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Flores de Bach, un “remedio para el rescate” sin evidencias científicas

Las flores de Bach son una especie de infusiones que sirven para solucionar cualquier tipo de dolencia. Sin embargo, no hay ninguna evidencia científica sobre su eficacia, lo que las convierte en un ejemplo de pseudociencia.

El auge de las pseudociencias no deja de sorprendernos. Si la homeopatía, que ya tratamos, ha extendido sus redes hasta ser un próspero negocio multinacional, resulta que existen algunas derivaciones suyas todavía más fabulosas y disparatadas con las que algunos están haciendo pingües negocios. Una de ellas consiste en la venta de las denominadas flores de Bach. Son una especie de infusiones que se venden sobre todo por Internet. En Amazon cuesta 12,02 € cada botellita de 20 ml y se pueden acompañar de un libro sobre la filosofía en la que se basa esta forma de sanación. Hay montones de preparados de flores de Bach, más de 50, cada uno basada en una planta concreta y que sirve para sanar algún tipo de dolencia.

La homeopatía, el placebo que no sirve

Pero no son solamente enfermedades. Las indicaciones más habituales hacen referencia al estado de ánimo, el carácter y las relaciones sociales. Fíjense: algunos de estos remedios sirven para eliminar miedos irracionales, ser más tolerante, amar más a los animales, terminar con la voluntad débil, aprender a decir no o acabar con la timidez, la soledad y la indecisión. Y luego tienen una especie de mezcla de todos ellos a la que llaman algo parecido a “el remedio para el rescate”, que supongo que debe funcionar como el bálsamo de Fierabrás o la purga de Benito, es decir, un curalotodo. Como pasa con todas estas cosas, viene todo revestido de filosofía, espiritualidad e íntima conexión con la naturaleza.

El origen de las flores de Bach hay que buscarlo en Edward Bach, un homeópata de principios del siglo XX que en el año 1936 decidió seguir su propio camino y vender estos preparados. Básicamente, contienen un 50% de agua y un 50% de brandy con algo de esencia floral. El sólido estudio científico que asignaba a cada flor su indicación se basaba nada menos que en la intuición. El señor Bach suponía que la energía negativa producía malos humores, que entraban en conflicto con el alma y rompían la armonía de nuestra vida. Esta podía recuperarse gracias a nuestra conexión psíquica con las plantas y particularmente con las flores, tocadas por la mano divina que les dio el poder de curarlo todo.

Bach acariciaba diversas plantas y flores cuando tenía una emoción negativa y anotaba cuál de ellas había aliviado tal emoción. Después, recogía el agua del rocío que a primera hora de la mañana quedaba poéticamente depositada sobre los pétalos de la flor. Se supone que el poder de exhalación del mal es transmitido desde el pétalo al agua y esas gotas conservan la memoria de ese poder y lo trasmiten a toda la disolución de la botellita. Asombroso, sobran las palabras.

Sanadores a distancia

No se presenta ninguna evidencia científica sobre la eficacia de las flores de Bach y, sin embargo, sí se cita como “prueba” la transmisión de energía vibracional a través de la memoria del agua, lo cual nos vuelve a recordar algunos de los argumentos de la homeopatía. A pesar de que la cuestión no resiste el más mínimo análisis lógico, se han hecho algunas pruebas clínicas con las flores de Bach con el sistema de doble ciego, que es el que se utiliza para los estudios con posibles fármacos.

Estos trabajos se han publicado en revistas científicas, con la obvia conclusión de que el efecto de las flores de Bach es idéntico al del placebo. Quizá podía notarse algún efecto psicológico positivo, probablemente por el hecho de que los pacientes sean adiestrados en reflexionar introspectivamente acerca de sus problemas psicológicos a la vez que toman estos estos preparados.

Las flores de Bach son uno de los ejemplos más extremos de pseudociencia. Aun así, hay sanadores o practicantes de este método en más de 60 países. Hay cursos de formación presenciales y a distancia para hacerse sanador. Se ofrecen consultas vía Skype y los productos se venden en Internet y en numerosos herbolarios y supermercados. Cada cual decide en qué se gasta el dinero, pero un poco de información nunca viene mal.

Escrito por

Catedrático de Química Orgánica en la USP CEU y Licenciado en Ciencias Empresariales. Dirige el grupo de investigación de síntesis con compuestos organometálicos. Pertenece al grupo de trabajo Ciencia y Fe.

Ultimo comentario
  • Enhorabuena. ojalá lo lea mucha gente.

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