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Otra oportunidad para la energía nuclear . Atención a las mejoras de futuros reactores

El Gobierno ha anunciado el cierre definitivo de la central nuclear de Garoña. La opinión contraria a este tipo de plantas es común en la sociedad, tiende a los tópicos y provoca el encarecimiento de la factura de la luz. 

Desde que tengo uso de razón, existe una generalizada actitud contraria hacia la energía nuclear en muchos sectores de la sociedad española. Como se sabe, la presión social provocó un parón en la construcción de centrales nucleares que dura ya más de 40 años. Para financiar la moratoria nuclear, hemos pagado, hasta hace poco, un porcentaje adicional en la factura de la luz. No quiero entrar ahora en si tenía sentido o no tal decisión cuando se tomó, sino que quiero centrarme en la relación que existe entre la energía nuclear y la situación de enorme preocupación actual sobre el cambio climático y el deterioro medioambiental. Estamos en un mundo en clara expansión económica, en particular, debida a los numerosos países que intentan dar a sus ciudadanos servicios que nosotros consideramos esenciales, tales como la electricidad en los hogares, la calefacción y agua caliente, etc. La gran pregunta es: ¿cómo piensan los países emergentes obtener su energía?

La gran pregunta es ¿cómo piensan los países emergentes obtener su energía?

La decisión de apoyarse en un tipo u otro de energía es muy variable y traerá consecuencias dramáticas sobre el medio ambiente y la vida futura de todos. Si nos centramos en el problema de la producción de CO2, conviene recordar que ya hemos emitido a la atmósfera 550 gigatoneladas de carbono y con la producción actual añadimos 10 gigatoneladas cada año. Dado que lo que importa es la acumulación de CO2 en la atmósfera, la única forma de parar el calentamiento climático sería detener completamente las emisiones de CO2. Se han firmado acuerdos importantes en Kioto y París y es posible que los países desarrollados los cumplan a rajatabla. En el caso de que consiguieran disminuir e incluso paralizar las emisiones de CO2, las emisiones totales seguirían subiendo unos 50 años más a causa de los países emergentes. Ellos no pueden desarrollar energías limpias a la misma velocidad que van incorporando capas y capas de la población a una forma de vida equiparable a la del mundo desarrollado y seguirán aumentando sus emisiones de CO2. El problema del calentamiento seguirá empeorando.

En el caso de que los países desarrollados consiguieran disminuir e incluso paralizar las emisiones de CO2, las emisiones totales seguirían subiendo unos 50 años más a causa de los países emergentes

El futuro de la producción de energía se aborda en Europa con el foco puesto en las energías renovables. Por su parte, Estados Unidos está desarrollando la tecnología del fracking. En cuanto a lo que hacen los países en vías de desarrollo, que es donde más crece la producción energética, lo más importante es la decisión de China. El gigante asiático ha decidido volcarse en el carbón. Dado que tiene buena cantidad de este recurso y le sale barato, esta es la manera más rápida y eficaz de asegurar un crecimiento económico que rescate a la población de la extrema pobreza. Conviene subrayar que cuando criticamos cosas como esta y decimos a estos países que son culpables de que suba el nivel de los mares, de que se pierdan ecosistemas y de que la temperatura crezca más de 2 o 3 grados en los próximos 60 años, muchas veces olvidamos que detrás de esa crítica hay muchas personas que, gracias a esas políticas “sucias”, son sacadas de la miseria para convertirse en ciudadanos con una vida digna y mejor esperanza de vida.

Es bien cierto que hay una serie de esfuerzos para encontrar energías limpias y de producción a gran escala, pero que en muchos casos no acaban de madurar. Quizá lo hagan en unas pocas décadas, pero necesitamos algo inmediato para cubrir este período crítico que se abre en el inmediato futuro. China también construye reactores nucleares, pero su objetivo es que tan solo cubran un 20% de sus necesidades energéticas futuras.

China ha decidido volcarse en el carbón, tiene buena cantidad de este recurso y le sale barato, esta es la manera más rápida y eficaz de asegurar un crecimiento económico que rescate a la población de la extrema pobreza

Aferrados a viejos prejuicios, nos negamos a darle una oportunidad a una energía que, sin duda alguna, no contribuye al calentamiento del planeta y es fundamentalmente limpia. La energía nuclear tiene sus riesgos, como todas las formas de producción de energía. Es absurdo evaluarlos frente a la nada, lo correcto es compararlos con los que supone seguir dependiendo de la combustión de fósiles. La energía nuclear plantea riesgos relativos a posibles accidentes, ataques terroristas y a la producción de residuos radiactivos. Sin embargo, los nuevos reactores (los de cuarta generación), que actualmente están en fase avanzada de investigación, lograrán mejorar enormemente la seguridad, la sostenibilidad, la eficiencia y el costo. Se espera que la mayoría de estos diseños estén disponibles para la construcción comercial hacia 2030. Los reactores en funcionamiento en todo el mundo se consideran sistemas de segunda generación y solo hay una docena de reactores de tercera generación instalados. Los nuevos diseños lograrán beneficios tales como producir residuos con actividad radiactiva limitada a pocos siglos en vez de milenios, incluso algunos podrían consumir los residuos actualmente existentes. También se logra un rendimiento energético que multiplica por más de cien el actual para la misma cantidad de combustible y, por supuesto, se mejora la seguridad evitando el funcionamiento presurizado y el enfriamiento por agua (esto evita riesgos de fugas de agua contaminada). También se introduce el apagado automático del reactor, limitando los riesgos de error humano.

Hay que comparar los riesgos de la energía nuclear con los que supone seguir dependiendo de la combustión de fósiles

Los reactores nucleares no emiten CO2 durante su funcionamiento, aunque, al igual que todas las fuentes de energía de baja emisión de carbono, la fase de extracción y construcción puede dar lugar a emisiones de CO2. Incluso contando con esto, las emisiones de gases de efecto invernadero de la energía nuclear son solo una fracción mínima de las que producen las fuentes fósiles tradicionales y son comparables a las tecnologías renovables.

Cuando los ciudadanos de los países desarrollados nos damos golpes de pecho y nos sentimos muy ecologistas y decimos que vamos a volcarnos en las energías renovables, quizá tenemos poca mentalidad global. Hay que ofrecer una alternativa realista a países en expansión que permita prosperar a su gente sin disparar los problemas climáticos. Juzgar la producción de energía nuclear del futuro pensando en los reactores de Chernobyl e incluso en los de Fukushima sería como juzgar la aviación comercial pensando en los viejos cazas de la guerra mundial. Problemas nuevos exigen mentalidades abiertas.

Escrito por

Catedrático de Química Orgánica en la USP CEU y Licenciado en Ciencias Empresariales. Dirige el grupo de investigación de síntesis con compuestos organometálicos. Pertenece al grupo de trabajo Ciencia y Fe.

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