Armando Zerolo

Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas. Profesor de Filosofía del Derecho y Política. Autor de los libros "Génesis de Estado Minotauro" y "La monarquía constitucional. Los orígenes del Estado Liberal según Chateaubriand".

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Mi abuela hizo los deberes

La nación, que integra territorio y cultura, podría dejar de ser patria para acabar siendo el ámbito subjetivo de nuestros afectos y la arena donde batallen nuestros resentimientos.

La puerta de la nevera

La puerta de la nevera

Si queremos conocer una casa, debemos asomarnos a la puerta de su nevera, es la piel del hogar, la que soporta las arrugas y sostiene la memoria de lo cotidiano.

A casa

A casa

No entiendo que los jóvenes añoren la vida de sus padres, una vida que nunca pareció especialmente atractiva y que se simplificó en un aburguesamiento ochentero: una casa, un coche, una tele y dos hijos.

Una plaza de Burdeos

Una plaza de Burdeos

Al estudio de arquitectura Lacaton&Vassal les han dado un premio por dar más importancia a la vida que a las formas, por entender que la estética y la ética son inseparables, y por comprender que la política, como la vida misma, consiste en usar el poder como servicio.

 

La identidad como tarea

La identidad como tarea

La identidad es algo que está en permanente construcción, pero no se hace desde la voluntad romántica que pretende construir el propio yo desde la nada, con pie y medio en el vacío, sino que se hace en relación con los que nos rodean.

Los marcianos llevan Levi´s

Los marcianos llevan Levi´s

También hace casi dos mil quinientos años hombres de culturas y orígenes distintos se encontraron al borde de la guerra, en el límite que marca el «ellos» y el «nosotros».

La identidad como verdad

La identidad como verdad

La veracidad nace del amor a la verdad, porque no se practica solo desde el imperativo moral «tú debes», sino también porque es atractiva, porque es hermosa, porque es apetecible.

Armando Palacio Valdés, cartas para una conversión

Armando Palacio Valdés, cartas para una conversión

«Harto de ciencia y filosofía que no me han dado ni la felicidad, ni la certidumbre, ni el sosiego siquiera, me he convertido al cristianismo», confesaba Armando Palacio Valdés en una de sus misivas.