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El libre albedrío . La neurociencia pone en duda el mecanismo que nos hace decidir

Las nuevas técnicas de imagen han incrementado la capacidad de estudiar el cerebro humano vivo, permitiendo incluso observar en directo procesos de toma de decisiones. Se afirma que todo lo que decidimos surge de manera inconsciente.

El estudio pionero en este campo fue diseñado por Benjamin Libet en la década de los 80. Se intentó detectar las acciones de los voluntarios participantes en el estudio antes de que ellos fueran conscientes de que iban a realizarlas. Los experimentos parecieron demostrar que al menos algunas acciones se inician inconscientemente en un primer momento y entran en la conciencia después. Libet descubrió que la actividad cerebral inconsciente que conduce a la decisión consciente por parte del sujeto de, por ejemplo, alzar su muñeca, comenzaba aproximadamente medio segundo antes de que el sujeto sintiera que había decidido hacerlo. La creencia de que la decisión se producía a instancias de su voluntad sería solo debida a su perspectiva retrospectiva sobre el evento.

Los experimentos de Libet, y otros muchos posteriores, han propiciado toda una catarata de conclusiones radicales acerca del libre albedrío por parte de numerosos científicos, en general muy mediáticos y activos en redes sociales. Mayoritariamente se considera finiquitada la libertad humana como una ilusión basada en la complejidad de los condicionamientos de nuestras decisiones que, sin embargo, serían del todo automáticas. La aparición de la neurociencia más bien habría derivado en una neurociencia de la falta de libre albedrío. Se afirma que todo lo que decidimos surge en nuestro cerebro de manera inconsciente, sin intervención de la voluntad, y que luego somos simplemente informados y nos engañamos pensando que hemos decidido libremente. Sin embargo, recientemente se ha dicho que la neurociencia y el concepto tradicional del libre albedrío están reconsiderando su divorcio.

Se afirma que todo lo que decidimos surge en nuestro cerebro de manera inconsciente, sin intervención de la voluntad, y que luego somos simplemente informados

Un trabajo publicado en Nature Neuroscience en 2008, dirigido por John-Dylan Haynes, de la Charité – Universitätsmedizin de Berlín, utilizó la novedosa técnica de la resonancia magnética funcional de imagen (fRMI) para estudiar la anticipación del cerebro a las decisiones conscientes, con un experimento que tenía puntos en común con el de Libet pero que era bastante más refinado. Esta técnica permite observar las áreas del cerebro que se activan ante un estímulo, basándose en el incremento del consumo de oxígeno.

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El experimento pretendía solventar las dudas que había generado el de Libet en cuanto a las deficiencias en la medida de los tiempos y en la inespecificidad del efecto de preparación de la onda cerebral eléctrica como posible simple aumento de la atención. Se pidió a una serie de sujetos que se relajaran y se les presentó una cadena de letras en una pantalla a una velocidad de una letra cada medio segundo. Cuando sentían la urgencia de hacerlo, apretaban uno de dos botones con sus dedos índices izquierdo o derecho. En el momento de haber sentido la necesidad de hacerlo, debían recordar la letra que estaba pasando por la pantalla. Después de apretar el botón visualizaban una pantalla con cuatro letras entre las que estaban las últimas en aparecer y comunicaban la letra que habían visto. Mientras tanto, sus cerebros eran monitorizados por fRMI observando la activación de partes del córtex frontal, del córtex motor primario y del SMA (área motora suplementaria).

Siete segundos antes de que el sujeto sintiera que había tomado la decisión, se ponían en marcha zonas del cerebro correspondientes al hemisferio en el cual se había decidido mover el dedo

Los resultados fueron bastante espectaculares porque, siete segundos antes de que el sujeto sintiera que había tomado la decisión, se ponían en marcha zonas del cerebro correspondientes al hemisferio en el cual se había decidido mover el dedo. En cuanto al momento en el que se iba a producir la decisión, se podía ver cerebralmente que se iba a tomar hasta 5 segundos antes de que el sujeto sintiera la urgencia consciente de apretar el botón. Por tanto, había varias zonas del cerebro que se activaban. Por una parte, zonas que determinaban el momento de la decisión motora y otras que determinaban cuál de las dos decisiones -derecha o izquierda- se iba a tomar.

neurociencia

Todo lo que decidimos surge en nuestro cerebro de manera inconsciente

A la hora de interpretar estos resultados, los autores señalaron que sus resultados “sugieren que la decisión tomada por el sujeto alcanza la conciencia muy influenciada por la actividad inconsciente del cerebro, que se desarrolla hasta diez segundos antes”. Más que plenamente inconsciente, la decisión estaría influenciada por el inconsciente. En cuanto al papel de SMA, parece que es posterior a la iluminación de zonas del córtex frontal y del precuneus. La respuesta motora se construiría en el SMA todavía antes de la consciencia de la decisión. Como dijo Samuel Dennett, la conclusión de este estudio sería: “No juegues a piedra, papel, tijera con Haynes si tienes tu cabeza metida en un equipo de resonancia”.

Los participantes tenían que presionar un pedal lo más rápido posible cada vez que veían una luz verde y cancelar este movimiento cada vez que veían una luz roja

Sin embargo, en otro estudio publicado este mismo año en PNAS, el grupo de Haynes plantea que hay cierta evidencia que apunta en la dirección de validar la existencia del veto consciente. Utilizando una forma de integración cerebro-ordenador, estudiaron si los participantes podían cancelar un movimiento después del inicio de la actividad cerebral no consciente de preparación, que ya había identificado Libet. Un resultado positivo constituiría una señal de que los seres humanos pueden intervenir de manera consciente y realizar procesos de “veto” que algunos habían considerado previamente automáticos y más allá del control intencional.

Conclusiones sesgadas y precipitadas

El experimento consistió en que los participantes tenían que presionar un pedal lo más rápido posible cada vez que veían una luz verde y cancelar este movimiento cada vez que veían una luz roja. Los investigadores pusieron la luz roja bajo el control de un equipo que estaba vigilando las ondas cerebrales de los participantes. Cada vez que el ordenador detectaba signos de actividad cerebral no consciente de preparación, se encendía la luz roja. Si esta actividad preparatoria es verdaderamente una señal de acciones que están fuera del control consciente, los participantes no deberían haber sido capaces de responder a estas luces rojas repentinas. Sin embargo, en muchos casos, fueron capaces de anular la actividad cerebral no consciente de preparación y detener el movimiento de los pies antes de que comenzara. Estos resultados sugieren que la actividad identificada por Libet puede, de hecho, ser vetada por la voluntad consciente.

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Estamos muy lejos de poder estudiar la actividad cerebral involucrada en las decisiones complejas y aun así muchos sacan conclusiones sesgadas y precipitadas a partir de experimentos que tan solo muestran el comportamiento del cerebro frente a decisiones simples e intrascendentes. Nos espera un futuro apasionante en el ámbito de la investigación del cerebro que no debemos llenar de ruido ocasionado por científicos empeñados más bien en hacer de filósofos. El libre albedrío es un asunto clave en nuestra concepción del hombre y todavía es prematuro afirmar que la neurociencia pueda ser quien defina este concepto.

Escrito por

Catedrático de Química Orgánica en la USP CEU y Licenciado en Ciencias Empresariales. Dirige el grupo de investigación de síntesis con compuestos organometálicos. Pertenece al grupo de trabajo Ciencia y Fe.

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