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El ADN de cada uno de nosotros guarda más secretos de lo que podamos sospechar

Las bases de datos de ADN con fines de investigación criminal son actualmente las bases de datos genéticos de mayor interés para los laboratorios forenses. De esta forma, la prueba del ADN ha dejado de ser un mero testigo “a posteriori” de los hechos criminales para convertirse potencialmente en una herramienta preventiva de la criminalidad.

Nos identificamos: nos reconocemos como individuos únicos entre otros de nuestra especie, entre grupos sociales, entre los miembros de nuestra propia familia. Sabemos que tenemos una identidad, algo que podemos definir como “el conjunto de características o particularidades que hacen a una persona igual solo a sí misma y diferente de las demás”. Y no es algo novedoso. Nuestros ancestros (desde que podemos documentar o incluso imaginar) se identificaron, para empezar, fijándose en los rasgos físicos que compartían con sus hermanos; se marcaron con tatuajes, se peinaron de modo especial, se vistieron con telas propias o portaron estandartes que los distinguieron de otros grupos, clanes o razas. Los seres humanos empezaron distinguiéndose por el mero aspecto externo o fisonomía. Al asentarse, los humanos adquirieron nombres, luego apellidos (estos a veces ligados a la profesión o la residencia del individuo) y que hoy se hacen patentes en nuestros documentos de identidad, donde añadimos la imagen de nuestro aspecto con otros datos propios de la persona.

Identificar o señalar a los criminales de entre los miembros de un grupo fue solo un paso: reconocer a un delincuente, marcarlo con señales infamantes en su cuerpo (mutilaciones o tatuajes) o reconocer su paso por la escena del delito

Para ello, el nombre y el apellido, o incluso los rasgos físicos, fueron pronto insuficientes. La identificación pasó a nutrirse de diversas ciencias con cuyos conocimientos pudieran auxiliar al estudio criminológico. Tengamos en cuenta que la ciencia, en general, permite hacer objetiva una suposición o sospecha, convertir una duda en realidad irrefutable y, sobre todo, conseguir una evidencia que permita, en este caso, establecer la identidad de una persona o fijar su presencia en un momento y lugar concreto. Y, por supuesto, la identificación puede darse en individuos vivos, en individuos fallecidos o en restos cadavéricos.

Los casos pueden ser más variados de los que da de sí esta colaboración: identificar a una persona viva puede deberse a que esta no recuerda quién es, o no quiere revelarlo para establecer derechos de descendencia, la implicación en delitos diversos; parecidos motivos pueden darse en cadáveres de cualquier origen y data. Sin olvidar que, en muchos casos de estudio criminal, lo que encontramos son pequeños “restos” de personas: pelo, saliva, sangre, fluidos biológicos diversos o incluso fragmentos óseos o viscerales.

Identificar a una persona viva puede deberse a que esta no recuerda quién es, o no quiere revelarlo para establecer derechos de descendencia, la implicación en delitos diversos

Con la aspiración de objetivar de modo irrefutable la identidad de un individuo, se han usado muy diversos métodos: técnicas antropométricas, el estudio de la voz, el paso o la escritura, el iris, las múltiples técnicas lofoscópicas (estudio de la huella dactilar, la huella de los labios, la huella del lóbulo auricular…), cuya función sigue vigente, aunque con distintas apreciaciones o admisión ante los Tribunales.

Pero, sin duda, la llegada del ADN, lo que enseguida se bautizó como “huella genética”, vino a revolucionar todo el estudio de la identificación personal, aventajando a los estudios previos tanto en cuestiones clínicas como judiciales. Ha sido reciente, rápido y progresivo, de modo que podemos considerar infinito el marco de acción del estudio genético.

Las publicaciones generales y sobre todo las series policíacas han popularizado el término ADN hasta el punto de que cualquier persona habla de ello de modo habitual y doméstico. No obstante, los verdaderos especialistas lo son de la llamada Genética Forense. Esta ciencia, de poco más de cincuenta años de edad, estudia básicamente las regiones del ADN que presentan variabilidad entre los individuos o regiones polimórficas del ADN. De este modo, puede incluirse o excluirse una persona como posible sospechoso por poseer un combinación igual o diferente a la del residuo biológico hallado en la investigación. Analizando un determinado número de regiones polimórficas, la probabilidad de que dos individuos sean genéticamente iguales es prácticamente nula (excepto en caso de gemelos univitelinos). Aunque a mediados del siglo pasado ya se iban adquiriendo las herramientas técnicas para el estudio del ADN, no se aplicó o admitió en los Tribunales hasta 1985, cuando el Home Office británico solicitó la intervención del Departamento de Genética de la Universidad de Leicester.

Las publicaciones generales y sobre todo las series policíacas han popularizado el término ADN hasta el punto de que cualquier persona habla de ello de modo habitual y doméstico

El Ácido Desoxirribonucleico es el material genético de todos los organismos celulares y casi todos los virus y es el responsable de la síntesis de proteínas y de la transmisión de las particularidades del individuo, célula a célula. Lleva la información necesaria para dirigir la síntesis de proteínas y la replicación. La información genética se organiza en dos genomas: el ADN nuclear, de herencia compartida por ambos progenitores, y el genoma mitocondrial, que transmiten exclusivamente las madres en sus óvulos. El ADN se estructura como una cadena de eslabones compuestos por un azúcar (desoxirribosa) y cuatro tipos de bases nitrogenadas cuya combinación repetitiva consigue la increíble variación individual. Un gen es un segmento de ADN que contiene la información para la síntesis de una proteína. Sin embargo, estos genes representan solo una pequeña fracción del ADN total de una célula. El resto está compuesto de secuencias de ADN repetitivo sin una función clara y que suele denominarse “ADN no-codificante”, pues no codifica información para la síntesis de proteínas. Es precisamente este ADN el de más interés forense, ya que se trata de regiones de gran variabilidad de tamaño entre los individuos.

Las regiones de ADN no-codificante de mayor interés en un estudio genético forense son las denominadas de ADN microsatélite: pequeñas regiones (100-500 nucleótidos) compuestas por una secuencia (4-5 bases) que se repite en tándem “n” cantidad de veces. Es el número de veces que se repite la secuencia lo que presenta variabilidad entre los individuos de una población.

La mayoría de los análisis forenses de ADN se basan en el estudio simultáneo de un conjunto de 10 a 15 de estas regiones cortas distribuidas en los distintos cromosomas humanos. Un “perfil genético” es un patrón de estos fragmentos cortos de ADN ordenados por su tamaño.

Hoy día es de práctica común para los laboratorios forenses el procesado rutinario de muestras en búsqueda de ADN para diferentes casos judiciales

El análisis más habitual de la cadena de ADN se hace mediante la reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés, y por cuyo descubrimiento Kary B. Mullis obtuvo el premio Nobel) permite amplificar más de un millón de veces un ADN obtenido a partir de una región seleccionada del genoma, siempre que se conozca una parte de su secuencia de nucleóticos.

Más allá de los datos técnicos, es claro que la genética forense es una ciencia que no ha dejado de evolucionar y que sigue en constante cambio. Hoy día es de práctica común para los laboratorios forenses el procesado rutinario de muestras en búsqueda de ADN para diferentes casos judiciales. Y las mejoras han posibilitado, además, que las muestras requeridas sean más pequeñas, pudiendo obtener resultados válidos con simples restos celulares de la escena del crimen.

Por desgracia, las muestras biológicas implicadas en el hecho delictivo suelen encontrarse degradadas, mezcladas, alteradas o simplemente envejecidas por el tiempo transcurrido hasta su recogida.

¿En qué se basan las nuevas tecnologías en el análisis forense de muestras biológicas?

  • Estudio de muestras degradadas: bien porque la aparición del cadáver data mucho tiempo desde la muerte o cuando la muerte se ha dado en situaciones especiales (explosiones, grandes catástrofes, etc.) o cuando las muestras han estado en condiciones ambientales adversas.
  • Estudio de muestras con mezcla de ADN. Muy habitual en el caso de las agresiones sexuales, en las cuales nos encontramos mezclados el perfil genético de la víctima procedente del fluido vaginal con el perfil genético del sospechoso procedente del semen.
  • Automatización y rapidez del análisis de la muestra genética. Un objetivo lento pero cada vez más posible, de modo que el resultado requerido para la rápida actuación judicial y policial sea también rápida y eficaz.
  • Identificación de restos no humanos. En ocasiones, la escena del crimen está contaminada con muestras de origen no humano (pelos de animales domésticos, saliva de los mismos, restos fecales, restos vegetales…), pero en otros casos el interés forense del estudio genético no humano se debe a la evolución de la fauna cadavérica, tráfico ilegal de animales, fraude alimentario, negligencia médica en infecciones o accidentes de circulación con animales implicados.

Las bases de datos de ADN con fines de investigación criminal son actualmente las bases de datos genéticas de mayor interés para los laboratorios forenses. De esta forma, la prueba del ADN ha dejado de ser un mero testigo “a posteriori” de los hechos criminales para convertirse potencialmente en una herramienta preventiva de la criminalidad. Progresivamente, se va engrosando una base de datos internacional (Centro nacional de informática biotecnológica (NCBI).

Y con seguridad, la aventura forense del ADN no ha hecho más que empezar….

Escrito por

Médico forense. Profesora del Grado en Ciencias Criminológicas y de la Seguridad en la USP CEU.

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