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Presentadores o anunciantes, pero periodistas, no . El hombre anuncio es hoy una realidad

El mundo de la comunicación y la publicidad van cada vez más de la mano. Los rostros de televisión son requeridos para realizar publicidad de una determinada marca en sus espacios informativos, hasta tal punto de que hoy en día se habla ya de “hombre anuncio”, algo que mina la credibilidad del informador y del periodismo.

En las televisiones y radios españolas se ha convertido en rutina escuchar anuncios en boca de conspicuos presentadores-conductores-directores de programas informativos y de actualidad. Lo que empezó como excepción ha devenido en norma, de tal forma que ya es parte del guion ensalzar las virtudes taumatúrgicas de cualquier producto de consumo, como si fuera el bálsamo de Fierabrás.

En esto de pregonar anuncios entre bloques de información casi nadie está libre y, por eso y otras causas, la credibilidad del periodista y de su producto, el periodismo, ha llegado a los suelos y continúa cavando, porque mezclar ambos ingredientes es como ligar agua y aceite. Ya se sabe que no es posible y que, como en tantas cosas, la mujer del César no solo debe serlo, sino parecerlo.

Hubo un tiempo no lejano en el que el código ético de los periodistas en España prohibía presentar un programa informativo y hacer anuncios en cualquier soporte, y mucho más penado resultaba combinar spot e información en un mismo lapso temporal y por la misma persona. Pero esta higiénica norma también ha saltado por los aires en nuestros predios, aunque siga vigente en la mayoría de los países europeos para escarnio de nuestra (su) laxa conciencia.

Hacer de hombre anuncio en el programa que se presenta y dirige figura en adenda escrita a muchos contratos que han impuesto los responsables de las cadenas y sus directores comerciales: cójase una parte de publicidad, líguese con otra de información, échese unas gotas de sonrisa y buen rollito, agítese con garbo y sírvase a temperatura ambiente para disfrute del (asombrado) consumidor y mayor beneficio de la marca que (le) paga.

En el vigente y laxo Código Deontológico de la Profesión Periodística, actualizado por la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE) en su Asamblea Ordinaria celebrada en Mérida, el 22 de abril de 2017, y al que se deben someter todos los socios de las asociaciones de la Prensa y de los colegios profesionales de periodistas, se señala en el artículo 6º del Capítulo III -Principios de Actuación-, que: “A fin de no inducir a error o confusión de los usuarios, el periodista está obligado a realizar una distinción formal y rigurosa entre la información y la publicidad. Se entiende contrario a la ética de la profesión periodística su ejercicio simultáneo con la publicidad o con aquellas actividades institucionales o privadas de comunicación social cuando afecten a los principios y normas deontológicas del periodismo”.  Y, aunque implícitamente, en el apartado 7º del mismo capítulo se recalca que “el periodista no aceptará, ni directa ni indirectamente, retribuciones o gratificaciones de terceros por promover, orientar, influir o haber publicado informaciones u opiniones de cualquier naturaleza”.

Presentadores que dejan atrás las normas del buen periodismo

A la vista de estos dos artículos, y escuchando y viendo los diversos programas de radio y televisión que pueblan las parrillas de ambos medios de comunicación, ¿alguien en su sano juicio puede sostener que sus presentadores-conductores no incumplen los preceptos del periodista y del buen periodismo? Quizás sea esta la razón de que muchos e históricos periodistas nunca hayan aceptado en sus empresas hacer de hombre anuncio y mezclar información con publicidad. Y que otros, más acomodaticios y esponjosos, hayan optado por denominarse con esa palabra tan totalizadora y anfibológica como es comunicador. ¿Comunicador de qué? ¿De ropa para señora, caballero y niño? presentadores

Las centenarias asociaciones de la Prensa y los noveles colegios de periodistas, estos últimos nacidos como setas, ni pueden ni quieren entrar en tierras pantanosas porque, al fin y a la postre, el periodismo no es profesión reglada y, por ello, tampoco colegiada. Cualquiera, por ágrafo que sea, la puede ejercer y, claro, lo que interesan son socios al kilo y no quilates de socios. Por no ser ya no es ni nombre para las decenas de facultades que han surgido en las numerosas universidades con las que hemos regado autonomías y provincias. Facultad de Ciencias de la Comunicación o de la Información (y de los grandes expresos europeos), pero ninguna en su frontispicio con algo tan claro y redondo como Facultad de Periodismo. presentadores

Escrito por

Ex Vicepresidente de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), articulista de La Voz de Galicia, miembro del Grupo Crónica. Primer director de Noticias de Antena 3 Televisión. Premio Salvador de Madariaga. Antenas de Oro y Plata.

Ultimo comentario
  • Esto es un fenomeno de la prensa española y de la tele aqui, pero no tanto en otros países. En alemania es impensable que un periodista o Presentador hace publicidad para un banco.

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