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Combaten al Rey que puso en marcha el plan para instaurar la democracia en España

Juan Carlos I está siendo objeto de una agresión por los nuevos extremismos, que quieren destruir la monarquía. El Rey honorífico es el promotor del periodo de mayor libertad y prosperidad de la historia de España. Es necesario reponer la verdad. 

El enunciado que encabeza estas líneas no es una exageración. Es una doble verdad. El Rey honorífico Juan Carlos I ha sido objeto de invectivas, y sigue siéndolo en el marco de una agresión calculada contra la Monarquía como forma de gobierno, que también alcanza a su sucesor el Rey Felipe VI. Es plenamente cierto también que Juan Carlos dirigió una operación política cuidadosa, detallista y expeditiva para sustituir el sistema autoritario franquista que heredaba por una democracia liberal con homologación internacional, que es la actualmente vigente. La transformación que pilotó es una proeza histórica que habría de bastar para tenerlo entronizado como el promotor del período de más libertad y prosperidad de la historia de España. Pero su figura pública, en estos primeros años del siglo XXI, está para muchos más cerca de la caricatura de un soberano entregado al pasatiempo y a la frivolidad.

A un buen número de compatriotas jóvenes, el retrato de Juan Carlos I como un Monarca decisivo para España les sonará a fábula. No me extraña. Desde hace unos años se ha desatado una campaña para deteriorar la figura del jefe del Estado fundador, denigrar la Monarquía y consumar un cambio de nuestro sistema político a favor de un modelo republicano. El origen de esta operación destructiva se halla en los años de preparación y en el sucesivo nacimiento de Podemos como partido político, auspiciado por dictaduras bolivarianas e islamistas y constituido en una formación comunista camuflada. Bajo la apariencia de una reivindicación de la pureza democrática, Podemos ha persuadido a jóvenes y a algunos no tan jóvenes de la necesidad de destruir lo existente para alcanzar el cielo (término utilizado en su momento por Pablo Iglesias) de la liberación y la felicidad.

El Rey Juan Carlos eligió la democracia en vez de la ruptura

El germen de destrucción agitado por los jóvenes podemitas confluyó con los antidemócratas herederos de ETA y, posteriormente, con los golpistas catalanes encabezados por Carles Puigdemont el prófugo y Quim Torra el racista (que Pedro Sánchez dijo entonces). A todos ellos les conecta y les anima la demolición del sistema, que empezó con las campañas de condena de la Transición, continúa con el desprecio a la Monarquía y pretende consumarse con la voladura de la Constitución de 1978. En el camino encuentran aliados dispuestos a sacar tajada para su propio negocio, como el Partido Nacionalista Vasco, que se une a los proetarras de Bildu y a unos podemitas para declarar que la Constitución tiene una “base antidemocrática” por propugnar la unidad de España. El presidente del Gobierno vasco, Íñigo Urkullu, es un bendecido moderado que no duda en unirse a los más radicales anticonstitucionalistas.

40º aniversario de la Carta Magna, garantía de derechos y libertades

El Rey Juan Carlos pudo aprovechar los omnímodos poderes del general Franco, que heredó en 1975, para consolidar aquel régimen o para darle una pátina de rejuvenecimiento que lo permitiera durar unos años, pero decidió su transformación radical hacia una democracia. Lo hizo por la vía de reforma, exprimiendo los cauces legales existentes, y no por la vía de ruptura, que era lo que proponía la izquierda y lo que suponía graves riesgos para la estabilidad social. Pero, en la práctica, la Transición significó una ruptura con el régimen franquista, pues lo que se estableció fue su antítesis. Para ello, el Rey Juan Carlos aplicó el programa político trazado desde años antes por su padre, don Juan de Borbón, el heredero a quien Franco no dejó reinar, que dibujaba una Monarquía parlamentaria con limitación de poderes en la Corona, libertad política, derechos humanos y justicia social.

Parece mentira, pero se ha discutido y dudado de la presencia de Juan Carlos en la celebración del 40º aniversario de la Constitución; tal es el grado de deterioro que ha generado la campaña contra el conductor de la Transición. Por fortuna, el Rey honorífico vuelve a ocupar el lugar principal que le corresponde. Es un acto de justicia pero no suficiente: necesitamos también reponer la verdad de la reciente historia de España, que ayudará a impedir que las falsificaciones de los nuevos extremismos logren variar su curso.

Imagen de portada: El Rey Juan Carlos sanciona la Constitución, durante un acto celebrado en el Congreso de los diputados, en presencia de la Reina Sofía y del Príncipe Felipe | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Ex director de Diario 16, columnista de El Mundo, tertuliano en TVE, Telecinco, Onda Cero y RNE en diferentes etapas. Profesor emérito de la USP CEU. Editor de El Debate de Hoy.

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