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Cuidar los bosques es una responsabilidad colectiva y de justicia intergeneracional

La deforestación es un factor coadyuvante del cambio climático, que se agrava con incendios devastadores como el sufrido en Portugal. Europa es uno de los continentes donde el esfuerzo por reforestar es mayor, pero no es suficiente. Cuidar los bosques es una responsabilidad colectiva, del presente, por y para el futuro.

En las últimas semanas, hemos visto las pavorosas imágenes del incendio del concejo de Pedrógão Grande, en Portugal, un fuego que ha terminado con un saldo de 64 muertos, 204 heridos y más de 40.000 hectáreas de bosque arrasadas por las llamas, según el sistema europeo de información sobre incendios forestales (EFFIS). España es noticia también por otro incendio: un fuego que ha consumido parte de las proximidades del parque de Doñana.

La historia no es nueva: El verano de 2016 en España fue de muy alto riesgo de incendios, seco y caluroso. El de 2017 apunta en la misma línea. Sea por causas naturales o por el factor humano, la deforestación arrasa los bosques y las selvas de la Tierra, causando un inmenso daño a la calidad de los suelos. El 28 de junio fue el Día Mundial del Árbol; por ello, todos deberíamos reflexionar un poco sobre el futuro de nuestro planeta y sobre nuestros usos y costumbres diarias.

La razón es obvia: la deforestación es un factor coadyuvante del cambio climático. Los suelos de los bosques son húmedos, pero sin la protección de la cubierta arbórea se secan rápidamente. Los árboles también ayudan a perpetuar el ciclo hidrológico devolviendo el vapor de agua a la atmósfera. El mantenimiento de nuestros bosques, por tanto, es fundamental.

¿Cuál es la situación de nuestros bosques? ¿Cuánta masa arbórea tenemos? ¿Hay más o menos incendios que antes? Somos un país en el que buena parte de nuestro territorio está ocupado por zonas protegidas. Una de las fortalezas de España es, por tanto, su naturaleza, la cual hay que cuidar y respetar. De ahí que resulte importante prestar atención a estos interrogantes.

El arbolado en España, en cifras

Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente, en el último inventario de árboles, realizado en 2007, se detectó un notable aumento de la superficie de monte arbolado, a costa de una disminución de la del desarbolado y cultivo, respecto a los datos disponibles del Segundo Inventario de Arbolado (1998). Los ecosistemas forestales de España en 2007 ocupaban algo más de veintiséis millones de hectáreas (26.280.281 ha), de las cuales casi quince millones (14.717.898 ha) estaban arboladas y unas doce (11.562.382 ha) desarboladas, lo que suponen, respectivamente, el 29% y el 23% del territorio nacional. Los datos son positivos.

Aumenta la exposición a gases nocivos

También es positivo el balance de la evolución histórica de los incendios. Según el Informe de 2016 sobre los Bosques en España de la organización ecologista WWF (World Wildlife Fund), en los últimos veinte años el número de incendios se ha reducido considerablemente en nuestro país. Entre 2006 y 2015 se ha producido de media un 37% menos de siniestros respecto a la década anterior; sin embargo, los casi 13.000 siniestros que se producen de media al año continúan siendo una cifra insostenible para los montes y las arcas públicas. Aún existen municipios con una alta tasa de incidencias: Galicia y Asturias son las regiones donde al año se producen más de 100 siniestros, respondiendo hasta el 96% de ellos a causas humanas.

¿Qué hacer ante este panorama? La Administración española se esfuerza por plantar árboles, los dispositivos de prevención son cada vez mejores y la opinión pública nacional rechaza este tipo de conductas pirómanas. Asimismo, Europa es uno de los continentes donde el esfuerzo por reforestar es mayor, a diferencia de lo que sucede en los países africanos, en China o en la India. Pero todas estas medidas son una gota en el desierto si no van acompañadas de un cambio en nuestros comportamientos diarios de consumo, a nivel global.

El debate no es nuevo. La generalización de la conciencia ecológica es fruto de los años sesenta y setenta, durante la llamada segunda revolución industrial, basada en el petróleo, la electricidad, las industrias químicas, el uso del automóvil y el empleo de la energía atómica, que tienen un impacto negativo muy destructivo sobre la biosfera.

La biosfera se ha formado en los últimos 3.800 millones de años mediante un largo proceso de desarrollo. Es un sistema autorregulado de reciclaje de los materiales básicos de la vida (agua, oxígeno, carbono, nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, etc.) que se alimenta de la energía solar. Destruimos la biosfera y la naturaleza a tal velocidad que la crisis ecológica ha llegado a la última frontera planetaria.

La Cumbre de la Tierra de 1992

Desde la Cumbre de la Tierra de 1992, convocada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en Río de Janeiro, el problema medioambiental ha dejado de plantearse en términos de recursos. Es decir, la pregunta ya no es cuánto petróleo o gas nos queda y la solución planteada tampoco es el crecimiento cero. ¿Por qué? Fundamentalmente, porque mucho antes de agotar los combustibles existentes en la Tierra, ya estamos superando la capacidad de la biosfera para absorber y almacenar el carbono que emitimos, lo que se traduce en el actual calentamiento climático. En este contexto, el crecimiento cero ha dejado de ser una solución, ya que ello no conlleva en sí mismo una respuesta al problema medioambiental, si no se adoptan otras medidas paralelas. Por consiguiente, los grupos ecologistas, pese a sus diferencias, coinciden en la necesidad de alcanzar un desarrollo sostenible. Este concepto fue ideado por la ex primera ministra noruega Gro Harlem Bruntland, en el informe de la ONU de 1987, y quedó definido como el desarrollo que resuelve las necesidades del presente sin comprometer la resolución de las necesidades de las generaciones futuras.

La obsesión por el cambio climático

El desafío ambiental se convierte en un problema de justicia intergeneracional. Las generaciones futuras no están presentes actualmente para luchar por el medio ambiente y, sin embargo, serán quienes recojan nuestro legado ambiental. Cuidar los bosques es una responsabilidad colectiva, del presente, por y para el futuro.

Imagen de portada: Bosques para preservar el futuro del planeta | Blanca Ballester
Escrito por

Profesora titular de Ciencia Política en USP CEU, doctora en Estudios Europeos por CEU Cardenal Herrera, máster en Ayuda Internacional Humanitaria por la Universidad de Deusto y experta en sistemas políticos comparados y procesos electorales.

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