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La longevidad humana ronda los 125 años . La ciencia pone a prueba los límites mortales

Según Nature, la edad máxima alcanzable por el ser humano se sitúa en torno a los 125 años. Ha aumentado el número de personas con 70, 80 y 90 años. Sin embargo, no ha subido la cifra de personas de más de 100 años desde la década de los 90. 

El tercer versículo del capítulo 6 del Génesis dice: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; y serán sus días ciento veinte años.” En el mundo judío se utiliza la expresión “que vivas 120 años” como afectuosa bendición entre personas que se quieren. Hace pocas semanas, se habló mucho de un artículo, publicado en Nature por el grupo del profesor Jan Vijg, en el que se concluía que la edad máxima alcanzable por el ser humano se sitúa en torno a los 125 años. Se trata de un trabajo basado en datos demográficos, por tanto, epidemiológicos. Lo que han hecho los autores es utilizar la base de datos de mortalidad humana que pusieron en marcha, en 2002, la Universidad de California y el Instituto Max Planck y observar los cambios en el tiempo de los diferentes segmentos de edad. Se ha podido comprobar que, desde la Revolución Industrial, la esperanza de vida humana ha crecido enormemente. Sin embargo, se ha estancado la edad máxima a la que llegan los humanos más longevos. En particular, han observado que las mejoras de supervivencia no han sido tales cuando se tiene en cuenta solo la población que supera los 100 años. Tampoco ha aumentado en los últimos 20 años la edad máxima de fallecimiento. El récord de longevidad lo sigue ostentando la francesa Jean Calment, que murió en 1997 a los 122 años comprobados.

Se ha podido comprobar que, desde la Revolución Industrial, la esperanza de vida humana ha crecido enormemente. Sin embargo, se ha estancado la edad máxima a la que llegan los humanos más longevos

Las conclusiones del artículo son, por tanto, que la mejora de la calidad de vida y los avances médicos han aumentado el número de personas con 70, 80 y 90 años. Sin embargo, no ha subido la cifra de personas con más de 100 desde la década de los 90. La polémica surge cuando los autores explican este dato como resultado de un límite biológico para la vida humana, a pesar de reconocer que no pueden aventurar dicha causa biológica.

Esta afirmación contrasta con el empeño de muchos otros científicos en demostrar que no existen límites para la expansión de la vida humana. La palabra inmortalidad se pronuncia con cierta alegría en muchos círculos, invocando la capacidad de la ciencia, en especial la médica, de sorprender reiteradamente y romper históricamente todo tipo de límites. Muy crítico con el trabajo de Vijg ha sido James Vaupel, director del Instituto Max Planck de Investigación y Demografía de Rostock. Firme defensor de que no existen evidencias biológicas de límites a la duración de la vida, Vaupel recuerda que, a principios del siglo XX, se consideraba imposible superar una esperanza de vida de 65 años. En este sentido, otro artículo reciente publicado en Lancet, contiene un estudio pormenorizado de la evolución de este parámetro y hace predicciones de su evolución para numerosos países hasta el año 2030. Para entonces, y por primera vez en alguno de ellos, concretamente en Corea del Sur, la esperanza de vida de las mujeres podría superar los 90 años. Otros países que habitualmente están a la cabeza en esperanza de vida, como Francia, Japón, Eslovenia, Portugal y España, llegarán a los 88 años para las mujeres. En general, los hombres seguimos 6 o 7 años por detrás.

La palabra inmortalidad se pronuncia con cierta alegría en muchos círculos, invocando la capacidad de la ciencia, en especial la médica, de sorprender reiteradamente y romper históricamente todo tipo de límites

Interesante dato el de Estados Unidos, que va a avanzar muy poco en esperanza de vida: tan solo un par de años, hasta los 83 en mujeres y 79 en hombres. Este resultado se explica por la falta de un sistema de salud público universal, la gran desigualdad social, graves problemas de epidemiológicos de salud, como la obesidad generalizada, y el alto índice de homicidios. En 2015 hubo más de 10.000 asesinatos en este país (10 veces más que en toda la UE), normalmente de gente joven o de mediana edad.

Durante algún periodo del siglo pasado, la esperanza de vida llegó a crecer alrededor de un año cada año. Ese dato, caso de ser sostenido, conduciría a la vida ilimitada. Sin embargo, aunque les pese a los defensores de la posible inmortalidad humana, las cifras se van ralentizando en los países más avanzados.

La restricción calórica

Con todo, el artículo de Vijg hace afirmaciones, sin duda, aventuradas. En palabras del biogerontólogo británico Richard Faragher: “Por supuesto que hay límites a la vida humana si no se interfiere”. Pero no se tienen en cuenta posibles avances revolucionarios de la medicina. Las causas del envejecimiento son muy variopintas y no es el objeto de este artículo detenernos en ellas. Trabajos en los que se han suprimido genes implicados en la señalización del factor de crecimiento en gusanos, ratones y moscas, por ejemplo, han prolongado radicalmente la vida de estas especies. Se han rejuvenecido células humanas suministrándoles ARN, que codifica una proteína que extiende los telómeros, esos “flecos” protectores en los extremos de los cromosomas que se asocian con el envejecimiento. Si no fuera posible extender la vida máxima en seres humanos, dice Faragher, “esto nos haría diferentes de todas las otras especies experimentales que hemos probado”.

La manipulación genética en humanos

Vijg sostiene que los hallazgos en organismos modelo no son necesariamente aplicables a los seres humanos, porque estos animales son “diseñados” para tener ciertos rasgos. Por ejemplo, señala que una estrategia de prolongación de la vida muy bien contrastada, la restricción calórica, es mucho menos eficaz cuando se usa en ratones salvajes o monos. La duración de la vida depende de factores genéticos, ambientales y casuales. Con el control de la salud y la nutrición vamos consiguiendo mejorar los dos últimos factores, haciendo cada vez más importante la contribución genética. La vida es controlada por muchos genes. Vijg sostiene que, tal vez, podríamos actuar sobre alguno de los genes involucrados, pero todavía habrá otros 10.000 que seguirán influyendo. ¿Dónde, si existe, estará el límite de la vida humana?

Escrito por

Catedrático de Química Orgánica en la USP CEU y Licenciado en Ciencias Empresariales. Dirige el grupo de investigación de síntesis con compuestos organometálicos. Pertenece al grupo de trabajo Ciencia y Fe.

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