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El ‘periodismo declarativo’ colabora a difundir mentiras si el periodista no defiende la verdad

Desde hace años, la clase periodística y editorial mira hacia otro lado y no ejerce, como en la Transición, su obligación de contrapoder. El último ejemplo es el independentista Artur Mas, que se aprovecha del llamado periodismo declarativo, esa coartada de marketing frente al auténtico: el que se documenta, indaga, reflexiona, inquiere, busca la verdad y difunde. 

La BBC acaba de destituir a un periodista de su plantilla por no repreguntar y rebatir con datos fehacientes la tesis negacionista de un charlatán de feria al que puso el micrófono y negó con descaro el cambio climático, sabedor de que quien tenía enfrente permanecería mudo y seguiría la vitriólica mezcla de comunicación y marketing que ha anidado en muchos medios periodísticos.periodismo declarativo

Si en España se adoptase tan profiláctica medida, habría que expulsar a la mitad de los que ponen micrófonos y cámaras a los lenguaraces que pueblan el paisanaje político y que, tras el “canutazo”, se quedan mudos ante las mentiras y patochadas de su declarante. Es el llamado periodismo declarativo, que tanto daño hace al buen periodismo y a la credibilidad del periodista. El último ejemplo de esto que digo ha sido no replicar al independentista Artur Mas cuando, como apoyo a los sediciosos y destituidos miembros del Gobierno catalán que acudían a la Audiencia Nacional para rendir cuentas de sus tropelías ante la justicia, pidió con cara de solemnidad y ante cámaras y micrófonos: “Que no echen más gasolina al fuego”. Él, que lleva cinco años siendo un lanzallamas contra la convivencia de los catalanes y a favor de la bronca permanente mediante la financiación del entramado mediático (TV3, Catalunya Radio, televisiones y radios locales, diarios y semanarios de papel y digitales, etc.) y asociativo (ANC, Òmnium, AMI, CSC y AMC), construido por los independentistas para sus fines y que han protagonizado activamente el proceso de secesión desde septiembre de 2009.

Ninguno de los que pusieron en su boca los aparatos de grabación, ni muchos de los que difundieron su insulto a la inteligencia, le preguntaron o puntualizaron cómo se llama lo que él lleva años haciendo o por qué el contumaz incumplimiento de la ley que la Generalitat y el Parlament realizaban desde el 6 de septiembre, adoptando, de forma estentórea y ruidosa, bajo el falso pretexto de la legitimidad democrática, medidas que incluían la derogación de la Constitución en la comunidad autónoma, el incumplimiento de las resoluciones judiciales, incluidas las del Tribunal Constitucional, y hasta el nombramiento de jueces.

El periodismo declarativo que esconde la verdad

Desde hace años, muchos por desgracia, el periodismo en radio y en televisión, y a veces en prensa, es un periodismo declarativo, en el que solo interviene el sujeto supuestamente noticiable, sin mediación del periodista, sin pasar por su cedazo, sin intermediación. Y así aparecen en radio y televisión, por mor de la economía de esfuerzos y de escala y por la perversión del lenguaje, los llamados “totales”, que deberían llamarse “parciales”, por emitirse descontextualizados y sin réplica posible en la misma unidad de acto. Y, luego, muchos de esos “parciales” que son mentira se repiten hasta la saciedad en los medios de comunicación y en las redes sociales hasta convertirse en “verdad”.

Sin la connivencia y el silencio de los otros medios de comunicación no hubiera sido posible engañar durante tanto tiempo a la mitad de los catalanes y dejar en la inopia a la mayoría de los españoles; sin esa equidistancia, que no ecuanimidad, mostrada durante décadas por muchos periodistas no hubiera sido posible llegar hasta donde se ha llegado; sin tanta complicidad y sometimiento a lo políticamente correcto no hubiera sido posible ver lo que ahora vemos. Por eso, cuando se constata lo que está ocurriendo en Cataluña y se reparten culpas entre la clase política y los Gobiernos que se han sucedido desde Adolfo Suárez hay que incluir también a buena parte de la clase periodística y editorial, por haber mirado hacia otro lado y no haber ejercido, como en la Transición, su obligación de contrapoder.

El periodista debe ser curioso, escuchar mucho, tener saberes universales, porque el periodista es una persona de cultura, que decía Indro Montanelli, y el periodismo un ejercicio intelectual con reglas, ya que para la más insignificante tarea periodística (un breve, un pie de foto, un texto más amplio, una crónica, una entrevista) hay que elegir las palabras, el enfoque, sus componentes, su tono y hasta su latido. El periodista tiene que ser libre, experimentado, independiente, honesto; agitar conciencias (“ser como el tábano, que acicatea al caballo para mantenerlo despierto” -del Martín Fierro-) y ser humilde, muy humilde para estar en paz con tu conciencia sobre la base de un sentido personal de la ética y de la responsabilidad. Debe tener la obligación de expresar en voz alta lo que le dicte su conciencia y permitir a los demás que lo hagan; buscar diligentemente la verdad, verificando todo con trasparencia y escepticismo. Y, cuando reúna estos atributos, crecerá en credibilidad, que es a lo que debe aspirar todo periodista para ser respetado. Y como decía Manuel Martín Ferrand (La Coruña -11-12-1940, Madrid -30-8-2013), maestro de periodistas y para quien esta profesión es oficio menestral, crear valor para el público, que significa diferenciarse de los demás periodistas.

“La Escuela de Periodismo de El Debate” . Así empezó en España la formación de periodistas

Cosa que hizo otro maestro, el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales (Sevilla -7-8-1897-, Londres -4-5-1944-), cuando publicó en Ahora, a partir del 26 de febrero de 1936, ocho reportajes bajo el título ¿Qué pasa en Cataluña?, en los que narró con maestría el confuso estado de cosas en esa región española tras haber recuperado el Gobierno de la Generalitat, perdido en 1931 por la proclamación unilateral de la República catalana que hizo Francesc Maciá. ¿Acaso lo de ahora no suena a algo similar? ¿Cuántos han entrevistado, hablado y biografiado a Gonzalo Boye, el abogado chileno que defiende hoy a los exconsellers Comín y Serret, que fue condenado a 14 años de cárcel por colaborar con ETA en el secuestro de Emiliano Revilla?; ¿y cuántos a Carles Sastre, líder del sindicato subvencionado CSC, que organiza violentas huelgas políticas en Cataluña, condenado a 48 años de cárcel (de los que cumplió solo dos por la amnistía general de 1977) por el asesinato de José María Bultó?

Editores con rigor y brújula moral

Y para que existan buenos periodistas tiene que haber buenos editores, especie que también escasea. Un editor puro, de los de antes, es aquel que no utiliza el medio para su provecho, que no lo instrumentaliza, que no lo prostituye para otros fines espurios y torticeros que no sean los de ser un contrapoder del poder legítimamente constituido, que no lo somete a los dictados de los intereses económicos y comerciales. Es aquel capaz de construir en torno al medio y al periodista un ecosistema, una Redacción abierta a las ideas, al debate, a la confrontación, en donde el periodista se mueva con libertad de pensamiento, pudiendo ejercer plenamente el secreto profesional y la cláusula de conciencia (artículo 20 Constitución) y, como contrapartida, hacerlo con lealtad a las reglas de juego, que son el rigor y esa brújula moral que citan Kovach y Rosenstiel en Los elementos del periodismo. Eso es un verdadero editor, y de estos, créanme, quedan pocos.

Entre la comunicación y el marketing, el periodismo sigue en retroceso y con poco espacio. Hora es de recuperar el terreno perdido y salir del emparedado.

Imagen de portada: El expresidente de la Generalitat de Cataluña Artur Mas, último ejemplo de periodismo declarativo, junto al también expresidente Carles Puigdemont.
Escrito por

Ex Vicepresidente de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), articulista de La Voz de Galicia, miembro del Grupo Crónica. Primer director de Noticias de Antena 3 Televisión. Premio Salvador de Madariaga. Antenas de Oro y Plata.

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