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Paternidad y cerebro . Ambos progenitores son necesarios para que el ser humano madure

En la maternidad y en la paternidad se dan cambios hormonales relacionados con la actividad del cerebro. El ser humano necesita a sus dos progenitores para madurar, pues son complementarios. En la familia monoparental puede haber mucho dolor.

El varón tiene la posibilidad de ser padre; la mujer, de ser madre. Sean o no factibles la paternidad o la maternidad, los cerebros de ambos sexos son iguales estructuralmente. Y, al mismo tiempo, cada cerebro es distinto del otro en su “vivencia” de la paternidad o de la maternidad.

Además, los cromosomas sexuales XY (en el varón) o XX (en la mujer) moldean el cerebro en direcciones distintas, fenómeno que va aconteciendo desde la etapa embrionaria hasta la vejez. Así, determinadas zonas del cerebro se desarrollan más o menos dependiendo del sexo correspondiente.

El gran “estirón” se da en la pubertad, etapa de la vida en que se termina de perfilar el moldeamiento del organismo, de acuerdo a lo que dictan los genes y, sobre todo, las hormonas sexuales. Esta es una época crucial en el aspecto emotivo, emocional.

Las dos formas del ser humano

Por tanto, hormonalmente, psicológicamente, corporalmente, socialmente, existen dos formas de ser humano: masculina o femenina.

Y en el embarazo, el cerebro de la madre cambia, en consonancia con la situación. El cerebro de la mujer embarazada, influido por la gestación, funciona de forma tal que se dispone al servicio de esa vida engendrada.

Aunque el organismo del hijo es distinto del materno y, por tanto, podría ser rechazado inmunológicamente, no ocurre así: incluso células embrionarias, fetales, pasan a la madre, no produciéndose ninguna reacción adversa frente a las mismas.

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Todos los vivientes se comunican con el medio, se comunican entre sí y también se interrelacionan las partes que constituyen el organismo.

En el embarazo hay una comunicación química materno-filial de gran envergadura. Precisamente, una madre, aparte de sus propias células, posee además en su organismo tantos tipos de células como el número de embarazos que ha tenido, haya habido o no una gestación completa, haya habido o no un aborto. Son células que circulan en el torrente sanguíneo de la madre y que se almacenan especialmente en su médula ósea.

Todos estos acontecimientos pueden ser la base orgánica del fuerte vínculo madre-hijo, que se inicia en el embarazo y perdura toda la vida. Por eso, la interrupción del proceso del embarazo afecta muchas veces, y de forma considerable, a la salud psíquica de la mujer. Los psiquiatras conocen cómo un aborto y, sobre todo, si es provocado, puede dar lugar a graves situaciones mentales anómalas en la mujer.

Padre y madre son complementarios

Pero también la paternidad supone cambios fisiológicos, aunque menos patentes que en el caso de la maternidad. Y hay que tener en cuenta que el comportamiento paternal va estrechamente ligado a la monogamia: entre los mamíferos, tal comportamiento se encuentra, fundamentalmente, en los primates y en algunos roedores, como son los topillos. En ratones machos, se ha visto que la interacción con las crías incrementa la neurogénesis en el hipocampo, es decir, la formación de nuevas células nerviosas (las neuronas) en esta zona del cerebro, que tiene mucho que ver con los procesos de memoria. También se ha visto, en humanos, que la paternidad reduce la tendencia al estrés; es explicable, pues la atención a los demás es saludable, no así el narcisismo, el egoísmo, el pensar en uno mismo.

Tanto en la maternidad como en la paternidad (sobre todo en las madres) se dan cambios hormonales, muy en relación con la actividad de una zona profunda del cerebro, la llamada área preóptica, según se ha visto en animales de experimentación. Se puede decir lo mismo de la especie humana.

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Además, la paternidad y la maternidad son importantes para el normal desarrollo del cerebro del hijo. En este sentido, el ser humano, para su maduración, necesita al padre y a la madre. Son distintas las funciones de ambos progenitores, lo que quiere decir que los dos son complementarios, no solo en cuanto a su realización personal como padre y como madre, sino también en cuanto a la conformación cerebral del hijo.

La impronta materna es necesaria, pero también lo es la paterna. Por eso, en la familia monoparental puede haber mucho dolor, sobre todo si la situación es consecuencia de una ruptura personal entre el padre y la madre. No hay que olvidar que la unión de un varón y una mujer crea una familia; de ahí que la familia monoparental necesite ayuda, apoyo, sobre todo de tipo humano. Es lo que psicólogos y sociólogos propugnan.

Imagen de portada: Detalle de la obra Una familia, del artista colombiano Fernando Botero
Escrito por

Catedrático Honorario de Anatomía y Neuroanatomía de la Universidad de Navarra. Catedrático Honorario de Neuroanatomía de la USP CEU. Fue Catedrático de Anatomía en la Universidad Autónoma de Madrid.

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