto la “internetización” del vídeo no es otra cosa que la multiplicación exponencial de la oferta de soportes publicitarios. Por una norma básica de la economía, el precio de la publicidad audiovisual se ha reducido muchísimo: a mayor oferta de espacios e igual o menor demanda, menor precio.

Todo esto nos lleva a pronosticar un futuro no lejano en el que los grandes grupos televisivos, con sus grandes buques insignia (grandes canales de televisión tradicional con presupuestos multimillonarios) dejarán de existir tal y como los conocemos hoy. Eso no quita que algunos de ellos puedan readaptarse al sector, como lo está haciendo con algún éxito Atresmedia.

En definitiva, lo que nos espera es que la televisión “lineal” (aquella que tiene una programación horaria y se emite en directo) pase, con los años, a ser cada vez más un tipo de producción más “humilde” en cuanto a sus presupuestos.

Luces de la televisión por internet

Hasta aquí, algunos datos de lo que está ocurriendo y de lo que parece que va a ocurrir en el panorama televisivo español. La irrupción de la televisión “bajo demanda”, o, dicho de otro modo, de las plataformas de contenidos en vídeo, ha supuesto no obstante algunas novedades interesantes, la más obvia de las cuales consiste en poder ver los programas sin tener que estar atado a la parrilla televisiva. ¡Explíquenle a un niño de 10 años que antes tenían que poner una cinta para grabar el programa!

Cada vez más, está dejando de tener sentido buena parte de los programas de televisión, cuyo valor diferencial se limita a que “no echan nada mejor” a esa hora, lo cual, por lógica, habrá de redundar en una televisión de más calidad. Incluso dentro del ámbito de la televisión tradicional, los programas más rentables son aquellos que son capaces de tener una segunda vida en internet. El consumo televisivo en plataformas como Atresmedia está liderando la transición del modelo de televisión en España hacia las nuevas aguas del consumo audiovisual en internet.

No obstante, las producciones destinadas principalmente a internet han demostrado que, en muchos casos, no solamente saben ofrecer contenidos más interesantes que los que oferta la televisión tradicional, sino que su calidad audiovisual puede en algunos casos superar a la mayor parte de la industria del cine.

Netflix, HBO y, en menor medida, Amazon, son los grandes gigantes que han abierto las puertas a la “edad de oro” de las series en internet, pero existen también plataformas españolas de distribución que han logrado, de la mano de las compañías proveedoras de internet, generar negocios más que rentables en materia de distribución y producción de contenidos audiovisuales.

Junto con la mayor calidad de los programas, la oferta de un catálogo audiovisual de calidad con un potencial de distribución global ha permitido escalar los precios para ofrecer unas tarifas bastante asequibles. Ese es, probablemente, el golpe más contundente que ha dado la industria televisiva-cinematográfica a la piratería, mucho más que todas las leyes y cánones aprobados hasta ahora. Se ofrece buena calidad a bajo precio. Ya no sale tan a cuenta gastar tiempo en buscar una película, serie o documental pirateados que se dejen ver en una calidad de visionado poco más que mediocre (eso sin mencionar los subtítulos en chino).

Sombras del ocaso de la televisión tradicional

No obstante, y aunque a nadie le ponga triste que los grandes magnates del Sálvame Deluxe y de la septuagésima edición de Gran Hermano vayan teniendo que cambiar de quehaceres, la desaparición de la televisión tradicional tiene sus riesgos, tal vez inevitables. Entre estos quisiera señalar tres: en referencia a la televisión como espacio de ocio “común”, como soporte de información periodística y en lo que tiene que ver con el fin de la gratuidad del ocio televisivo.

Sobra reconocer que muchas de las críticas que se hagan a la calidad moral e intelectual de los programas de televisión que se emiten en España estarán bien dirigidas. Y, sin embargo, la televisión en España ha tenido una función aglutinante que no podemos pasar por alto. Incluso más allá de la omisión que los magnates de televisión han ejercido en cuanto a su función educativa (creando referentes bastante detestables), es preciso reconocerles que algo sí han logrado durante muchos años: reunir a personas, familias y estratos sociales muy distintos ante la televisión para ver “juntos” un programa, una serie, un culebrón…

Llegará el día en que tal vez lamentemos esa ausencia de espacios y referencias comunes. Es inevitable que, a mayor oferta de contenidos, se produzca una mayor atomización del consumo y que las referencias culturales comunes en nuestra sociedad sean cada vez menos. Los Serrano, por ejemplo, era una serie malísima, pero el hecho de que hubiese tantísimos españoles siguiéndola era una ocasión única para generar espacios de conversación y encuentro entre personas que a priori no creían tener mucho de qué hablar.

Las mil pantallas de televisión . Formas de ver imágenes con o sin sonido en la era digital

Junto con esto, se suele obviar a menudo que el mejor y más noble servicio que han ofrecido las televisiones en abierto en España ha sido, precisamente, el de ser vehículo privilegiado para el periodismo. El gran público suele obviar que el informativo diario (que generalmente no ve, salvo que ocurra algo) no es y no será nunca un programa de televisión rentable. Y suele olvidar también que la única razón por la que las principales cadenas de televisión siguen ofreciéndolo es precisamente por el prestigio que otorga el ser vehículo preferente del ejercicio esencial para la sociedad democrática que es el periodismo. Eso sí, se trata un prestigio caro, que se sufraga en muchos casos con los ingresos procedentes de otros programas de entretenimiento.

¿Espera alguien que Netflix, HBO, Yomvi, Amazon o cualesquiera plataformas de televisión bajo demanda asuman la tarea de informar a los ciudadanos de las cuestiones esenciales sobre su sociedad, cuando las televisiones tradicionales no dispongan ya de músculo económico para hacerlo? ¿Es deseable siquiera delegar esta tarea en empresas con estas características?

Por último, no podemos dejar de tener en cuenta que la transición hacia la televisión en internet significa, de forma invariable, la evolución de un sistema de televisión mayoritariamente gratuito hacia otro (todavía no mayoritario) de pago. Esto implica, lógicamente, que, por bajas que sean las tarifas de los nuevos operadores audiovisuales, se estará trazando una línea divisoria entre quienes pueden acceder a los contenidos de calidad y quienes tendrán que conformarse con la televisión “para pobres”, que hasta ahora había sido la televisión preferida de los españoles, pero que tal vez no pueda mantener su calidad por mucho más tiempo. Como en todo, en esto de la televisión resulta difícil pensar que el mercado tiene sus pros y sus contras y que la mayor libertad de elección, junto con la mayor oferta, habrán de producir, a la vez, mejor televisión, pero también más desigualdad.

Escrito por

Periodista de agencia y estudioso de Filosofía Política. Co-director de la revista Democresía. @IgnacioPou

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons