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El nuevo iPad de Apple decreta la muerte del portátil . El HomePod entra en nuestras vidas

Apple marca nuestros objetivos tecnológicos. El iPad Pro desbancará al portátil en casa y en el trabajo. El nuevo sistema operativo iOS 11 ayudará y la sociedad volverá a avanzar al paso que marcan los tambores de la empresa americana. Su nuevo altavoz va más allá y se convierte en un asistente peligroso.

Lo que un día hizo Apple por la sociedad quedará marcado para siempre en nuestro recuerdo y en el de las generaciones venideras. Aseguran los expertos que el crecimiento de la tecnología es exponencial. De un avance, se sucede más rápido el siguiente y así sucesivamente. En 1953, IBM construyó su primera computadora industrial. En 60 años hemos conseguido más que en los siglos anteriores. El progreso.

La última convención de Apple marca las directrices de lo que la empresa americana quiere para nosotros en los próximos años. Ellos imponen el ritmo. Igual que lo hicieron en 2009 cuando el iPhone 3GS llegó a España y nos obligó a todos a ponernos a la altura del dispositivo que depositaban en nuestras manos como el Santo Grial. El resto de marcas llegó después.

Antes del año 2050, la tecnología te dejará ver en la oscuridad

Ahora, Apple apuesta por el iPad. En 2010 volvían a bifurcar el camino. A decirle a la sociedad que esas tabletas consignarían su ritmo de vida personal y profesional. Después de ese primer modelo llegaron más, en diferentes tamaños. También la competencia se sumó a imitar y mejorar el modelo ‘tableta’.

La sinergia tecnológica abre una nueva ventana con el iPad Pro, que ha presentado Apple en San José (California). Sinergia con la propia Microsoft, rival eterno y compañero de desarrollo con el Surface Pro. El líder que mira a la cara a otro líder para crecer juntos. Ambos han señalado el camino profesional del futuro, un camino donde el portátil habrá desaparecido.

El usuario vuelve a ser adiestrado. Sus hábitos, variados. Su dinero, canalizado adonde debe ser gastado. El nuevo MacBook Pro es el caballo de Troya silencioso que se ha colado en millones de hogares con el famoso puerto USB-C. Un nuevo estándar de conectividad que hace que todo lo que teníamos antes quede obsoleto. El dispendio es mayúsculo. La evolución, también.

Pero Apple ha decidido escuchar al usuario. Sus iPad Pro están por las empresas de todo el mundo. Millones de dólares en programas de desarrollo para que su tableta sea santo y seña de trabajadores motivados por tener en sus manos tecnología punta. Las limitaciones no importan. Nadie se acuerda de ellas. Pero ahí están y, sin que sirva de precedente, la empresa del valle del silicio ha diseñado un nuevo sistema operativo que acerca al ordenador al nuevo iPad Pro. Como los dedos del Creador tocando a Adán para darle vida que ilustran los techos de la Capilla Sixtina.

Ahora ya no podemos negarnos. Los escépticos que nos dejamos llevar conscientemente por la supremacía intelectual de Apple agachamos la cabeza para aceptar que el futuro es del iPad, de las tabletas. Hace tiempo que se escribió el óbito del ordenador de sobremesa y empezamos a afilar el lápiz para redactar el del portátil.

La famosa conferencia de desarrolladores de Apple dejó otra noticia para la historia y que algún día desenterraremos de las hemerotecas digitales para escarnio público. HomePod. Quédense con ese nombre porque el futuro es suyo. Llegará a nuestras casas en forma del ‘nuevo altavoz de Apple’. Nos hará gracia poder hablar con él. Preguntarle cuándo escribió Orwell 1984, por ejemplo, o pedirle que reproduzca Stand by me. El problema llegará cuando la televisión también sea capaz de hablar con ‘nuestro’ altavoz, cuando sea capaz de pedirle cosas sin contar con nuestra voluntad. Los obstáculos del progreso. ¿O son simples baches?

Apple sigue marcando el paso de la civilización. No hay duda de que sus apuestas son arriesgadas y ganadoras pero, lo más importante, sentencian el futuro. Y no importa si no estamos dentro de su mundo. La competencia se mimetiza sin pudor. “Todo lo que no es tradición es copia”, fotografía un chaval con su iPhone delante del Casón del Buen Retiro. La vida.

Imposible cortar las cuerdas del fantoche que mueve Apple. Inviable rogarle por el bien de nuestra economía doméstica. Inútil implorar por la inmortalidad de nuestros dispositivos. Entramos en las cloacas de la obsolescencia programada. La manzana mordida se convierte en manzana podrida cuando juega con la caducidad de nuestros resortes. Pero de eso hablaremos otro día.

Escrito por

Periodista en El Debate de Hoy. Presentador del programa de fútbol sala, Pista Azul.

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