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Amor, humor y emoción: los valores del éxito de la televisión en familia de Antonio Mercero

Con la muerte de Antonio Mercero se va uno de los directores que mejor ha sabido sentar a la familia frente al televisor. Con series como Verano Azul o Farmacia de Guardia consiguió despertar las emociones del espectador.

Pensaba escribir sobre los valores de las series españolas actuales. Y digo -mejor, escribo- “pensaba” porque nos ha dejado el maestro Antonio Mercero (Guipúzcoa, 1936 – Madrid, 2018)​ . Si hay alguien que haya transmitido valores en España con sus series de televisión y con sus películas, ése es Antonio Mercero. Así que ya habrá tiempo y espacio para hablar -mejor, escribir- en otra ocasión sobre los valores que transmiten algunas de las series españolas de nuestro tiempo. Pero es de ley que ese tiempo y ese espacio sean ahora para rendir homenaje a la persona que conseguía algo que en la sociedad actual es cada vez más complicado: juntar a la familia ante la televisión.

Ahora los televisores tienen todo tipo de conexiones, pero hay una de la que carecen y seguirán careciendo como máquinas que son. De la más importante: de la conexión con las emociones del espectador. En eso Antonio Mercero sí que era una máquina. Daba igual que fuera despertándonos angustia, como en esa obra maestra que es La cabina; risas, como en Farmacia de guardia; o ternura, como en Verano azul. Mercero reunía a las familias ante el televisor. Y, mucho más aún, las unía. En silencio, pero las unía.

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Hace tiempo que esa capacidad de unir a la familia que tenían las series o los programas de televisión se ha ido diluyendo. ¿Por el desarrollo de la tecnología? Seguro. Es paradójico pero, en el momento en el que más posibilidades de conexión con el resto del mundo tenemos a nuestro alcance, más desconectados estamos de quienes tenemos a nuestro lado. Cada uno ve algo diferente, en un momento diferente y en un dispositivo diferente. ¿Pero eso es solo consecuencia de la tecnología? Seguramente, no. También influye un factor decisivo como la educación. Y, en menor medida, el contenido de los programas de televisión y de muchas series extranjeras, más que la forma, tampoco ayuda a que las familias compartan un tiempo de ocio que ahora se ha individualizado de forma exagerada.

Como los grandes maestros de la cocina, Antonio Mercero no tenía reparos en compartir su receta con los demás. La fórmula de su obra era sencilla: amor, humor y emoción. Aún hoy, 11 años después de aquella entrevista que tuvimos cerca de su casa para el diario Qué! y que su generosidad y cercanía convirtió en amigable charla de aperitivo, me asombra la aparente sencillez de su fórmula. Amor, humor y emoción. ¿Acaso no es eso lo que buscamos cuando vemos una película o una serie? Ahora que lo pienso, esa también es una buena fórmula para vivir…

Apenas compartí una hora con Mercero, pero es fácil pensar que esos tres ingredientes, además de estar muy presentes en su obra, también lo estaban en su vida. Y más en aquel momento, cuando iba a estrenar la que sería su última película –Y tú, ¿quién eres?, una conmovedora película sobre el Alzheimer, la enfermedad que padecía- y cuando estaba a punto de recibir el homenaje del Festival de San Sebastián.

Vuelvo a repasar la fórmula. Amor. Por la vida y por la profesión. Humor. El que derrochaba en esa conversación y se adivinaba en sus rodajes y grabaciones. Y emoción. La que sentía en aquel momento por el premio que le iban a dar en San Sebastián y la que se desprendía de sus reencuentros en Nerja, la bella localidad malagueña donde se grabó Verano azul. La fórmula sería sencilla, pero sólo un maestro como Antonio Mercero conocía las proporciones de cada ingrediente, el momento exacto en el que debía utilizarse y dar ese toque personal a cada composición para alcanzar la excelencia.

El último episodio de Farmacia de guardia, emitido el 28 de diciembre de 1995, fue visto por una media de 11.527.000 personas y alcanzó una cuota de pantalla del 62,8%. El minuto de oro congregó a 13.850.000 espectadores. Los números asustan, sobre todo por dos razones: una, que la competencia era mayor que solo unos años antes cuando aún no existían las cadenas privadas; y dos, porque ahora, con la fragmentación de las audiencias, es impensable que una serie de televisión logre unos datos similares. Pero lo que de verdad asusta, es que se haya perdido esa (bendita) cotidianidad de sentarnos en familia delante del televisor para amar, reír o emocionarnos juntos con series como las de Antonio Mercero.

Maestro, gracias por aquel aperitivo y por unirnos a todos en familia. Seguro que la fórmula también le funciona en el cielo.

Imagen de portada: Antonio Mercero posa junto a los actores de la serie Farmacia de Guardia
Escrito por

Periodista. Editor de Cine y Series en Radar, la web de cultura y ocio de El Corte Inglés. Colaborador web en diferentes portales de Antevenio. Antes, en Diario Qué!, Que.es y la web de deportes Grada360 del grupo Vocento.

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