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El efecto Trump en el renacer del periodismo . La mentira no se puede imponer a los hechos

El “efecto Trump” ha incrementado el respaldo de los lectores a los medios que alzan su voz contra el populismo. Una democracia no funciona cuando la gente acepta las mentiras como si fueran reales. El gran reto del periodismo es verificar los hechos y contarlos con sinceridad y sin miedo. 

El emperador está desnudo y lo sabe, por eso intenta acallar a los que señalan sus vergüenzas, pero ya no funciona. Una de las conclusiones del Digital News Report que acaba de publicar el Reuters Institute for the Study of Journalism es precisamente esa: en Estados Unidos, el “efecto Trump” ha elevado del 9% al 16% el porcentaje de usuarios que se han suscrito a las noticias en línea. Ese aumento de lectores fue a parar a medios como The New York Times, The Washington Post y The Wall Street Journal.

Los medios que alzan su voz contra los populismos que intentan deslegitimar el contrapoder del periodismo honesto y riguroso se están viendo respaldados por el interés de los lectores; al menos esa es la tendencia que se aprecia, aunque sea tímidamente.

Cuando, en agosto de 2013, Jeff Bezos compró The Washington Post, muchos lloraron por la histórica y prestigiosa cabecera, que llevaba años sufriendo pérdidas millonarias, pero lo cierto es que la visión del fundador de Amazon y la acertada dirección de Martin Baron han logrado lo impensable: en 2016, el diario ha cerrado el año con beneficios, ha incrementado su audiencia un 70% y The Washington Post presume de tener, solo en Estados Unidos, más de 106 millones de visitantes únicos al mes. La clave: el maridaje del periodismo de calidad con la tecnología más puntera.

La Escuela de Periodismo de El Debate

Con la seguridad de quien se sabe en el camino correcto y la sencillez de quien es consciente del valor del trabajo en equipo, Martin Baron ha explicado en muchos foros su fórmula magistral del éxito: una redacción en la que trabajan de la mano ingenieros y periodistas 24 horas al día, todos los días de la semana, nuevos recursos para blogs, newsletters y alertas de noticia pero, sobre todo, la misma filosofía que recomendó Jeff Jarvis cuando visitó la Universidad CEU San Pablo: poner al público en el centro del proceso.

Conectar es la clave: han apostado por la experiencia móvil, han cambiado los horarios de trabajo de los periodistas para ofrecer los contenidos elaborados a primera hora de la mañana para coincidir con los picos de lectores de internet; han reforzado el equipo de expertos en verificación de datos y aprovechan las facilidades de la web para contar con colaboradores en todas partes del mundo. También han recuperado el podcast y han apostado por nuevas narrativas que incluyen vídeo, audio y animaciones, pero sobre todo han aprendido a escuchar a sus lectores para hacerles sentir las noticias.

Pero eso no es suficiente; detrás de esas buenas ideas, hay periodistas que buscan la verdad de las cosas, y ese es el gran reto que tiene que afrontar el periodismo: mantener la huella de su identidad. Martin Baron lo denuncia en todos los lugares a los que va: “¿Cómo podemos tener una democracia que funcione cuando la gente acepta las mentiras como si fueran hechos reales?”, se pregunta el director del Post, mientras explica que entre el 5% y el 29% de los norteamericanos prefiere creer en bulos y mentiras, a pesar de que los datos objetivos demuestren su falsedad, como que el 11-S lo organizó el Gobierno o que las matanzas en institutos estadounidenses son montajes protagonizados por actores para obligar a que se controle la posesión de armas.

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La mentira no puede imponerse a los hechos; según el informe del Digital News Report, un 40 % de los encuestados en todo el mundo cree que los medios de comunicación clásicos distinguen bien entre hechos y ficción y solo un 24 % cree de las redes sociales también lo hacen.

El informe del Reuters Institute coincide con la última charla que ha dado en Italia Jeff Bezos, en la que concluye que el periodismo de investigación debe basarse en un modelo que los lectores estén dispuestos a apoyar. Ese es el auténtico futuro del periodismo: un cambio cultural como el que está empezando a surgir tímidamente en Estados Unidos, con lectores dispuestos a pagar para que les cuenten la verdad, porque esa es la esencia del periodismo, verificar los hechos y contarlos como son, con sinceridad y sin miedo, porque, como diría Quevedo: “Sepa quien lo niega, y quien lo duda, que es lengua la verdad de Dios severo, y la lengua de Dios nunca fue muda”.

Escrito por

Directora del Departamento de Periodismo de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la USP CEU.

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