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El cese natural del cáncer . Cuando nuestro sistema inmune ataca las células tumorales

Muchas remisiones espontáneas de tumores han sido tomadas como milagros y ahora algunos piensan que no lo son, porque se basan en mecanismos que están en vías de esclarecimiento científico. Dios puede ejercer su influencia en el mundo de muchas formas. Entre otras, a través de fenómenos improbables o trabajando en el corazón de las personas.

Algunos cánceres desaparecen espontáneamente. No es nada frecuente, pero ocurre. Por alguna razón, el sistema inmune de algunos enfermos reconoce como extrañas y patógenas las células tumorales. Y acaba con ellas. Tan eficazmente que no se vuelve a saber del tumor. No hay recidivas ni metástasis tardías. Es la tan ansiada curación total. Desafortunadamente, el porcentaje de regresión espontánea que citan algunos estudios es de menos del 0.01 %. Quizá sea algo superior porque estas curaciones pueden pasar desapercibidas al producirse antes del diagnóstico. También puede suceder que el paciente curado no vuelva a aparecer por la consulta del médico y su caso no llegue a registrarse. Las remisiones espontáneas se asocian algo más con tumores como los de mama, el adenocarcinoma de riñón, el neuroblastoma, el melanoma maligno, los sarcomas o el carcinoma de vejiga. Pero, aun siendo pequeño el número de los afortunados, el hecho ha sido un importante punto de partida para desarrollar algunas de las armas más prometedoras para el futuro de la lucha contra el cáncer como la inmunoterapia.

No hay recidivas ni metástasis tardías. Es la tan ansiada curación total. Desafortunadamente, el porcentaje de regresión espontánea que citan algunos estudios es de menos del 0.01 %

El término espontánea implica falta de causa aparente, pero una revisión de los casos recogidos a lo largo de la historia médica demuestra que la regresión coincide generalmente con infecciones agudas. En el Papiro de Ebers (hacia 1.550 a.J.C.), atribuido al gran médico egipcio Imhotep, el tratamiento recomendado para los tumores era una cataplasma seguida de una incisión que resultaría en la infección del tumor y, como consecuencia, en su regresión. Esta es la primera evidencia histórica que relaciona las infecciones con la remisión tumoral espontánea. En el siglo XIII, Peregrine Laziozi, un joven sacerdote, estaba aquejado de un cáncer en la tibia debido al cual se pensó en amputarle la pierna. La lesión creció tanto que rompió la piel y se infectó. Milagrosamente, el tumor desapareció para nunca volver. La curación de San Peregrino ha dado nombre a este tipo de regresiones (tumores “San Peregrino”). La literatura médica antigua es prolija en casos de remisión, generalmente concomitante con infecciones como difteria, gonorrea, hepatitis, malaria, sarampión, viruela, sífilis y tuberculosis. Sin embargo, actualmente, estos casos son citados con menos frecuencia.

En el siglo XIII, Peregrine Laziozi, un joven sacerdote, estaba aquejado de un cáncer en la tibia debido al cual se pensó en amputarle la pierna

En 1891, William Coley, del Memorial Hospital de Nueva York, desarrolló una terapia contra el cáncer basada en un agente infeccioso. Coley simulaba una infección aguda de origen natural, que incluía la inducción de fiebre, inyectando durante largos meses toxinas al paciente, a poder ser en la zona del tumor. Aunque su método fue cayendo en el olvido, se tiene registro de su uso en China en la década de los ochenta para el tratamiento de un varón con cáncer terminal de hígado. Tras 68 inyecciones de toxinas de Coley durante 34 semanas, los diversos tumores hepáticos que padecía el enfermo habían remitido totalmente. La actual rareza relativa de las regresiones espontáneas puede deberse a la naturaleza inmunosupresora de las terapias convencionales contra el cáncer y a la asepsia en la cirugía. La esterilización y la administración de antibióticos reducen la incidencia de infecciones postquirúrgicas y los antipiréticos eliminan la fiebre y reducen los síntomas desagradables de la respuesta inmune.

La homeopatía vive una época dorada sin pruebas de su eficacia

¿Qué ocurre en los casos de remisión espontánea? El gran problema del cáncer es que las células tumorales son tan nuestras como el resto del organismo. Por ello, nuestro sistema inmune no suele reconocerlas como un peligro y no las ataca. Pero, en ocasiones, bien por encontrarse este muy activado luchando contra una infección aguda o por razones desconocidas, el sistema inmune sí ataca las células tumorales. Y no hay mejor arma que esa, porque allá donde se encuentren, diseminadas por el organismo como semilla de futuras metástasis o en el tumor principal, son destruidas y quedan para siempre en el recuerdo del sistema. Entonces, ¿cómo podemos ayudar a nuestro sistema reconocer las células tumorales como patógenas? Este es justamente el objetivo de la inmunoterapia, de la que nos ocuparemos en otro artículo.

¿Qué ocurre en los casos de remisión espontánea? El gran problema del cáncer es que las células tumorales son tan nuestras como el resto del organismo

Y es que en este punto me viene a la memoria una anécdota ocurrida durante una charla de medicina en la que se comentaban estos casos. Una persona sentada a mi lado comentó socarronamente con su compañero: “He ahí los milagros de los que tanto habla la gente”. En efecto, muchas remisiones espontáneas de tumores han sido tomadas como milagros y ahora algunos piensan que no lo son, porque se basan en mecanismos que están en vías de esclarecimiento científico. Pero yo me pregunto: ¿realmente tenemos un concepto sensato sobre los milagros? ¿Acaso pensamos que un milagro solo lo es cuando está rodeado de fuegos de artificio? Dios puede ejercer su influencia en el mundo de muchas formas. Entre otras, a través de fenómenos improbables o trabajando en el corazón de las personas.

Quizá recuerden aquel viejo chiste. El del tipo que se aferraba al tejado de su casa, rezando, mientras la inundación iba haciendo subir las aguas. Rechazaba sucesivamente la ayuda de los bomberos, de la policía y los helicópteros porque confiaba en que Dios le salvaría. Cuando finalmente se ahoga y llega al cielo, pregunta a Dios por qué no le ayudó, a pesar de lo mucho que rezaba. Y Dios le contesta: te envié un helicóptero, una lancha y a unos bomberos y aun así no quisiste salvarte…

Escrito por

Catedrático de Química Orgánica en la USP CEU y Licenciado en Ciencias Empresariales. Dirige el grupo de investigación de síntesis con compuestos organometálicos. Pertenece al grupo de trabajo Ciencia y Fe.

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